Evocación y heridas

Miguel Angel Flores

En el año de 1967, con el pie de imprenta de Libros Escogidos, se publicó el libro de Francisco Cervantes Los varones señalados. Fue un libro que no entró en el gran circuito de la distribución, y por ese motivo pasó casi inadvertida la singularidad de Cervantes dentro del ámbito de la poesía mexicana. Las características de esa singularidad son, fundamentalmente, el interés de Cervantes por la lengua portuguesa y la elección de temas poco frecuentes en nuestro medio. De hecho, el primer libro de Cervantes estaba compuesto por dos cuadernos de poesía: el que lleva el título del libro (Los varones señalados) y La materia del tributo.
La verdadera divulgación de la obra poética de Francisco Cervantes se inició con su libro Cantando para nadie (Joaquín Mortiz, 1982) al que se le otorgó el premio Xavier Villaurrutia. Ahora la editorial Fondo de Cultura Económica nos da la oportunidad de tener acceso a la poesía completa de este extraordinario poeta*. La lectura del libro revela sobre todo la fidelidad de Cervantes a su mundo poético.
En otras épocas, que algunos dicen que fueron más felices para la poesía, los hechos que llamaban épicos ocupaban los renglones de los poemas. En los campos de batalla se tejía y destejía el destino de muchos hombres. En los campos de batalla regía un código de honor del que se buscaba ser digno. Valor, fatiga, destreza, acciones que culminaban en la experiencia del combate, que más tarde se convertía en la materia verbal de los juglares, de los poetas, en cantos de dolor y alegría. Y hubo también el impulso por adentrarse en zonas ignotas donde el manejo de la espada era la señal de la supervivencia. Bajo la invocación de Camoes (As armas e os baroes assinalados), fundador de una de las más vivas tradiciones poéticas, Cervantes nos remite a algunos fragmentos de la Edad Media. El poeta no reconstruye una época. Nos da la versión muy personal de ella. El mundo de caballeros que tiene por ocupación la guerra, le proporciona un motivo para interrogarse sobre los eternos temas de la poesía: amor, muerte, sueño, mitos, búsqueda de identidad. Sus versos están escritos con el acierto de quien sabe establecer correspondencia que elevan la potencia de las palabras:
acaso su espada se negará a salir de su
(vaina
ajustándose a los filos
como debe ajustarse al cuerpo suyo su
(armadura
primer anticipo de la tumba
que la tierra ajusta a la memoria de
(los muertos
Sobre tantas batallas, sangre derramada, victorias y derrotas, se eleva el recuerdo de un cuerpo.
y entonces la canción se escucha lejana
(y vuelven
los ecos de campañas de lanzas y flechas
(y culebrinas
Si bien es cierto que en la poesía de Cervantes hay un amplio espacio para la lírica, los lejanos rumores de la época se hacen presentes en el canto. Existe también la epopeya de las emociones. La recreación de los cantares de gesta desemboca en una honda nostalgia que impregna el canto de amor:
Señora, oídme.
Tendidas, sueñan las heridas.
Expuestas a la sal de mi soberbia.
No llanto, no palabras.
Acaso una oración,
Súbita
Como tu imagen en las olas
Que se deshacen en mi pecho
Como los sueños se deshacen,
Cenizas que ondean ya para nadie.
Cervantes ha elegido inscribirse en la tradición de la saudade, palabra que resume una visión muy particular de la vida, de la consideración de los hechos pretéricos que arden en la memoria del poeta. Saudade, palabra sin exacta correspondencia en nuestra lengua. Es algo más que nostalgia, algo más que la evocación de nuestras vidas. Acaso esa insuficiencia haya dictado a Cervantes la necesidad de apropiarse de la lengua lusitana para dar riqueza y consistencia a su canto. El portugués le da el tono arcaico deseado por su poesía. Es una forma de ser fiel a un origen común. Es una forma también de enriquecernos:
Pela porta pela janela
Chega o barloa teu/
Sant-Iago de Compostela/
Saudades do povo meu.
*Francisco Cervantes: Heridas que se alternan. Fondo de Cultura Económica; México, 1985. 307pp. (Letras Mexicanas.)