A Irma Edith Contreras Rodríguez la marcó de por vida una frase de su madre: “si empiezas algo, termínalo”. La novata y debutante taekwondoísta por la que casi nadie apostaba fue la primera mujer en ganar medalla de oro para la delegación mexicana en el segundo día de competencia de los XVI Juegos Panamericanos.
Desde que era niña quiso ser gimnasta pero su deseo no cuajó. Su madre le expuso los inconvenientes de acompañarla todo los días al gimnasio y la convenció para que a los ocho años se incorporara al grupo de su hermano Francisco y sus primos, quienes para entonces enfilaban sus pasos hacia el taekwondo.
De todos sus familiares que practicaban esta disciplina, Irma Edith es la única que permanece en el deporte. A ella no le permitieron renunciar; le dijeron que sólo podría hacerlo cuando obtuviera la cinta negra.
A los 10 años sufrió una lesión mientras jugaba con los patines. El percance la mantuvo alejada del taekwondo durante todo el ciclo escolar. Dice que en esa época le llamaba más la atención formar parte de la escolta, ser la bastonera del grupo y salir con sus amigos.
Rehabilitada de sus lesiones retornó al taekwondo para cumplir la máxima que le inculcó su mamá: “si empezaste algo tienes que terminarlo”. Para entonces rehuía los combates; prefería hacer formas u otro tipo de actividades, a pesar de que sólo le faltaba un examen para alcanzar el grado de cinta negra. Sin embargo, fue inevitable enfrentar a sus oponentes sobre el tatami.
En cuanto obtuvo el cinturón negro empezó a encontrarle sentido al taekwondo. Invitada a integrarse al equipo Pumitas de la UNAM participó en eventos estatales y regionales. Los triunfos no tardaron en llegar: campeona de la Olimpiada Nacional en 2008, título que refrendó en 2011; quinto lugar en la Universiada Mundial de Belgrado 2009, y medalla de bronce en el V Festival Internacional de Cintas Negras 2011.
En vísperas de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, era sparring de la medallista olímpica Iridia Salazar, hasta convertirse en referente estelar –y única campeona– de la selección nacional de taekwondo en estos juegos continentales.
Estudiante de administración, Irma Edith suele invertir entre una hora y media y dos horas para trasladarse en transporte público de su casa, ubicada en Ayotla, Estado de México, a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Azcapotzalco.
La beca que recibe de la Conade como campeona de la Olimpiada Nacional apenas sobrepasa los 2 mil pesos mensuales. Y cuando no alcanza –“que suele ser muy seguido”, asegura– su padre complementa los gastos. “Una beca económica sería de gran ayuda, porque ya no quiero depender de mi familia. A veces es complicado porque me dedico a los entrenamientos y a los estudios. No trabajo y sería un modo de apoyarme”.
Sin pleno apoyo
El de Irma Edith es un caso paradójico. Está vinculada a las dos instituciones públicas más importantes del país: representa a la UNAM, pero estudia en la UAM; la UNAM se ufana de sus hazañas aunque la UAM contribuye con los mayores recursos. En la UNAM generalmente se desplaza en autobús al interior de la República. No recibe becas económicas y menos alimenticias. Sin embargo, cuando compite por la UAM –básicamente en las Universiadas– suele viajar con todas las comodidades.
Con todo y que no recibe ninguna clase de apoyos –“¡Jamás los he tenido de parte de la UNAM!”–, a Irma Edith Contreras le basta el prestigio que le puede brindar el taekwondo de la universidad, máxime que requiere de una asociación que la respalde para participar en los eventos.
No obstante, ahora los papeles se han invertido: su presea dorada en Guadalajara 2011 en la categoría menos de 57 kilos (feather) es la que le da mayor lustre al deporte de la comunidad universitaria.
Aunque estudia el sistema escolarizado, por lo general realiza exámenes en línea –vía internet– ante la dificultad que representa distribuir sus tiempos entre sus estudios y el entrenamiento.
En la UNAM se dio de baja en cuanto terminó el bachillerato en la Preparatoria 7. Tomó esta decisión porque en la máxima casa de estudios los periodos de estudios son semestrales. En cambio, en la UAM son trimestrales.
A pesar de que la Preparatoria 7 le garantizaba el pase en automático a la UNAM, Irma prefirió presentar su examen de admisión en la UAM –“como cualquier otro alumno”–, donde incluso paga colegiatura, algo así como 300 pesos.
Pero a cambio obtiene ciertas ventajas: cuando viaja por cuestiones de su actividad deportiva le ha pedido apoyo a sus maestros para estudiar en línea, así como presentar exámenes y trabajos.
Hace lo posible por asistir a clases si el tiempo y la preparación deportiva se lo permiten. “No puedo decirle que de una semana acudo tres veces, porque todo depende del lugar donde nos encontremos. Estoy a la mitad de la carrera, pues se me dificulta meter todas las materias que debería; además, hice un cambio de carrera y de plantel. Al principio estudié sociología y como eran diferentes sistemas tuve que empezar otra vez”.
Como second de Iridia Salazar conoció el ambiente que rodeaba al representativo tricolor y, en concreto, a la familia Salazar. Reynaldo, padre de Iridia, era entrenador del equipo, y el hermano, Óscar, también medallista olímpico, aún competía.
En ese entorno comenzó a fijarse metas y a ilusionarse con la probabilidad de representar a México. “A lo mejor no tenía el compromiso ni la oportunidad de competir por México, pero ya sabía de qué se trataba: cómo eran los entrenamientos, cómo era la vida de Iridia, lo que realizaba la familia Salazar con tantos trabajos al día. Ya no vivían con la familia, y cosas por el estilo”.
Su madre es ama de casa, y su padre, ya jubilado, trabajó en el Sistema de Transporte Colectivo (Metro). Hoy en día Irma Edith sigue sin tener en claro la verdadera labor desempeñada por su padre durante su vida laboral.
Irma Edith nació el 21 de diciembre de 1987. Sin figurar entre las favoritas al podio, el domingo 17 se colgó el oro panamericano con punto definitivo sobre la colombiana Doris Patiño (4-3). Con ello reivindicó al maltrecho taekwondo nacional, que en los últimos tiempos ha sido víctima de grillas y burocratismo.








