María Bernal pidió permiso a Gobernación para escribir y publicar Raúl Salinas y yo

El libro Raúl Salinas y yo. Desventuras de una pasión fue revisado por Gobernación y no aporta nada que la prensa no haya difundido; sin embargo, María Bernal se justifica:
“Lo escribí porque quiero que conozcan a María Bernal, han hablado de mí sin motivo. Han puesto en mi boca cosas que no he dicho. Ahora yo hablo. En la publicación no está esa María que formaron.”
Es desconfiada y le cuesta trabajo ser amable. Para ella, el texto, editado por Océano, “es lo último, el final”. Sólo trata de demostrar que es capaz de olvidar esa historia.
“Han quedado en el pasado los sucesos que viví con Raúl Salinas al plasmarlos en un libro”, comenta.
En la primera entrevista que concede a la prensa escrita sobre su libro, se le ve con otra imagen: su cabello ahora es castaño claro. Sonríe constantemente. No ha perdido su belleza, pero tampoco ha modificado el trato duro que mostró siempre frente a la prensa. En un salón de la editorial, por espacio de media hora, recibe a Proceso.
En el libro, cuyo tiraje es de 10 mil ejemplares, resalta que su nombre fue vilipendiado y se manejó con bajos propósitos. También, que fue la novia oficial del hermano de Carlos Salinas, pero luego Raúl se casó con Paulina Castañón para poder ser gobernador de Nuevo León, pues no podía hacerlo con una extranjera, según Bernal.
-Da la impresión de que en el libro sólo trata de justificar que no es la villana de la película.
-No. He sentido un alivio al escribirlo, me costó trabajo hacerlo. Tuve que salir de mis sentimientos ya perdidos, recordar todo. Trato de no ofender a nadie, aunque digan que sí lo hago, que cada quien se ponga su saco. Cuento la verdad de toda la historia de Raúl a mi lado.
Sin embargo, cuando se refiere a éste, no vas más allá de lo que se conoce, sólo menciona que era manipulador, y “como se soñaba político, manejó la nación atrás de Carlos Salinas”. Explica:
“Siempre estaba atrás de su hermano, él daba las ódenes, bueno me di cuenta que él hacía eso.”
-No hay información nueva, todo lo que escribió se sabe…
-Bueno, ahí está lo que sé, es la verdad.

Sueños perdidos

María Bernal, nacida en Sevilla, España, en 1962, empieza su libro cuando conoció a Raúl Salinas frente a la boutique Enrico Vasatti, en la cual trabajaba: Estaba “tumbado, ebrio, su aspecto era deprimente y lo ayudé”.
Descubrió que los defectos de la familia Salinas los conoció cuando salió de su núcleo:
“Con su papá, Raúl Salinas Lozano, me llevaba bien, era un profesor realmente. Era dominante.”
-¿Cómo era la relación entre Raúl y Carlos Salinas?
-Muy buena, muy estrecha. Nunca cambió su relación, ni con los demás hermanos.
Se rehúsa a abordar más sobre la familia.
-Pero con el libro hace presente la historia y los sucesos.
Repite para no comprometerse:
-Sólo quiero que la gente se informe de lo que pasó. Siempre han sabido de mí por boca de Paulina, de todos. Ahora es una María diferente: normal, tranquila y relajada.
Vive en México y se rumora que está casada. Sólo se limita a decir que una familia la apoyó y que trabaja en la compañía de unos amigos. Su hija Leticia reside en España y no ve a Raúl Salinas desde 1998.
Se le hace saber que en el libro hay lagunas, pero hace caso omiso. Ahí, María, hija de un empresario industrial maderero y una educadora, menciona entre líneas que Raúl Salinas se reunía , por ejemplo, como él decía, con el Grupo de los Diez -Emilo Gamboa Patrón, Jaime Serra Puche, Carlos Hank González, Pedro Aspe Armella, Luis Donaldo Colosio y su hermano Carlos, entre otros-, y agrega que sus amigos más cercanos eran “grises”, como Roberto González, Adrián Sada, Abraham Zabludowsky, Jesús Gómez Portugal, Salvador Giordano, Federico Jaime Mora, Mier y Terán y Manuel Muñoz Rocha.
-¿Por qué les llama grises?
-No son personas definidas, no tienen nombre, nada, Raúl es gris.
-No se entiende cómo una mujer que estaba con un político no se enteraba de nada y no le interesaba la política.
-Sabía cosas. Tenía poco tiempo de haber llegado a México, el idioma es diferente, y no me enteraba de nada, hasta que empecé a entender todo lo que me rodeaba, a los casi dos años. Por supuesto que no estaba de acuerdo en algunas
ideas, con el dinero por ejemplo, él tenía mucha posibilidad de ayudar a mucha gente. A mí la política no me convence, no es algo que tocara, no me gusta para trabajo.
-¿A Raúl Salinas le preocupaba el país?
-No sé si era más llenar sus arcas. Su poder era ciego, lo añoraba, de todas maneras se desempeñó como político aunque no diera la cara.
-¿Su libro fue censurado?
-Gobernación me autorizó y no hubo censura, no hubo problema.
-¿Por qué Gobernación revisó el libro?
-Como soy extranjera, tengo que informar sobre las actividades que realizo; le tuve que pedir la autorización de escribir y de editar el libro.