CANCÚN, QR- “Mira, Irving, necesito líneas de investigación en contra de varias personas y tú tienes que firmar… ¡hijo de la chingada, necesitamos esas líneas de investigación, pero urgentes, y vas a firmar! Escúchame bien, se presume que el que está ahora como secretario de Gobernación (Francisco Labastida Ochoa) será el candidato del PRI a la Presidencia y tenemos instrucciones de encontrarle algo… y tú serás el testigo que nos hace falta para llevar a cabo las acusaciones. Déjate de mamadas y firma de una vez por todas los papeles…”
Así describe Irving Trigo Segarra su “pesadilla del 9 de diciembre de 1998”, cuando fue detenido en esta ciudad y llevado a las oficinas de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada (UEDO) de la Ciudad de México, donde el entonces coordinador técnico de esa área dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR), el coronel de Infantería Froylán Carlos Cruz, intentó obligarlo a someterse al programa de testigos protegidos para que señalara a prominentes políticos y militares como ligados con el narcotráfico.
En un libro que titula Caso Cancún, próximo a ser editado, Trigo Segarra dice que Froylán Cruz, por instrucciones del entonces coordinador general de la UEDO, Samuel González Ruiz -actual cónsul de México en Sevilla, España-, mediante torturas físicas y psicológicas pretendió obligarlo a firmar documentos en los que se involucraba en actividades relacionadas con el narcotráfico y lavado de dinero a políticos como Labastida Ochoa, Liébano Saenz, Emilio Gamboa Patrón, Manuel Bartlett, Carlos Hank González y su hijo Jorge Hank, Mario Villanueva Madrid y por lo menos 15 generales del Ejército.
Radicado en Cancún desde 1986, pero oriundo del estado de Veracruz, exoficial de la Policía Federal de Caminos y exmilitar, Irving Trigo era, hasta el momento de su detención, presidente del Consejo de Administración de la Asociación Nacional de Agencias de Seguridad Privada A.C. (ANASPAC).
Junto con su hermano Erick, Irving Trigo fue detenido el 9 de diciembre de 1998 y llevado a las instalaciones de la guarnición militar del 55 Batallón de Infantería, acusado de ser presunto miembro de la célula del cártel de Juárez que opera en el Caribe mexicano, dirigida por el capo Ramón Alcides Magaña, El Metro, y de tener una estrecha colaboración en las supuestas actividades ilícitas del exgobernador Mario Villanueva Madrid.
Luego de dos meses y medio bajo arraigo en un hotel de la Ciudad de México y un año y dos meses presos en el Reclusorio Sur, Irving y Erick fueron puestos en libertad -en marzo pasado- y absueltos por “falta de elementos” de los cargos que la PGR les imputaba dentro del denominado “caso Cancún”: violación a la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y delitos contra la salud en la modalidad de fomento.
Ahora Irving, en su libro, da cuenta de su experiencia antes, durante y después de su detención, encarcelamiento y presunto involucramiento en actividades del narcotráfico, y hace una serie de revelaciones respecto de la actuación de la PGR, en las que salen a relucir nombres de conocidos políticos, empresarios, militares de alto rango y funcionarios de esa dependencia, a cargo de Jorge Madrazo.
Proceso tiene en su poder copia del libro y éstos son algunos extractos:
El día de su detención
En el escritorio se encontraba el coronel Froylán, atrás de mí estaba una persona de aspecto militar, siempre callado (no lo identifiqué) y a un costado estaba Benjamín Cuauhtémoc Sánchez Magallán (actual delegado de la PGR en Campeche), quien después supe tenía el cargo de coordinador de Ministerios Públicos de la UEDO. Este sujeto fue el que inició el interrogatorio en contra mía: “Mira, pendejo, sabemos que le brindas seguridad a Alcides Ramón Magaña, alias ‘El Metro’, y a Albino Quintero Meraz, alias ‘Beto’, de aquí no vas a salir vivo si no colaboras con nosotros, sabemos que le das protección porque tienes la seguridad del aeropuerto de Cancún, además tienes gente de tu empresa cuidando su casa. Todo lo sabemos aquí, nada se nos escapa, así que ya escupe de una vez todo lo que sabes…”.
… Las manos me temblaban. Los ministerios públicos y los agentes federales que me interrogaban, Ignacio Peralta y Jesús Cárdenas, entraban y salían, fumaban inundando el pequeño cuarto. Los agentes que enviaba el coronel Froylán Carlos Cruz y Samuel González Ruiz a golpearme la cabeza con un libro, a golpear el escritorio a manazos y a darme en la espalda para evitar que me durmiera y para tratar de amedrentarme con el fin de firmar las acusaciones que ya tenían preparadas en contra de Francisco Labastida Ochoa, Liébano Saenz, Carlos Hank González, Emilio Gamboa Patrón, Manuel Bartlett Díaz, Jorge (Hank) Rhon, Mario Villanueva, también había otras historias elaboradas por el coronel Froylán Carlos Ruiz y Samuel González Ruiz, donde se describían supuestas actuaciones relacionadas con el narcotráfico de diversos generales del Ejército Mexicano…
“… ¿Sabes qué? -narra que le dijo Froylán Carlos Cruz-, no te puedes ir. Dice el doctor Samuel González Ruiz que ya la cagué, pero no te puedo dejar ir, porque nos harías quedar muy mal a estas alturas. Me vas a ayudar con algunas cosas y yo creo que en unos siete días te regresas a Cancún. Salte un rato de la oficina y siéntate donde estabas, al rato te llamo”. Al poco rato me volvió a llamar y Froylán me comentó que lo que yo viera u oyera dentro de sus oficinas no debería salir de allí o de lo contrario no respondía por mi vida.
Me empezó a preguntar si yo conocía a los generales Guillermo Álvarez Nahara, Quiroz Hermosillo, Acosta Chaparro, Oliver Cen, Evandoro Rodríguez, Murillo Soberanis, un general Contreras Guerrero (nunca supe quién fue) e insistía con un general Thomas Davajare.
Froylán decía que por mi amistad con los militares a lo mejor yo había escuchado algo de estas personas que le pudiera ayudar en sus investigaciones contra ellos. Me empezó también a preguntar si en Cancún alguien me hubiera dicho algo sobre Labastida Ochoa, Manuel Bartlett, Emilio Gamboa, Jorge Rhon (sic) o si yo sabía de propiedades de estas personas en Quintana Roo. Se le notaba preocupado, como que le dieron la tarea de ‘embarrar’ a estas personas en este megaproblema y lógicamente Froylán no hallaba cómo hacerle; me dijo que tenía instrucciones de conseguir evidencias sólidas contra Mario Villanueva Madrid, porque lo único que tenían en ese momento eran puros dichos y nada de eso les servía como prueba…
… Samuel (González) dijo: “Te estás burlando de mí y hasta ahora nadie lo ha hecho, hijo de la chingada. ¡Necesitamos esas líneas de investigación, pero urgentes y vas a firmar!, escúchame bien hijo de la chingada, se presume que el que está ahora como secretario de Gobernación será el candidato del PRI a la Presidencia de la República y tenemos instrucciones de encontrarle algo… (¿) y tú serás el testigo que nos hace falta para llevar a cabo las acusaciones. Déjate de mamadas y firma de una vez por todas los papeles. A cambio -decía Samuel-, voy a conseguir que se te dé una aportación de 270 mil dólares, te consigo que labores aquí en la dependencia con un salario quincenal, igual que los demás agentes, le damos protección a tu familia. Incluso, ahora -decía Samuel-, ya podemos conseguirte una nueva identidad y hacer que radiques en Estados Unidos. Pero nos urge que colabores. Si no lo haces, haremos lo que sea necesario, podemos meter a tus padres y hermanos en Almoloya, haremos que los sentencien mínimo a 40 años de prisión. Te embargaremos las propiedades que tengas -decía Samuel-, nos traeremos a tus hijas aquí a México y nunca las verás de nuevo”.
Liébano y el caso Leo
Froylán le mostró un expediente y Samuel lo agarró, lo puso sobre el escritorio y lo abrió. Dentro había documentos como estados de cuenta bancarios, fotografías y hojas escritas a mano. Samuel le dijo a Froylán que cómo acomodarían todo eso dentro del expediente y habló de que las propiedades de Labastida y las cuentas “las ponemos como si Irving hubiera trabajado con él y nos hubiera dicho los lugares dónde están las casas. De las cuentas bancarias, hay que poner que al momento de la detención del testigo (se referían a mí) se le encontraron dentro de un portafolio o algo y que Ignacio Peralta o Jesús Cárdenas (refiriéndose a unos agentes del Ministerio Público Federal, adscritos a esa Unidad Especializada) den fe de que efectivamente Irving traía esos documentos. De los demás sólo que aparezca narrado como que Irving escuchó, o bien acomódale que a Irvirng le consta el hecho de lo de Bartlett, que el dinero con el que pagaba el combustible del helicóptero se lo daban directamente a Irving y éste a su vez a Bartlett, pero -decía Samuel- haz que conste, que ese dinero se los daba el cártel de Juárez”. (Escuché el comentario de Samuel González que el señor Manuel Bartlett Díaz se trasladaba en helicóptero desde la ciudad de Puebla a la Ciudad de México, D.F., cuando era gobernador de ese estado, todos los días porque no vivía en Puebla, sino en México. Por eso le querían fabricar ese delito.)
Benjamín Cuauhtémoc Sánchez Magallán le dijo a Samuel que cómo quedaría lo del ‘Caso Leo’ y el otro respondió: “Podemos decir que Irving colaboró en la investigación y le constan las acusaciones contra Leo”. De repente Samuel González se quedó callado y pensativo por varios minutos, mascaba un clip metálico. De repente, Samuel golpeó el escritorio con la mano bajo los pies, mismos que tenía sobre el mueble, se dirigió hacia mí diciendo: “Mira cabrón, ves estos expedientes, son de Liébano Sáenz, ¿tú sabes quién es ese cuate, verdad?”, y volteó a ver a Sánchez Magallán y le dijo: “¿Ya le contaste?”. El otro, atónito, y como que aún no le caía el veinte, le dijo que no. Después me dijo: “¿Sabes quién es este hijo de la chingada?”. Lógicamente le contesté que no, que ni siquiera lo había oído mencionar, entonces me dijo: “Trabaja en la Presidencia de la República, está metido hasta las manitas con el cártel de Juárez, ya lo interrogué en las oficinas junto con (Mariano) Herrán Salvatti, y casi lo hice que se zurrara del miedo, lo tengo agarrado de los huevos, pero de nada sirve todo este basurero sin la firma de un testigo protegido…”.
… Samuel me dijo: “Puedo ser más rudo para que colabores, hijo de la chingada”, y yo le comenté, con todo respeto señor, que yo no conozco a estas personas y no sé siquiera qué delitos cometieron. Él me dijo en tono sarcástico: “A ti no te importa, yo sólo necesito la firma de un güey y ya, no tienes qué saber la historia completa, y más vale que colabores porque aquí frente a ti tienes al próximo procurador general de la República y Froylán va a ser el director de la UEDO. Próximamente (Jorge) Madrazo va a dejar el cargo, ya que está metido en puras tranzas y pendejadas, así que colabora con nosotros y te va a ir muy bien…
“… Si acusas a Mario Villanueva te puedo ayudar con lo que ya te he dicho, ¿cómo ves? Me urge chingar a Villanueva, apóyanos, te conviene, piénsalo”. Samuel se dirigió a su ayudante Cuauhtémoc y le dijo: “Preparen todo como ya quedamos, metan los papeles al expediente y cuando esté listo me avisas para que traigan nuevamente a este cabrón, para que firme”. Siguieron hablando de personas, de operativos en Cancún, hablaron de Cuauhtémoc Herrera Suástegui, de que no había pruebas en su contra, pero que ya le estaban siguiendo los pasos. Froylán le dijo a Samuel que le estaban investigado a ese señor los viáticos y gastos de oficina en las fechas en que trabajó supuestamente ahí, en la UEDO, y que tenían cercados a sus colaboradores…
Irving Trigo, en un apartado de su libro, refiere: “He sido un tanto extensivo en mis reflexiones y por lo mismo tuve que retrasar la colocación de los nombres de algunos militares, mismos que en varias ocasiones oí al señor Froylán Carlos Cruz nombrarlos y viendo la manera de presionarme para que se relacionaran dentro del expediente PGR/UEDO/056/98…”.
Y cita los nombres -en algunos casos sólo sus apellidos- de 16 generales: Evandoro García, Jesús Beltrán Guerra, Gastón Menchaca Arias, Reynaldo del Pozo, Álvarez Nahara, Oliver Cen, Portillo Leal, Bárcena Ríos, García Ochoa, Acosta Chaparro, Quiroz Hermosillo, Maldonado Vega, Roberto Miranda, Curiel García, Tapia García y Murillo Soberanis.
En el epílogo escribe:
Los graves errores que cometieron los legisladores al autorizar la modificación de la Constitución Política, permitió a la PGR actuar sin control en todo el país con el poder demoledor para refundir en la cárcel a cientos de personas que hasta la fecha no pueden desenredar la madeja que se tejió en su contra. Así se fabricó el ‘Caso Cancún’ y el “Maxi-Proceso’, planeados estratégicamente para crear un clima en todo el país de combate al narcotráfico, cuando la verdad es que todo fue un ardid publicitario, organizado desde lo más alto de la cúpula del poder. El error fue que se pusieron a perseguir a personas inocentes y trabajadoras.








