Más sobre Luis Calderón Vega: Ni sus hijos lo honran

De Jesús González Schmal

Señor director:

Con un cordial saludo, me permito remitirle el siguiente texto para su publicación en Palabra de Lector, en contestación a lo manifestado por Juan de Dios Castro Lozano en la misma sección de Proceso 1822, de fecha 2 de octubre de 2011, en torno a la nota de Arturo Rodríguez García que se publicó en la edición número 1819 bajo el título: Luis Calderón Vega: Ni sus hijos lo honran.
Por más diferencias que hubiere habido entre Abel Vicencio Tovar, a la sazón presidente del PAN, y don Luis Calderón Vega, no se justificaba la omisión de éste último para cumplir con el pago que debía en su carácter de diputado del grupo parlamentario del PAN (33% de sus ingresos) para el sostenimiento del partido que, gracias a estas aportaciones y al trabajo voluntario sin retribución de sus dirigentes, mantenía su independencia, al no recibir subsidios del gobierno. Esa fue la causa por la que Vicencio Tovar solicitó su exclusión del partido.
En aquella época era yo diputado y secretario general del partido. Don Luis conocía las condiciones precarias de nuestras finanzas y, no obstante, prefirió concluir el periodo legislativo al margen del partido.
Respecto de mi conducta política, cuyo juicio se reserva Juan de Dios Castro, le recuerdo que él la conoce desde la LIII Legislatura (85-88), en la que fui coordinador del grupo parlamentario del PAN sin apartarme un ápice de los principios ético-políticos del partido. Ésta ha sido la misma cuando, ya fuera del partido, fui diputado en la LIX Legislatura (2003-06) y me opuse, desde la tribuna, al arbitrario desafuero de Andrés Manuel López Obrador que promovió Fox con los diputados panistas, de los que Juan de Dios era integrante.
Desde 1993 Juan de Dios Castro fue invitado por don José González Torres Arias para visualizar hacia dónde se precipitaba el neopanismo subvencionado con cuantiosos recursos públicos y privados, ya enganchado en el carro del “salinismo” y el TLC.
¡A nuestro pesar, el tiempo nos ha dado la razón!

Atentamente
Jesús González Schmal