La pobreza, un problema que se reproduce. El reto para Fox, una economía con responsabilidad social

José Alberto Castro

Dice el economista Rolando Cordera: “Creo que ya llegó la hora de sobreponerse al jolgorio del triunfo democrático e introducir en la discusión del nuevo gobierno y del sistema político naciente el combate a la pobreza, porque el problema social ahí sigue, y continúa reproduciéndose”.
El director y conductor durante 10 años del programa de televisión semanal Nexos, quien contendió sin éxito por una diputación federal bajo el registro de Democracia Social, hace notar que la participación ciudadana que culminó el 2 de julio, se produce en el marco de una aguda desigualdad social.
Y cita a Venustiano Carranza:
“Después de la revolución política viene la lucha de clases.”
Autor de La disputa por la nación (junto con Carlos Tello), La desigualdad en México, El reclamo democrático, Las decisiones del poder, La economía mexicana en peligro, entre otros libros, afirma: “La pobreza ha crecido o por lo menos se ha mantenido en magnitudes desconocidas para los mexicanos contemporáneos”.
Entrevistado en la Fundación Nexos, que él mismo preside, Cordera urge a “reorganizar al Estado para encauzar esa lucha de clases”.
Cordera y Enrique González Tiburcio participan en el volumen colectivo México 2030. Nuevo siglo, nuevo país -publicado por el Fondo de Cultura Económica- con el ensayo “La sociedad mexicana hacia el nuevo milenio: cohesión y divergencia”. Ahí, los autores analizan de modo profundo la situación de la pobreza en México.
En el estudio se publica un cuadro con las estimaciones de pobreza, de Enrique Hernández Laos, quien sostiene que en 1996 vivían en pobreza extrema 22.6 millones de mexicanos; en pobreza no extrema, 26.2 millones, y en el rubro de población no pobre, 43.7 millones.
También se da a conocer otro cuadro, “México: numeralia social”, donde se establece:
* Tasa de analfabetismo en México: 10.6.
* Porcentaje de la población económicamente activa que trabaja “por su cuenta”: 26.
* Porcentaje de hogares que son sostenidos por mujeres: 18.
* Porcentaje de la población mexicana que ha visitado una galería de arte: 20.
* Porcentaje de las mexicanas que trabajan y además realizan tareas domésticas: 93.
* Porcentaje de mexicanos que viven de un dólar al día: 15.
* Millones de mexicanos que sufren desnutrición severa: 7.2.
* Porcentaje de niños mexicanos que presentan falta de peso: 19.
* Mexicanos, de cada cien, que no saben operar una computadora: 95.

Los peligros

Promotor de la incorporación del estudio de la política social como asignatura en la Facultad de Economía, donde es catedrático, Cordera advierte:
“El reclamo ciudadano todavía no se ha concretado, ni se ha expresado en la dimensión social.”
Admite que aún no se conocen las nuevas expresiones del reclamo social, pero asegura: “La  emergencia ciudadana va a dar lugar a esto que los antiguos llamábamos la lucha de clases”.
Y alerta:
“Lo deseable es que (la reforma social) se diera de la misma forma en que ocurrió la lucha ciudadana por el cambio político. Es decir, de un modo pacífico, civilizado y dentro del cauce de las leyes y por el camino de la reforma política. Ojalá sea ésa la historia de la reforma social, porque hasta el momento se ha contenido mucho la expresión colectiva e individual, dando lugar a los fenómenos tremendos de la delincuencia, el abandono juvenil, el rechazo en bloque de cualquier posibilidad de convivencia cívica, que vivimos en las ciudades y en algunas zonas del campo.”
Estima que el gran reto para el nuevo gobierno y los partidos políticos, consistirá en incorporar una correcta y atinada política social “para definir el perfil del nuevo gobierno”.
Llama a Vicente Fox y a su partido, para que no reduzcan la formación del gobierno “al simple cambio de gente y el cambio de manos”, pues si fuera de esa manera “no estará a la altura”.
Considera que la “cuestión social” es un reto para el nuevo sistema político: “Si se espera que los partidos políticos contribuyan a fortalecer la democracia, no pueden seguir utilizando la movilización social como instrumento de negociación política y, peor aún, de chantaje político. Tampoco pueden hacer como que la Virgen les habla, ante tanta pobreza, desigualdad y reclamo que se va a venir”.
Sentencia:
“Si el recién estrenado sistema político no recoge de forma adecuada el reclamo de superación de la pobreza, será rechazado por la gente que no se verá representada en la política social.”

45 millones de pobres

Convencido de que “la pobreza no es noticia”, Rolando Cordera señala:
“Hay una especie de insensibilidad en los medios de comunicación y las personas que no viven la pobreza y la miseria, y de alguna forma ocasional, unos y otros se las arreglan para registrarla, cuando de hecho el marco en el que uno se desenvuelve es la pobreza y la desigualdad.”
Refuerza:
“El economista estadunidense John Kenneth Galbraith llama a esa indolencia ‘la cultura del contento y de la satisfacción’. Se trata de la parte de la sociedad satisfecha  y acomodada que mejor no habla de los problemas y mucho menos se plantea políticas públicas para resolver la cuestión tan tremenda de la desigualdad.”
Explica que “aún no está claro si los 45 millones de pobres se van a reducir”, pero en cambio sí se sabe que el país “no aguantará los ritmos actuales de la pobreza”, y de esa realidad son conscientes “no sólo voces provenientes de la izquierda del tercer mundo” sino organismos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y hasta en el Fondo Monetario Internacional, que asumen la necesidad de abordar en serio el tema de la inseguridad que cruza a las clases sociales y a las naciones y da lugar a fenómenos de violencia.
Para abatir la pobreza, Cordera no ve otra opción que “una política de gran aliento”, cuyo propósito sería “imponerle a la macroeconomía responsabilidad social”.
Explica: “Las economías de mercado producen crisis; hoy sabemos que afectan de forma más profunda a los pobres, a tal grado que el número de pobres que producen no se reduce en la etapa de recuperación. Se trata de una macroeconomía sin responsabilidad social”.
Por ello, propone:
“Se deben crear redes de protección para los más vulnerables, con el propósito de que no sean los más afectados y puedan aprovechar las recuperaciones subsiguientes.”
Esboza un panorama del campo laboral mexicano:
“El trabajo carece de mecanismos de defensa, los grandes sindicatos quedaron por ahí sembrados, la  mayoría trabaja en condiciones de inseguridad, y mucha gente labora en el ámbito de la economía informal. El trabajo es mal remunerado. Esto crea una situación donde el problema del empleo cobra importancia. El empleo es el piso duro para generar bienestar. Y sin empleo no hay posibilidades de plantearse una política social. No hay presupuesto que aguante. El problema social no se puede resolver de tajo y por medio de una confiscación. Requerimos de buen empleo y de capacitar a la gente. Porque las nuevas condiciones de trabajo son hostiles y representan un desafío. Por ello, se requieren políticas sociales de largo plazo que vayan más allá de la marginalidad.”

Educación y salud

En su perspectiva dice que no rechazaría programas como Progresa y previene sobre la revolución educativa propuesta por Fox:
“Espero se deseche el viejo dicho: ‘zonas pobres, escuelas pobres’, porque de no hacerlo, sería un drama.”
Remarca:
“Donde hay mayor grado de ausentismo magisterial es en las zonas pobres, ahí están las peores clínicas y los peores maestros. Cerrar los ojos frente a esta situación, será permitir su reproducción.”
Pone un ejemplo:
“Un niño pobre que va a una escuela pobre con maestro ausentista, está condenado a ser un joven y un adulto pobre.”
Sobre las ideas que se barajan para una política social efectiva, opina:
“El aumento del ingreso no es suficiente, pues el ingreso no resuelve todo. Se requiere también de cultura, educación y, sobre todo, de capacitación permanente de la gente.  En la agenda de la revolución se debe incorporar el tema de la educación continua y convertirla en un instrumento para enfrentar las desigualdades.”
De los rezagos que laceran a una gran parte de la población, destaca:
“El otro tema duro de la pobreza y la desigualdad es la salud. El acceso a la salud va parejo con el nivel ingreso, el de las clases pudientes y medias es muy superior al de los pobres. Además, en atención médica la gente que más gasta en proporción a su ingreso son los pobres. Porque la mayoría no pueden ingresar al Seguro Social, desconfían del sistema abierto de salud y acuden para curarse a médicos caros. En las zonas rurales hay médicos que no son tales y las farmacias cobran más caro.”
Para las próximas décadas avizora “un país de jóvenes adultos”, que “son los que ahora empezaron a votar e inclinaron la balanza electoral. Cuando pensamos en jóvenes los vemos como estudiantes, eso es erróneo, la mayoría de los jóvenes adultos no son estudiantes o han sido estudiantes poco tiempo, se trata de personas que buscan trabajo con mala y poca educación y la mayor parte ya hacen vida de pareja, estén casados o no. Muchos ya tienen hijos o pronto van a tenerlos. Eso es una realidad demográfica muy fuerte y plantea el tema educativo y de la salud en otros términos. Su presencia hace urgente la educación para adultos, porque ya son adultos. Es un sector de la sociedad al que se debe prestar atención, porque estos jóvenes traen una cauda de resentimiento social, de frustración y desprecio por la vida en común. Todavía se expresa de manera minoritaria y no sabemos cuándo va a desbordarse”.
En la mira de una política social, Cordera considera a los niños, a los jóvenes adultos, a los adultos mayores y a las mujeres:
“La mujer se incorpora masivamente al mercado de trabajo y su acción en esta esfera  plantea un problema de equidad, de género y de biología. Y en un futuro no lejano provocará cambios en materia de organización de los horarios de trabajo; por ejemplo, en el sistema de salud, tenemos a jóvenes  médicas y enfermeras que en algún momento tendrán hijos. Por eso en zonas como el norte, donde explotan el trabajo femenino, el asunto de las guarderías se vuelve prioritario.”
Frente a quienes ven como una amenaza, la realidad de 45 millones de mexicanos sumidos en la pobreza, argumenta:
“Me parece que son energías que se pierden, más que una amenaza, es un desperdicio nacional. Los más afectados por la pobreza y la indigencia son las mujeres y los niños, con ellos se van posibilidades creadoras incalculables, por eso su incorporación a la vida productiva podría beneficiar a todos.”
Cordera imagina una política social sin agujeros e indica:
“Sería lamentable la situación de un niño que entra a las 8 de la mañana a la escuela y después del mediodía regresa, por las calles horrendas, a la casucha miserable y sin agua potable.”