Sidney llama a la puerta. Para enfrentarla, México alistará a 85 atletas de 18 deportes, según cálculos de Felipe Muñoz, jefe de la delegación para los Juegos del 2000. La lista se dará a conocer oficialmente a finales de agosto por el Comité Olímpico Mexicano, pero es casi un hecho que no rebasará ese límite. Al contrario puede ser aún menor si no se logran las calificaciones en el dobles de tenis, en volibol de playa y triatlón.
Aún con 85 deportistas, la delegación, que entrará en funciones el próximo 15 de septiembre, día en que serán inaugurados los XXVII Juegos Olímpicos de la era moderna, será notablemente inferior con respecto a las que se integraron para las ediciones de Barcelona 92 y Atlanta 96, formadas con más de 100 deportistas.
Pero, si se la mira de otra manera, 85 atletas pueden ser muchos si se los toma como base numérica para calcular las medallas que se pueden obtener con ellos:
De acuerdo con el currículum olímpico nacional, solamente uno de cada 40 atletas mexicanos que asisten a la máxima competencia mundial logra cotizar en el medallero olímpico. Es fácil: desde París 24 hasta Atlanta 96, el COM -el organismo encargado de la acreditación ante el Comité Olímpico Internacional, responsable de los juegos- ha respaldado a más de mil 620 deportistas, que han logrado una cosecha de 41 medallas, apenas nueve de ellas de oro. Y de hecho, se deben tomar en cuenta las repeticiones de Humberto Mariles y Raúl González, en equitación y caminata, respectivamente.
La cosa es más grave aún. Cuando el mundo deportivo superó la Guerra Fría, después de los Juegos de Seúl, la competencia elevó su nivel de calidad. En las últimas dos ediciones olímpicas, la delegación mexicana ha regresado a casa con una medalla, y de bronce.
Una medalla olímpica para un país de 92 millones y medio de personas (para 1996) parecen, cuatro años más tarde, una miseria. Pero la cifra ventila otras igual de pobres. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, realizada en 1996, el número de mexicanos de 15 años y más que practicaba algún deporte era apenas de 8 millones 987 mil 335 (6 millones 541 mil 330 de ellos eran hombres).
El texto señalaba otra característica: los hombres y mujeres que más practicaban deporte ganaban entre tres y cuatro salarios mínimos o más de ocho. Contrario a lo que pudiera pensarse, los mexicanos que ganaban entre siete y ocho salarios mínimos decían practicar menos deporte que los que cobraban entre dos y tres.
Otro inconveniente para la práctica deportiva en México, según la Encuesta, era la edad: 60% de los mexicanos mayores de 15 años que decían ejercer un deporte tenían entre 15 y 29. Tan sólo un millón 300 mil tenía más de 40 años.
Un país así, con 3 mil 850 dólares por habitante, 40 millones de pobres y 10% de analfabetas se preocupa cada cuatro años para ver ante el espejo cómo anda en aquello de los deportes. La desnudez final no podría entenderse si se olvida que todavía hoy más de la mitad de los municipios de México no tiene una instalación deportiva. O si no se recuerda que 8 millones y medio de niños que asisten a la primaria no reciben educación física.
¿Cómo esperar que México gane más de dos medallas olímpicas si su realidad social es de tal iniquidad que ocupa el lugar 50 en el Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas?








