Tepetzintla, el municipio líder en desnutrición

TEPETZINTLA, PUE.- Rodeado de tierra fértil, con vegetación exuberante, este municipio poblano está considerado por el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán como el de mayor índice de desnutrición en todo el país.
Ubicado en la Sierra Norte de Puebla, Tepetzintla se encuentra a unos 55 kilómetros de Zacatlán, pero son necesarias casi dos horas en automóvil para llegar a Ahuacatlán, otro pequeño poblado, a partir del cual hay 15 kilómetros de terracería.
En el trayecto se observan cultivos de maíz y árboles de manzana, lima, plátano, pera, además de algunas verduras, como zanahoria y rábano.
En esta zona los más pobres son indígenas que aún conservan sus tradiciones. Hay indígenas que hablan náhuatl -mexicano, dicen ellos- y totonaco. Se pueden diferenciar por la ropa, al menos las mujeres. Las que hablan totonaco usan enaguas y blusa blancas de manta, con una faja en la cintura, y las que hablan náhuatl, la mayoría, usan enaguas de lana negra -que ellas mismas hacen-, blusas de colores, su faja en la cintura y un quixquemet que se ponen en la cabeza.
Entre los hombres, la vestimenta es generalmente la misma: calzón y camisa de manta, una faja, sombrero y huaraches. Los niños y niñas no tienen un atuendo definido y, a veces, ni siquiera usan zapatos.
Invariablemente, las mujeres van detrás de los hombres, cargando los guacales, la leña o a los niños más pequeños.
Aunque pintoresco, pues acaban de construir un kiosco con su pequeño parque verde y florido, y la iglesia que luce impecable por la pintura que recientemente le aplicaron, Tepetzintla refleja miseria y hambre.
Para la gente que vive en la cabecera municipal, alrededor de mil 300 habitantes, comer carne es un lujo. Los más afortunados pueden comer pollo o carne de borrego, cuando mucho, dos veces a la semana.
El salario diario promedio oscila entre 15 y 25 pesos, dependiendo de la actividad, y el kilo de carne cuesta 25 o 28 pesos.
Los programas Progresa y Procampo han llegado hasta aquí, pero no para todos. Apenas 30% de la población total del municipio -10 mil 94 habitantes- cuenta con esos apoyos gubernamentales. Y es que, según el sacerdote Alfonso Mialma, la entrega de los recursos “es muy parcial”.
Sostiene que por los conflictos políticos que se desataron a raíz de la última elección municipal, en 1998, el actual presidente de Tepetzintla, el priísta Miguel Gómez Anaya, ha manipulado los recursos a favor de su gente.
Además, la gente no toma la leche que les envía el DIF porque “simplemente no les gusta” y tampoco comen verduras porque “prefieren dárselas a los animales”.
Miguel Ángel Bravo Anaya, presidente del comité del PRI, comenta que, además de Progresa y Procampo, el DIF local reparte 600 desayunos mensualmente, pero en la lista de beneficiarios hay más de 700 niños, por lo que ninguno de ellos tiene asegurado un desayuno diario. “A unos les toca un día, a otros otro día y, por lo regular, se dan 20 desayunos al día”.
Salvador Bravo Reyes, el tesorero del ayuntamiento, afirma que los recursos tanto de Progresa como de Procampo no son suficientes. Pero quienes los obtienen, en el caso de Progresa -que reparte becas para menores que cursan desde tercer grado de primaria hasta tercero de secundaria-, si tienen varios hijos, llegan a obtener hasta 2 mil 200 pesos bimestrales, lo que ocasiona en algunos casos que los padres dejen de trabajar.
Para las personas mayores de 60 años, se destinan 235 despensas en todo el municipio y tampoco alcanzan. A algunos poblados, como Tlamanca, ya no llegan.
Además, los que reciben los beneficios de ambos programas son obligados a realizar faenas de limpieza, ayudar a bajar material de los camiones o acudir a la clínica a pláticas de salud. Esto, dicen tanto autoridades como los médicos y profesores, “para su propio beneficio”.
Sólo hay una pequeña clínica adscrita al IMSS en la cabecera municipal, que cuenta con un consultorio y una sala de recuperación y, según Laura Pérez, enfermera encargada de la clínica, más de 60% de la población padece desnutrición, principalmente los niños.
Esta unidad atiende también dos poblados más de Tepetzintla,  Xicomotepec y Xicalahuatl, pero entre los dos apenas juntan mil habitantes.
Según la enfermera, hay 124 niños menores de cuatro años registrados con desnutrición, 12 de ellos con desnutrición severa y el resto con moderada y leve.
“A los niños que padecen desnutrición severa se les atiende dos veces por semana, y a las madres las citamos en un comedor para enseñarles a preparar de una manera más nutritiva los pocos alimentos que consumen”, explica.
Las polivitaminas y el fumarato ferroso son los únicos complementos alimenticios con los que cuentan para atender los casos más graves. Si hay una situación de emergencia, es necesario trasladarse al hospital de Zacatlán, pues en este lugar no se cuenta con el equipo adecuado.

Frijoles, tortillas, chile y café

Basta recorrer las calles y ver a la gente para darse cuenta de la magnitud del problema. La mayoría tiene una estatura muy baja; los niños muestran manchas en la cara, sus rostros morenos se ven pálidos y la ropa les queda muy holgada.
Obdulia Lerdo Gravioto es un ejemplo. Tiene 12 años de edad, y su corta estatura hace pensar que tiene nueve. Su madre, María de la Luz Gravioto Bravo, habla sólo mexicano, pero su hija traduce y asegura que su familia come dos veces al día. La dieta diaria se compone de frijoles, sopa de pasta o lentejas, tortilla, chile y café.
Su casa es de madera y el techo de lámina. El piso es de tierra suelta, y sus moradores duermen sobre unas cobijas extendidas. Atrás, hay un terreno pequeño donde siembran maíz sólo para autoconsumo, porque no alcanza para más. “Sembramos maíz para comer, no lo vendemos, pero todavía no está bueno y dura poco después de que se recoge”. En septiembre se recoge la cosecha y para marzo se ha terminado.
Obdulia está en segundo de secundaria y tiene beca de Progresa, de ayuda para alimentación. Le daban 130 pesos mensuales cuando no estaba de vacaciones, pero los últimos pagos no le han llegado. “Espero que ahora que pase a tercero ya llegue, porque nos hace falta”.
En las mismas circunstancias está la familia de Guadalupe Ibáñez. Su madre, Micaela Ramos, tampoco habla español. Hace dos meses, su hija más pequeña, Esperanza, de cinco años de edad, tuvo problemas de desnutrición; no quería comer, pero se recuperó.
Con apenas 21 años de edad, Guadalupe, quien también traduce al náhuatl las cosas que no entiende su mamá, tiene dos hijos, una pequeña de cinco años y un bebé de cinco meses, a quien alimenta con sopa de pasta, caldo de frijol y fruta. La leche no está en su dieta ni en sus posibilidades económicas. Asegura que sí comen fruta de los árboles que están en su terreno o alrededor, pero lo básico son los frijoles, tortillas, chile y café.
Para la familia de Miguel Santiago Robles Pérez, la suerte ha sido diferente. A pesar de que la fachada de su casa está pintada con propaganda del PRI, nunca ha recibido ayuda de Progresa o Procampo. Tiene siete hijos y en su casa viven también su esposa, su suegra y la mamá de ésta.
Su casa también es de madera pero al ver que tiene cinco borregos y algunas gallinas parecería que su situación es más relajada. No es así.
Como jefe de familia, Robles Pérez tiene que salir a trabajar fuera del municipio en lo que pueda, principalmente en la albañilería, para llevar dinero a su casa, pues los apoyos gubernamentales no han beneficiado a su familia.
El Progresa, añade, “no es parejo, varias veces lo hemos pedido y nunca nos lo han dado porque el presidente municipal tiene a sus favoritos. O a lo mejor ha de pensar que no somos del PRI, como yo casi no estoy aquí y mi mujer no sale…”.
Dice que una de las veces que solicitó la ayuda, se apuntó en una lista pero cuando el promotor fue a visitarlo él no estaba y el otro nunca regresó. “De ahí para acá, siempre nos dicen que los papeles no han llegado, o que nos apuntemos para la otra, y así nos traen siempre, a puras vueltas y vueltas”.
Contrario a lo que sucede en las regiones más pobres del país, donde siempre gana el PRI, aquí la población está muy dividida. En algunas casas, de madera, caña o cartón, se ve todavía propaganda del PRD, en otras del PRI. Del PAN no hay.
Las pugnas por el poder han derivado en el mal manejo de los recursos y en las preferencias para beneficiar a unas u otras personas.
El municipio está dividido en 11 poblados, con grandes distancias entre cada uno de ellos. Seis de estas poblaciones, constituidas en juntas auxiliares; las cuatro restantes son rancherías. Según el sacerdote, hay problemas entre la cabecera municipal y cuatro de las seis juntas auxiliares de Tepetzintla que ahora son de oposición -Tlamanca, Xochitlaxco, Tlaquimpa y Xicomotepec-, específicamente del PRD.
Tlamanca tiene casi el doble de territorio y población que la cabecera municipal, por eso los tlamaquenses han luchado durante años para que se erija ahí la nueva cabecera municipal. Hasta la fecha no lo han logrado.
Y a pesar de que en este poblado no hay casas de cartón o madera y la desnutrición no es tan evidente, sí la hay.
Al llegar a la clínica de Tlamanca, una veintena de mujeres se encontraba en la plática que el doctor Jesús Quiroz imparte todos los días en la clínica. Si no van, no tienen asegurado el apoyo de Progresa. El tema del día era el sida, “que se transmite por contacto sexual con la otra persona, con su pareja…”, decía el médico a las mujeres, cuando se percató de la presencia de la reportera y el fotógrafo.
Bastó con mencionar el tema de la desnutrición para que las quejas, preocupaciones y acusaciones tanto del médico como de las mujeres, vinieran en cascada: que si Progresa y Procampo no son parejos, que si simpatizan con el PRD los discriminan, que la leche que llega cada dos meses del DIF ya no sirve, que los niños no rinden lo mismo en la escuela…
El doctor dice que el Progresa ha servido para hacer que la gente vaya a las pláticas sobre higiene, alimentación y salud en general, porque si faltan cuatro veces ya no les dan el apoyo.
Aquí hay 307 niños menores de cinco años, 140 de ellos con desnutrición y tres de ellos de nivel grave. Igual que en la cabecera municipal, la atención médica es insuficiente, solamente se distribuyen sobres con complemento alimenticio pero, dice el doctor Quiroz, la recuperación es lenta, dependiendo del seguimiento que se dé al paciente.
“Un tratamiento de éstos y en estas condiciones puede durar semanas, meses o quizás años…”, lamenta.