Triunfa en Arizona La mujer que cayó del cielo, drama de una tarahumara en Kansas, de Rascón Banda

TUCSON, ARIZONA.- La actriz Luisa Huertas se ha echado a la bolsa esta ciudad protagonizando a una sexagenaria tarahumara de nombre Rita, ilegal errante encerrada en un centro psiquiátrico estadunidense durante 10 años y sedada con drogas psicotrópicas, en la obra La mujer que cayó del cielo, de Víctor Hugo Rascón Banda.
A cargo del director estadunidense Barclay Goldsmith, fundador del grupo multirracial Borderlands Theater, dicho montaje está basado en un caso real ocurrido en Kansas y según el dramaturgo chihuahuense es “el mejor”, pues anteriormente se produjo en Costa Rica y Bruno Bert realizó otro con éxito en México (Proceso 1231).
Desde su estreno el pasado 28 de junio en el foro Black Box (“Caja negra”) del Pumi Community College Center for the Arts, con un debate público de estudiantes y espectadores en el que participaron Rascón Banda, Goldsmith y el elenco, La mujer que cayó del cielo ha impactado por la situación que sufren los inmigrantes mexicanos precisamente en esta zona fronteriza cercana a Nogales, Sonora.
Margaret Regan escribió para el diario Tucson Weekly acerca de este drama sobre la incomunicación que recuerda el mito de Babel:
“Rita queda atrapada no sólo por los médicos que la esclavizan con su dogma psiquiátrico, sino por la ignorancia que tienen ante mundos diferentes. La obra intercala tres idiomas, va del tarahumara al español y al inglés, es un tapete de sonidos. Por momentos, el público se une a los movimientos de Rita en busca de comprensión y las tres lenguas se mezclan en una sola voz.”
Y Katheleen Allen destacó el papel de Luisa Huertas, en el encabezado del Arizona Daily Star: “Una actriz mexicana sorprende con su poderosa actuación en un conmovedor drama.” La producción asociada entre Borderlands y Pima obtuvo apoyos de Difusión Cultural de la UNAM y la UAM.

Borde teatral

Miguel Ángel Giner, el abogado y terapeuta mexicano que liberó a Rita del hospital de Kansas, ha viajado con su esposa e hijos pequeños desde esa ciudad para las diversas representaciones. Dijo a Proceso:
“Hay muy pocas cosas en la obra que no ocurrieron exactamente igual, porque Rita fue confinada desde 1982 en el hospital y pasa más de diez años de tratamientos con drogas. Yo la visito al final y decido demandar al hospital para liberarla. Rascón Banda representó muchos diálogos y situaciones bastante cerca de la realidad y en este montaje, la mayoría de las escenas escogidas por Goldsmith y los actores ocurrieron tal y como acontecen en esta brillante puesta en escena.”
Arturo Martínez, el actor que personifica a Giner, señaló:
“Hoy ya es posible ver letreros en inglés y español en Arizona y Texas, las pantallas de los bancos piden si uno desea leer instrucciones en cualquiera de ambas lenguas; pero durante años fue nuestra lucha de sordos con autoridades que no querían nada en español. La situación de Rita, quien no hablaba sino rarámuri, fue terrible, desesperanzadora.”
La palabra rarámuri significa en tarahumara “planta -del pie- corredora”). En la obra, además de Luisa Huertas y Martínez, participan Tim A. James y Eva Tessler (a decir de Rascón Banda, “los mejores que han hecho el papel de médicos”); Robert Aros, David Osbourne y la joven Rosa Paz.

Debate y puente

Unas 160 personas participaron en animado debate al concluir el estreno de la obra en Tucson, respondiendo Rascón Banda emocionado:
“Todas las obras que yo escribo están basadas en hechos reales. El 90% son de mujeres y 100% procesos jurídicos. Pienso que el teatro es un espejo de la sociedad, nos hace reflexionar, es una ventana a otro universo y por el teatro nos asomamos al interior de otras personas, conocemos su alma, su corazón, sus sueños y sus esperanzas. Cuando alguien ve la obra, cambia su modo de ver la realidad.”
-¿Qué espera del público estadunidense para este
montaje?
-Esta obra no la escribí para Estados Unidos. En Costa Rica la interpretación no fue de una inmigrante, allá entendieron que el problema de Rita es un de un ser humano distinto, como de aquellos artistas e intelectuales segregados por la sociedad a un manicomio.
“En Tucson adquiere otro significado: es un puente de comunicación a través del arte entre dos países que constantemente tienen problemas. Uno de los grandes conflictos que nos divide es la migración provocada por la situación económica de México. Esta obra pretende ser una reflexión sobre la diferencia, sobre la intolerancia.”
Ahondó el creador de Por los caminos del sur y La malinche, también presidente de la Sociedad General de Escritores de México (“escribo por indignación, no por imaginación”) que “el problema del hospital de Kansas es semejante al del hospital o asilo de México, donde no se tratan como seres humanos a los enfermos. Sucede en todo el mundo: no entendemos a quienes son
diferentes.”
La demanda de Giner fue contra 32 personas, desde el director del hospital de Kansas “hasta la última enfermera y el policía de la puerta”:
“El problema no fue del hospital propiamente, sino los años de tratamientos de drogas calmantes para controlar a Rita, una mujer violenta. El hospital le quitó su pasado, su vida, su identidad, la colocó en un medio ajeno que le provocó esos choques con su identidad rarámuri. Las leyes de Estados Unidos obligan a los hospitales y a los médicos a obtener un permiso de la corte y de los jueces para inyectar drogas a un paciente. En este caso, no pidieron permiso a nadie pensando que estaba loca. La regresaron a México para que recuperara su memoria y su pasado; pero ya no fue posible. La encontramos Luisa y yo en Chihuahua bajo unas rocas, dormida, tratando de escapar al norte, siempre al norte.”
Borderlands Theater nació en 1985 con la ambición de “tener un teatro que sea espejo de los pobladores de la frontera, apoyando a dramaturgos jóvenes con obras en español e inglés. Refiere su fundador, quien trabajó algunos años en la Ciudad de México y Yucatán:
“Nuestro problema sigue siendo la parte económica, es muy difícil sostener nuestra compañía con este tipo de obras que llamamos teatro no lucrativo. Lo triste, un día llega y muere la temporada, a diferencia del cine; lo bueno, que las personas en Tucson tienen hoy mayor conocimiento de los pueblos anglosajones y los mexicanos que conviven acá.”
Kathy Ortega y Cristina Colchado están al frente de comercialización en Borderlands. Ellas afirman que a pesar de ser una compañía relativamente pequeña, hay proyectos de artistas y estudiantes en residencia con el departamento de teatro del Pima College, el llamado Mentor/Intern a cargo de Marissa García, como el caso de la joven actriz Rosa Paz.
“Para cada obra estudiamos ciertas áreas de la comunidad donde sentimos se producirá algún beneficio y en La mujer que cayó del cielo cuidamos cada aspecto de la producción de tal manera que la gente pueda aprender algo acerca de esta historia dramatizada, particularmente las mujeres, así como llegar a quienes laboran en instituciones psiquiátricas.”
Eso hace la diferencia entre Borderlands con otras compañías, “no sólo entretener, sino informar, que el público se lleve algo en su mente y en sus emociones”, concluye Kathy.