Irapuato y Celaya, mejor armados El León, equipo favorito de Fox, abandonado y amenazado por el descenso

Héctor Huerta

LEÓN, GTO.- La tierra desde la cual se proyectó Vicente Fox para sacar al PRI de Los Pinos, tiene ahora a sus tres equipos de Primera División en pie de lucha para no descender de categoría, pues son acosados por la sombra del porcentaje.
De hecho, ese riesgo llevó a la mitad de los equipos de primera división a plantear la suspensión del descenso durante los siguientes dos años. La votación quedó empatada nueve a nueve, por lo que el voto de calidad del presidente de la rama, Rafael Lebrija, dio la victoria a quienes desean mantener el descenso.
Entre los equipos más amenazados se encuentran los dos que pertenecen al exsocio de Televisa, Alejandro Burillo Azcárraga: Irapuato y Atlante, acompañados por el León. También peligran, en menor medida, Monterrey, Tecos y Celaya.
“En futbol le voy al León, de mi querido Guanajuato”, dijo Fox apenas 24 horas después de haber ganado la Presidencia de la República.
Ese León arrancará el Torneo de Invierno 2000 ubicado en el último lugar de la tabla de porcentaje. El peligro es mayor porque carece de apoyo gubernamental en Guanajuato y su presidente, Roberto Zermeño, lucha solitario para resolver los innumerables problemas económicos que enfrenta desde que se quedó sin socios.
Sin embargo, Zermeño, aunque reconoce que fue “abandonado por el gobierno del estado, por el municipio y por los empresarios de León”, considera que aparte de evitar el descenso, “tendremos un equipo combativo, que buscará calificar a la liguilla”.
El presidente del Irapuato, Raúl Quintana, miembro del Grupo Pegaso, cuyo jefe directo es Alejandro Burillo, reconoce que las 20 contrataciones realizadas en la pretemporada tienen un inocultable objetivo: evitar el descenso.
Por su parte, Enrique Fernández, único propietario del Celaya, sostiene que ya pasaron los momentos de angustia y que los “20 puntos de ventaja sobre León” en la tabla de porcentaje le garantizan cuando menos otro año la permanencia en el máximo circuito.

Lobo solitario

Los directivos del futbol mexicano identifican a Roberto Zermeño no sólo por su apodo de El Gordo, sino porque tiene una preocupación las 24 horas del día: vender el equipo.
Día y noche, dicen, lo anda ofreciendo ante la pesadez de un costo millonario. Su único ingreso lo recibe de la taquilla, porque para pagar al anterior dueño, Valente Aguirre, hipotecó todos los demás ingresos que obtiene un equipo de futbol: publicidad estática, derechos de televisión, jugadores, anuncios en la camiseta, etcétera.
En el pasado draft, según Zermeño, armó al León “más con inteligencia que con dinero”. Convenció a Antonio Mohamed para que comprara la mitad de su carta, que costó 900 mil dólares, lo cual le permitía suponer que el argentino sería el líder del equipo porque “estará luchando por revaluar su propia carta”. Sin embargo, por un error de procedimiento, el miércoles 5 la Primera División echó abajo la contratación y la posibilidad de que Mohamed juegue con el León.
Reconoce que le afectó la decisión de mantener el descenso: “Me partieron”.
Zermeño vivió y creció en el estadio de León porque sus papás atendían la casa club. Y le compró el equipo a Valente Aguirre, quien no podía mantenerse en esa ciudad, pues se ganó el repudio popular cuando en principio vendió el León a Puebla, y dio marcha atrás ante las intervención de autoridades panistas, municipales y estatales. Entonces decidió vender al Curtidores. Sin embargo, económicamente no perdió porque, según Zermeño, “se llevó más de 16 millones de dólares” por el traspaso.
-¿León es ahora el equipo más pobre del torneo?
Zermeño se rebela ante la palabra. Le molesta.
“¿Pobre? No es pobre. Vea la calidad del plantel. Tengo jugadores de Primera División, algunos de los cuales inclusive han sido seleccionados. Tengo a Sigifredo Mercado, José Luis Sixtos, Alan Cruz, Carlos Briones, el Tena Murguía, Jaime Ordiales, Mohamed, Ailton, José Antonio Reynoso, Marcos Paulista… Y como soy filial de La Piedad, puedo tener a Christian Cásseres. Cuando tomé al equipo no había ni jugadores. Ahora ya tengo a varios y los que vienen prestados están con opción de compra.”
Y advierte: “Si libro este año, el León ya no desciende en 10 años”.
Recuerda: “En el torneo pasado luché contra Toros Neza, que pertenece a la empresa Auto Fin, y contra Monterrey, administrado por el grupo Femsa. Y, sin embargo, no descendimos”.
No acepta responsabilidad alguna en las salidas que han molestado a los aficionados de León, porque las cartas de Everaldo Bejines, Daniel Alcántar y Hernán Medford “no eran mías, eran de Aguirre”.
-¿Qué le ofrece a la afición con este equipo?
-Le prometo que haremos más puntos que hace dos años. Antes de manejarlo yo, el León hizo 16 y 16 puntos en los dos torneos. Conmigo hicimos 18 y 15, y era el mismo equipo. Vamos a dar mejor espectáculo, pero no me engaño. Este año la salvación es lo más importante. Me dolería mucho que dejaran morir esta plaza. El estadio se llena. La gente quiere a su equipo, pero las autoridades (panistas) no cumplen con el compromiso que establecieron con la afición.
“Cuando la gente salió a las calles a reclamar la venta a Puebla, el gobierno se comprometió a realizar gestiones ante los empresarios para conseguir su participación. Y no han hecho nada. Los empresarios que he visto no tienen el mínimo interés en participar. El futbol es uno de los pocos entretenimientos que tiene la ciudad de León. Es parte del pueblo. Más que por la directiva, el gobierno o los jugadores, el León merece andar siempre arriba por la fidelidad de su afición.”
-¿Usted está solo?
-Completamente solo. Me ha costado mucho trabajo. Yo vivía muy en paz después de que vendí el equipo. Acuérdese que la quinta estrella de campeón la ganamos estando yo en la presidencia. Y ahora vivir las angustias de pelear la permanencia no es algo que me agrade.
Recuerda que cuando entró, las autoridades, los empresarios y la afición le prometieron apoyo y hasta ahora “la única que ha cumplido es la afición… Si el que estorba soy yo, me salgo. He convocado a distintos planes para salvar al León. Lancé un plan comunitario para que fuera de todos y de nadie; no hubo respuesta. Convoqué a los empresarios y no hubo eco. La gente que tiene recursos en León no arriesga en este tipo de empresas. No han querido entender que el futbol, en estos tiempos y bien manejado, es un buen negocio”.
-¿Cuánto le ha costado esta gestión?
-Valente Aguirre habrá cobrado hasta ahora entre jugadores y demás ingresos algo así como 16 millones de dólares.
-¿Usted los puso de su bolsillo?
-Claro que no, mi amigo, no los tengo. Si los hubiese tenido el equipo me costaría más barato. Pero nadie le entra a invertir.
-¿Por qué sigue?
-Me gusta mucho el futbol. Es mi pasión. Pero también es una cuestión sentimental. De chiquillo viví en la casa club. Mi familia la atendía. A los siete años llegué ahí, convivía con los jugadores. Terminé mi carrera y me ha ido bien en mi profesión, pero sentimentalmente traigo la camisa puesta. No podría hacer lo mismo que mi amigo Enrique Borja, que de presidente del Necaxa pasa a presidente de Tigres. Si no soy presidente del León, seré un aficionado más, pero no me iría a presidir otro equipo.
-¿El promotor Guillermo Lara es su socio?
-Solamente en la compra de tres jugadores brasileños: Batista, Marcos Paulista y Richardson. Entre él, Eduardo Césarman y yo compramos a los jugadores. Cada uno puso 400 mil dólares. Ni Carlos Bracamontes ni Carlos Reynoso los metieron y convenimos en que ahora van a recibir otra oportunidad. Sólo somos socios en eso. Lara tiene el problema de que hace cosas malas que parecen buenas. Me demandaron él y Césarman, pero ya les contesté la demanda porque no confío ni en la palabra ni en las personas. Soy muy derecho, muy abierto, por eso a veces caigo mal.
Dice que “con lana e inteligencia armo un León para ser campeón”, pero también pretexta que Aguirre le dejó un grupo de jugadores muy mal acostumbrado “porque pagaba una nómina muy alta”. Ahora tendrán que ajustarse a un presupuesto menor, pero “no piense que Sigifredo, Mohamed, Briones, Alan Cruz, Ordiales o Sixtos son baratos”.
Estima que la nómina más baja del futbol mexicano de Primera División no es la del León sino la del Celaya.
Espera integrar algunos socios, pero no piensa en Lara ni en Césarman. “Con Lara no tengo ninguna vinculación. Hay cero relación con él… Por ahí se publicó que hablé mal de Alejandro Burillo, pero es falso. Si Burillo quiere entrarle, lo acepto. Ya platiqué con él y me dijo que tiene interés en ser socio mayoritario del León. Tiene capacidad económica y si le interesa esta plaza será bienvenido”.

La meta, salvarse

El Irapuato ascendió apenas hace un mes. Y coincidió el ascenso con la venta de 25.1% de las acciones que su dueño, Alejandro Burillo, tenía en Televisa, en una operación cercana a los 600 millones de dólares.
De inmediato estrenó presidente ejecutivo: Raúl Quintana, presidente del América cuando Burillo manejaba el Comité de Futbol de Televisa.
Quintana, en sus oficinas del Distrito Federal, reconoce que Irapuato tiene el mayor riesgo de descenso porque divide el porcentaje por partido. Sube y baja en la tabla con mayor celeridad.
“Somos conscientes del problema. Por eso el Grupo Pegaso, que preside el señor Alejandro Burillo, hizo un gran esfuerzo para reforzar el plantel. Nuestro compromiso con la afición es conservar el equipo en Primera División. Se ha contratado a jugadores importantes y ahora les toca a ellos la responsabilidad de mover bien el balón para conseguir los puntos que nos permitan mantenernos en Primera División. Queremos que la plaza de Irapuato sea invencible.”
Contra lo que pudiera pensarse, por la gran cantidad de refuerzos adquiridos en el draft (20 en total), el Irapuato no hizo una gran inversión. “Estamos hablando de millón y medio de dólares”, puntualiza.
Explica que no van a depender del bolsillo de Burillo, sino que “vamos a sostener al equipo con los ingresos que generemos por venta de publicidad estática, derechos de televisión, taquillas, esquilmos y anuncios en la camiseta”.
De los jugadores que se contrataron, varios son prestados y otros vienen en calidad de intercambio. “No vamos a pagar premios por partidos, sino por objetivos. La instrucción que tengo es que el equipo debe ser autofinanciable”.
El Irapuato trabaja con el promotor Eduardo Aguirre para que consiga partidos a fin de generar ingresos. “Nosotros tratamos todo directamente con los presidentes. Tengo la experiencia de haber sido presidente del América y vamos a capitalizar todo lo bueno que obtuvimos allá. Contratamos a Javier Amaya, exdirector de las fuerzas básicas del América y ahora es el nuevo secretario técnico del Irapuato. Por eso pedimos tantos jóvenes prestados de las fuerzas inferiores, porque el señor Amaya los conoce muy bien”.
-Usted pasó del América, que es un equipo importante, al modesto Irapuato. ¿Por qué?
-Pertenezco al grupo que preside mi amigo Alejandro Burillo y voy donde él me indique. Soy fiel al jefe. Alejandro busca el bien del futbol mexicano. Trajo la Copa Confederaciones, luchó por la sede de la Copa América. Desde su posición en Televisa se propuso metas y cumplió. Los que trabajamos con él lo admiramos y respetamos. Ahora que me puso en esta nueva responsabilidad, tengo un gran compromiso con él y con la afición de Irapuato para conservar el equipo en Primera División. Cumplimos el primer objetivo de reforzar el plantel para luchar con los otros equipos que tienen problemas de descenso.
Precisa que Irapuato se armó con lo que pidió el entrenador Juan Alvarado “y ahora estamos comprometidos para hacerlo un conjunto invencible en casa y fuera muy combativo. La idea es que sea un equipo ofensivo, que brinde alegría a los espectadores”.

20 puntos de ventaja

De los tres equipos de Guanajuato, el Celaya es el que menos problemas de descenso tendría, de acuerdo con el presidente del equipo, Enrique Fernández, quien dice que “tener 20 puntos más es mejor que tener 20 puntos menos” en la tabla porcentual.
Considera “absolutamente inviable” que el Celaya tenga esa amenaza, pese a que los aficionados no están conformes con la venta de Luis Fernando Soto y Carlos Pavón, los mejores hombres de los últimos torneos.
Fernández piensa que el plantel “está bien armado, bien estructurado” con las contrataciones de Edson Astivia, Filiberto Fulgencio, Héctor Gómez, Pedro Reséndiz y Richard Báez.
Es tal la confianza, que espera la calificación a la liguilla “y si podemos por arriba de todos (líder general), pues mejor”.
-¿Qué tanto afectará al Celaya la salida de Pavón (al Morelia) y de Luis Fernando Soto (al Santos), considerados los jugadores más importantes de los últimos torneos?
-Soto sí fue muy importante la temporada pasada. Pavón no, lo fue hace dos torneos. Pavón no produjo goles y aunque reconocemos que es un gran jugador, ya no tenía ganas de seguir en el Celaya. Lo manifestó haciendo nada más ocho goles, cuando un año antes había logrado 26. Con ocho más que hubiese anotado habríamos llegado a la liguilla. No es una situación para alarmar. Hay equipos que sustituyen a 80% de sus jugadores, mientras que el problema del Celaya será sustituir a dos.
Piensa que el Celaya tiene uno de los costos operativos más bajos de la Primera División, similar al del León e Irapuato.
“Que el propietario de cada equipo sea más o menos rico no tiene nada que ver. Irapuato y León tendrán ingresos muy similares a los nuestros y si sus propietarios les meten mucho dinero, pues es una ventaja. Irapuato compró como 12 jugadores en el draft. Y me pregunto, ¿cuánto ganan Isaac Terrazas o Berti? Los ingresos que tendremos los tres equipos son similares, aunque quizá tengan más egresos.”
-¿Tiene usted socios?
-No, soy yo solo.
-¿Puede un solo socio con la carga financiera de un equipo?
-Depende de cómo se trabaje. Lo nuestro es producir y vender jugadores. Este año vendimos dos, uno de ellos, Luis Fernando Soto, producido por nosotros porque a pesar de su gran calidad llegó al Celaya cojo y duró dos años cojo. Se rehabilitó y salió adelante. Nosotros apostamos a su recuperación y ahora lo pudimos negociar bien. Pavón llegó a un costo y lo hemos vendido en una cantidad superior. El año pasado vendimos a Pinheiro (al Cruz Azul) y a Iván Hurtado (al Tigres). Vendemos a unos y compramos a otros más baratos y ahí vamos.
Destaca que siendo socio único hay que estar muy atentos a las negociaciones porque “la chequera no es sinónimo de eficiencia” y que para muestras están los equipos de Monterrey, que el torneo pasado hicieron grandes inversiones, crecieron su nómina y no calificaron.
Los tiempos de grandes contrataciones en el Celaya ya se acabaron. Reconoce Fernández que traer a Emilio Butragueño, Miguel González Michel, Hugo Sánchez o Martín Vázquez les dio resonancia internacional, pero que ahora eso ya no es posible porque “antes éramos siete socios y ahora sólo quedo yo. Además, traer figuras consagradas, es muy halagador, pero no tienen valor de reventa”.
Recuerda que el primer año con Butragueño “hicimos 53 puntos, fuimos subcampeones, pero el segundo hicimos 33 puntos y el tercero sólo 28. Por eso estuvimos el año pasado al borde del descenso. Mientras que los siguientes años, ya sin Butragueño, Celaya hizo 47 y 38 puntos. En los últimos cuatro años, estando yo solo como accionista, hemos hecho más puntos que antes. Y con inversiones menores”.
Celaya también se desprendió, con la venta de Soto y Pavón “de los jugadores más caros de la nómina”. Esta vez los costos por ese concepto serán muy parejos. “Los jugadores que se incorporaron vienen en busca de hacerse de un prestigio. Me imagino que en un par de años podrán cobrar mucho y venderse mejor”.
-¿Cuál será el costo operativo del Celaya este año?
-Parecido al del León, pero cuatro veces menor al de Tigres. Hablar de millones de dólares o millones de pesos no tiene sentido. Un jugador importante que llegue a Celaya tiene que adaptarse a ganar 30 o 35% menos de lo que ganaba en un equipo de los llamados grandes.
Explica que no se pueden regular los costos en México “mientras haya descenso, porque el futbol es el único negocio donde las grandes instituciones no buscan resultados económicos, sino resultados deportivos, al costo que sea. Hablar de las grandes cerveceras, las cementeras, las televisoras, las universidades, etcétera, es hablar de que persiguen el éxito deportivo. Perder más o menos dinero, no les afecta. Es diferente a nosotros porque si perdemos dinero, quebramos. Soportamos en la medida en que las pérdidas sean anuladas al año siguiente con la venta de algún jugador, hasta equilibrar las cosas”.
-¿Qué ofrece el Celaya a su afición para los dos torneos cortos que se avecinan?
-Lo que ha venido haciendo: buen futbol. Es un equipo propositivo. Gana o pierde con todos. Pondremos futbol, mucho esfuerzo, sacrificio, dedicación para ser un equipo competitivo.
-Antes dio la oportunidad de debutar a Rubén Omar Romano. ¿Por qué ahora Luis Flores como entrenador?
-Uno no puede tener un técnico como Ricardo Ferreti o Ricardo LaVolpe. A mí me gustaría tenerlos, no soy tonto. El problema es que soy pobre…
-¿Por qué está usted en el futbol?
-Por dos cosas: porque me gusta el futbol y porque quiero ganar dinero. Hasta ahora no he ganado, pero como esto es un equipo de futbol, a lo mejor a la hora de venderlo gano dinero. Este año hubo varios que querían la franquicia. Vendiendo la franquicia no sólo equilibraría la balanza, sino que me dejaría dinero. Mientras se tiene es cuando se sufre. Pero al venderlo se absorben las pérdidas y hasta se consigue utilidad. Es como una alcancía. Pero algún día, si ya no puedo, pues lo venderé.
-¿Ha estado cerca de dar ese paso?
-Estoy en ese paso. Me detiene un poco que hay que pensar en una decisión que concilie la ética y la economía. Si queremos ser éticos no podemos quitarle el equipo a la afición de Celaya. Y si queremos sólo dinero hay que ejercitarlo. Lo ideal es encontrar una solución ética y económica. Mientras a uno le sobre fuerza, hay que seguir. Pero si hoy hubiese gente en Celaya que lo comprara, yo se lo vendería. Si el comprador fuera una televisora, una cervecera, o una cementera, que se comprometan a mantenerlo en Celaya y lo vendo. Y hago un descuento importante.
-¿Por qué lo mantiene ahora?
-Por orgullo propio y por solidaridad con el pueblo de Celaya, que lo ha convertido en un símbolo de la ciudad. La gente lo siente suyo y de alguna manera lo es. En lo económico yo absorbo las pérdidas, pero las derrotas nos duelen a todos por igual.