Del subsecretario Carlos Mancera al doctor Pablo Latapí

Señor director:

Agradezco mucho su buena disposición para publicar algunas observaciones al artículo Alegato para ahuyentar a un viejo fantasma, escrito por Pablo Latapí el 31 de julio pasado en esta prestigiada revista que usted dirige.
Pablo Latapí ha mostrado respeto por méritos que en muchos aspectos ha tenido la actual administración de la SEP. Nosotros también lo respetamos y reconocemos su trayectoria en la investigación educativa. Por ello, no nos consideramos merecedores del trato que nos da en el citado artículo. Hay aseveraciones que hace con las que coincido y otras con las que no puedo estar de acuerdo.
Las cifras sobre la trayectoria del gasto público en el período 1995-1999 son coincidentes. En el Perfil de la Educación en México, 2ª edición, 1999 (p. 125) se advierte que en este lapso el gasto creció 25.6% real, cifra idéntica a la que Pablo Latapí toma de un estudio reciente de Carlos Muñoz Izquierdo y Alejandro Márquez Jiménez (El sistema educativo nacional en el quinquenio 1995-1999). La SEP ha sido reiterativa en la difusión de éste y muchos otros datos sobre la evolución del gasto público en educación, no porque haya tenido un ánimo triunfalista. Es evidente que con más recursos se podrían hacer más cosas en la educación; lo sabemos bien y siempre lo hemos reconocido. La reiteración ha tenido como propósito que la información objetiva esté al alcance de la sociedad cuando personas con buena fe o sin ella han afirmado que el gasto educativo ha disminuido.
Hay una aseveración inexacta, quizá originada en la insuficiente información difundida en torno de la dinámica del gasto en educación superior. En el caso particular de las universidades públicas, el detalle del presupuesto federal, desglosando subsidio ordinario y otros apoyos, canalizado a cada una de estas instituciones, lo mismo que la información con el presupuesto destinado al sistema de educación tecnológica y a las normales, será incluido antes del final de septiembre próximo en la página de Internet de la SEP (www.sep.gob.mx). Dichos datos permitirán acreditar con detalle la aseveración de que el presupuesto canalizado a la educación superior, incluyendo posgrado, ha crecido 32.3% desde 1995 (porcentaje inferior al 35% señalado por el gobierno federal en meses pasados en vista de un ajuste realizado por la SHCP al deflactor de precios implícitos del PIB correspondiente a 1998). Es preciso señalar que si el gasto federal en educación superior del año 2000 se compara con el de 1994, el aumento es de 18.4%.
Falta rigor e investigación en la crítica que Pablo Latapí hace de la evolución de los ingresos de los maestros de educación básica. En múltiples documentos públicos, la SEP ha señalado que los ingresos de los maestros se componen del sueldo tabular y prestaciones que se pagan tanto  quincenalmente como con otra periodicidad. Sin embargo, no hay ninguna razón para no considerar en el ingreso del maestro, como se ha venido haciendo, el resto de las percepciones, incluyendo el pago del aguinaldo, la prima vacacional, bonos y otros estímulos. Es bien sabido -y ha sido ampliamente explicado- que durante los años recientes, el conjunto de estos componentes del ingreso de los maestros ha crecido proporcionalmente más que el resto. En consecuencia, en términos relativos, el ingreso anual ha aumentado más que el quincenal.
Así mismo, tal y como lo señala Pablo Latapí en su artículo, las cifras sobre los ingresos de los maestros de educación básica en el Distrito Federal se refieren al “promedio ponderado”. Esto significa, aunque no lo tenga en cuenta en sus análisis, que se considera la incorporación y promoción de profesores en la carrera magisterial. Al haber crecido todos los años la participación de los maestros en este programa, el promedio de los ingresos necesariamente aumenta más que el correspondiente a una plaza que no cambia de nivel.
Contrariamente a lo señalado por Pablo Latapí, la SEP no está satisfecha con el ingreso de los maestros. Frente a un tema tan delicado y que tanto les interesa, la Secretaría simplemente ha procurado que la información objetiva esté al alcance de la sociedad.
En las conclusiones a las que se llega en el artículo que se comenta, llama la atención que, después de señalar la supuesta disminución en los ingresos de los maestros entre 1998 y 1994, se afirme que “esto permite comprender las razones por las que los profesores vinieron a protestar a la capital”. Además de que parte de una hipótesis equivocada, es una manera indebida de simplificar un asunto que, si bien tiene entre sus principales ingredientes el salarial, resulta de mucha mayor complejidad, como se explica en el desplegado de la SEP publicado en los principales diarios nacionales el 30 de mayo de 2000.
Hay manipulación en el artículo cuando Pablo Latapí afirma que la SEP transmite imágenes falsas de los salarios de los maestros, mediante la utilización de gráficas que “enfatizan visualmente los incrementos distorsionando la dimensión vertical”. En el cuerpo de ambas gráficas del Perfil de la Educación (pp. 114 y 115) a las que se refiere, se señalan explícitamente los valores de las observaciones anuales, lo cual nadie haría en una gráfica cuyo propósito fuera el engaño. Frente a un intento serio de la SEP por difundir información para que la sociedad conozca mejor el sistema educativo, la descalificación automática tiene como efecto el que se frene el debate constructivo. Pablo Latapí exige frecuentemente que la SEP proporcione más información. La presente administración lo ha venido haciendo crecientemente, pero igualmente ha insistido en que el análisis y la discusión sirvan para un debate edificante.
Por los motivos mencionados y por otras razones, no puedo estar de acuerdo en que hay “ocultamiento sutil de la información sobre la realidad de nuestra educación” ni en un supuesto “triunfalismo”. La SEP ha reconocido que hay muchos niños y jóvenes fuera de la escuela y que persisten retos para mejorar la calidad de la educación, pero que, a pesar de ello, hay esfuerzos en cuestiones de fondo y avances que no es sano estar empeñado en no reconocer. La crítica no sólo es útil, sino indispensable, pero también debe ser seria. Como bien lo sugiere Pablo Latapí, construyamos juntos la veracidad y transparencia respecto de la verdad y la inteligencia.

Atentamente

Carlos Mancera
Subsecretario de Planeación y Coordinación