“Ella es una Mecenas, no busca ningún lucro”: Tomas Llorens, conservador y jefe de la colección que estará hasta el 29 de octubre.
MADRID.- Cuestionada en su genuino sentido altruista y por haber conformado su colección en el seno del Holocausto, en un momento en el que muchos alemanes se enriquecieron con las pertenencias de los judíos, la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza se “desprende”, temporalmente, de 51 de las 600 obras de su acervo.
Con esa cincuentena se conforma la exposición “Del impresionismo a la vanguardia en la colección Carmen Thyssen-Bornemisza”, que desde el pasado jueves y hasta el 29 de octubre se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
Tomas Llorens, curador-jefe del Museo Thyssen-Bornemisza, salió al paso de las controversias. Explicó que la vocación histórica familiar de los barones Thyssen en el coleccionismo del arte es puramente aplicada a su sentido altruista, pese a que han sido acusados de formar su colección con el expolio de los nazis a los judíos.
La colección histórica que la familia fue formando desde 1910 a 1992 con 775 obras, fue adquirida en 1993 por el Estado español por 350 millones de dólares y se expone en los dos museos Thyssen-Bornemisza, el del Palacio de Villahermosa en Madrid, y el del Monasterio de Pedralbes, en Barcelona, donde se albergan apenas unas 72 piezas.
“Era una cantidad adecuada, considerando que era una adquisición en la que el Estado español aceptaba la condición de no sacarla al mercado definitivamente; es decir, no se puede vender nunca. Y la condición de presentarla en forma museística ante el público para siempre. Si esa colección se hubiese vendido cuadro a cuadro, evidentemente su valor en el mercado hubiera sido muchísimo más alto. Las condiciones formaban parte de la vocación de la colección, que empezó a formarla el primer Barón Thyssen Bornemisza: terminar finalmente como un museo.”
Llorens explicó que esa colección coincide más o menos con la consolidación de los museos nacionales de Berlín:
“Estamos hablando del primer Baron Thyssen, que es de formación alemana, que estudió en Londres, pero no fue amigo del que fue el gran organizador del primer museo de Berlín. Lo interesante del proyecto del primer Thyssen es que comienza con ese molde, empieza coleccionando pinturas del renacimiento alemán; pero pasa pronto a la pintura de los primitivos flamencos y poco a poco se va abriendo y va desvinculando su colección de origen alemán, con lo cual se convierte en Europa en un proyecto muy singular. Fue el primero y el más importante en seguir un modelo universal para la historia de la pintura, abandonando los modelos nacionalistas.”
Sobre la colección de la baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza, dijo que consta de 600 obras y aumenta día a día:
“Esta colección está en proceso de constitución, creciendo todavía, y sigue siendo una colección privada de la propiedad de los barones Thyssen, depositada en el museo con un plazo de 11 años, que garantiza la posibilidad de que se tome alguna decisión. Hay una excelente voluntad para que las negociaciones vayan hacia la compra.”
-¿En esta colección están claramente las preferencias de la baronesa?
-Tiene un perfil bastante parecido en parte al de la colección histórica del Museo Thyssen. Evidentemente, hay zonas de lo que fue la colección histórica, como los primitivos flamencos o el renacimiento italiano, que se podían integrar en una colección particular en los años veinte o treinta, pero que hoy no existen, se ha agotado. Hay un primitivo italiano, hay obras de los siglos XIV, XV, XVI, pero empieza a tomar densidad en la pintura holandesa del siglo XVII; la de Venecia del siglo XVIII; tiene tres Canaletos, un Guardi maravilloso. En total, es un conjunto de bastante peso de la pintura del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y llegando hasta la Primera Guerra Mundial, o poco después. Muy potente en pintura naturalista, pintura española y norteamericana.”
-A la baronesa se le ha criticado su lado mercantilista del arte y no se le ve como una mecenas.
-Ella funciona totalmente como una mecenas; en su actitud, en su relación con el arte, no hay absolutamente ningún lucro. Ella compra los cuadros y los presta para que disfrute de ellos el público, y lo hace sin restricciones, con una generosidad total y, por supuesto, sin ningún ánimo de lucro, objetivamente ningún lucro.
Cuna del arte moderno
La colección de arte Carmen Thyssen-Bornemisza, una de las más importantes del mundo, que llega a México, cubre del impresionismo a la vanguardia.
La muestra está dividida en ocho sectores: de Corot a los precedentes del impresionismo; el impresionismo en Francia; escultura; Gaugin y Bernard en torno de 1980; el neoimpresionismo, el fauvismo; el orfismo; el expresionismo alemán, “Die Bruke”; y el expresionismo alemán “Der Blaue Reiter”.
“Se trata de cubrir el período histórico en el que París se convierte no sólo en el principal foco artístico de Europa, sino también en el motor de las transformaciones /que darán lugar al nacimiento del arte moderno, desde el final de la guerra franco-prusiana y el comienzo de la III República, en los años sesenta del siglo XX”, dijo Tomas Llorens, conservador en jefe del Museo Thyssen-Bornemisza.
En entrevista, Llorens señaló que la muestra trata de tender un hilo de evolución pictórica que, comenzando con los precursores del impresionismo, termina en el orfismo.
“La exposición muestra una fase en la que se sitúan las raíces del arte del siglo XX. Es un recorrido que en parte coincide con los mitos más conocidos del arte de este período histórico, pero en el cual hay algunos artistas que son mucho menos conocidos y que se proponen por razón de su calidad, y por tanto este panorama tiene también algo de revisión histórica”, indicó.
Esta exposición consta de 51 obras, entre las cuales se encuentran tres de Eugéne Boudin, una de Jean Baptiste Camille titulada La Soledad Recuerdo de Vigen, Limousin, (1866)”, dos de Charles Francoise Daubigny, una de Johan Barthold Jongkind y otra de Theodore Rousseau.
En el apartado del impresionismo en Francia están incluidos Carl Frederick Fieseke, Paul Gauguin, Jean-Baptiste-Armand Guillaumin, Childe Hassan, Claude Monet, Camille Pissarro, Pierre-Auguste Renoir y Alfred Sisley, además de una escultura de Auguste Rodin.
“Hay un conjunto de cuadros impresionistas, luego continuamos con Gaugin, seguimos con los pintores de comienzos del siglo XX, fundamentalmente los expresionistas alemanes, e incluimos a Diario de Regoyos, en la medida en que está conectado con el impresionismo y el simbolismo belga.”
En el apartado del neoimpresionismo están Henri Edmond Cross y Maximiliam Luce:
“La transición al posimpresionismo se bifurca en dos corrientes: el neoimpresionismo de Seurat y Signac y el sintetismo de Gauguin y Bernard. Un paisaje de Cross nos revela que el neoimpresionismo, aparte de sus pretensiones naturalistas y científicas, no excluyó nunca el sentido de la armonía decorativa”, señaló el especialista Guillermo Solana.
En el sector del fauvismo están incluidos Charles Camoin, Andrade Derain, Raoul Dufy, Henri Manguin y Henri Matisse:
“Ambas corrientes, neoimpresionismo y sintetismo, son necesarias para atender la aparición del fauvismo. Todos los que llamamos Fauves habían pasado en algún momento por una fase “puntillista”, y todos ellos, finalmente, se inclinaron más hacia el camino abierto por Gauguin. Aquí tenemos un delicioso Matisse protofauve (Canal du Midi) y un racimo de piezas magníficas de los años cruciales de Derain, Manguin o Dufy”, dijo Solana.








