Señor director:
Leímos con particular interés la estupenda y reveladora entrevista que Denise Dresser hizo a la profesora Elba Esther Gordillo (Proceso 1239). Felicitamos a Denise por sus puntuales interrogantes, que tienen el mérito de desnudar a quien hoy por hoy representa, en nuestro SNTE, el rostro de un partido rechazado por la mayoría el pasado 2 de julio.
La profesora Gordillo es congruente con su historia personal: la de la simple supervivencia política. En correspondencia con su biografía, supo estar con Jonguitud -hasta su caída, claro-, y supo estar con Salinas y Zedillo reproduciendo fielmente lo más oscuro del priismo. Ahora dice haberlo siempre criticado. Oportunista y camaleónica, marca su distancia de los repudiados priistas después de asegurar una diputación federal para su hija y una senaduría para “su secretario general”.
Nos indigna y asquea tanto cinismo.
Ante Fox y los intelectuales de los noventa sólo ha sido “candil de la calle”, pues aunque dice entender que reformar el Estado mexicano pasa por la democratización del país, ella y su aparato corporativo continúan estancando al SNTE en la antidemocracia, la corrupción y el clientelismo (pluripartidista ya este último).
Si en el PRI ha tenido dificultades -según dice- para plantear el cambio, ¿cuál es su pretexto en el interior del SNTE, donde ha ejercido pura cosmetología política? Una perla: no niega que impuso a Vázquez Vigil, aunque le hubiera gustado “muchísimo” ser
reelegida, ¡abiertamente! Tiene dificultades para nombrar modernizadores del PRI, y ni por asomo se le ocurre pensar en sí misma.
Para deslindarse del salinismo que la impuso, habla de “reformas” estatutarias, administrativas y educativas que han sido mera política palaciega a favor de los intereses de su camarilla.
Antes que ir a ofrecerle a Fox “disposición al diálogo, a la corresponsabilidad, a encontrar cauces y caminos que nos permitan construir consensos, crítica constructiva”, debiera pagar las deudas pendientes con el gremio, no acomodarse a las nuevas circunstancias. La agenda tendría que ser:
-Una reforma estatutaria que democratice el SNTE desde sus raíces mediante el voto directo, universal y secreto en todos los niveles.
-Redistribuir las cuotas sindicales: 50% a las delegaciones, 25% a los seccionales y 25% al nacional.
-Discutir amplia y profundamente la política salarial, incluyendo la carrera magisterial.
No es una agenda de arreglos cupulares o intereses corporativos, sino de aprovechamiento de las oportunidades de transformación.
Pero esto no nos impide imaginar uno de los muchos posibles epitafios para Elba Esther: “Aquí yace la mujer que vio la paja en el ojo de su partido, pero no vio la viga en su sindicato”. (Carta resumida.)
Atentamente
Profesores: Felipe de Jesús Cervantes Pérez; Rogelio Rodríguez Velázquez,
secretario de Promociones Económicas
de la Sección 26 del SNTE,
y Arturo Blanco RamÍrez,
por el Consejo Estatal de Lucha
del Magisterio, Sección 26.
San Luis Potosí, SLP








