La impudicia de Padilla

Vino a Guadalajara el Montu (Movimiento Nacional Tecnológico Universitario) y sesionó en el auditorio Telmex, como debe ser. Fueron dos días de sesudas encerronas para hilar sobre la inmortalidad del cangrejo.
Dieron a su encuentro el pomposo nombre de “Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología”. La comuna necesitará ríos, océanos de tinta, trabajada por hermeneutas avezados, para entender sus abstrusas conclusiones, tan alejadas del mundanal ruido, cual suelen ser los oráculos de científicos y chamanes.
Resulta una especie de blasfemia que tan hondos y serios planteamientos hayan sido formulados en el mismo auditorio que utiliza el dueño para dar rienda suelta a la farándula insulsa. También lo emplea o lo presta para que sirva de trampolín ad hoc y se lancen al ruedo los suspirantes al ramplón mundo anodino de nuestra política chocarrera. Tal vez por aquí vaya la cosa con esto de los misterios del tal Montu.
El secretario general de este susodicho Montu, Arquímedes Oramas Vargas, fue explícito. El congreso pretende incidir en la propuesta educativa de la plataforma electoral del PRI para 2012. No se oye tan desinteresado y abstracto entonces su accionar. También dijo que buscan colocar a su gente en puestos de mando del sistema educativo nacional, incrustarlos en la planilla de Peña Nieto. La pretensión tiene nombre y apellido. Uno de los rectores presentes destapó a Trino Padilla López para la titularidad de la SEP.
Una cosa es que Trino resulte fiel títere en los hilos de su hermano Raúl y otra bien lejana que cubra el perfil requerido para esta aspiración manifiesta. Una cosa es que la constitución vigente le avale su interés legítimo, como ciudadano, por llegar a tales puestos de gobierno y otra, muy ajena, que posea los tamaños suficientes para desempeñarse en dichos puestos. Trino, puesto al servicio de los aviesos intereses de su hermano, ha resultado un excelente mozo de estribo. Pero Trino al frente de bizarras responsabilidades, donde hay que dar de sí mismo, se desfondará a las primeras de cambio. Su propio historial político lo delata.
No le estaría de más a Raúl un poco de cordura y recato. En su puja actual por trepar a su hermano a espacios de poder, a donde él mismo no ha podido llegar, le vendría bien una serena reflexión. Más disparatado resulta su conato de volver a impulsar a su primo hermano, Leobardo Alcalá Padilla, involucrado en el escándalo de la herencia maldita, en el que desaparecieron como por arte de magia los 800 millones de dólares, que los dueños de la Pepsi Cola le habían dejado a la Cruz Roja y al Hospital Civil. Con tal estigma al hombro, la cuesta de la carrera política es más pesada.
Pero quedémonos en Trino. Éste, por su propia cuenta, es incapaz de ganar una partida de canicas. Prueba más que palmaria de esta afirmación fue su derrota electoral estudiantil en 1981, cuando contendió por la presidencia de la sociedad de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras frente a Javier Hurtado. Raúl permitió que se la jugara. Tal vez la pensaron fácil, pero no le vio ni el polvo a Hurtado.
Mas Raúl necesitaba hacer llegar a su hermano a la presidencia de la FEG. Los estatutos de ésta exigían el requisito de haber sido presidente de una escuela. Al año siguiente, ante Misael Gradilla, el panorama le pintaba otra vez triste a Trino. Iba a volver a perder. Raúl tuvo que negociar. Sentaron a Misael, hubo planilla única y Trino “ganó” la presidencia. Luego llegó a presidente de la FEG, también por planilla única. Por planilla única fue luego rector. Y alcanzó la diputación federal por la vía plurinominal del PRI. De otra forma no la hace. Lo que dispute lo pierde. No es de creerse que quiera ser candidato a gobernador. Si enfrenta a Alfaro, éste lo va a hacer tambache, con todo y Raúl, su hermano; y con todo el PRI, sus mañas y sus mapaches. Por eso le anda buscando su hermano otra salida.
La FEG hizo rector a Raúl en 1989. Para 1995 concluiría su mandato. Pero no quería irse. Se quedaría en los controles si podía mangonear a trasmano a sus sucesores, como lo ha hecho hasta hoy. El primero fue Víctor González Romero, quien le resultó una dócil e inofensiva marioneta. A pesar de ello, le impuso a Trino como secretario general. Cuando Víctor dejó la plaza, Trino pasó a ocupar la rectoría sin empacho ni tos para nadie. Dieciocho tersos años de rectoría continuada de Raúl. ¿Algún día de esos seis años fungió acaso Trino de rector? Los hechos hablan por sí solos. Él ha estado presente en los enjuagues, porque representa mejor que nadie los intereses de su hermano.
Para seguir vivo en la faramalla política al salir de la rectoría, su hermano le inventó un juguetito raro, llamado “Centro de estudios de gobernanza” o algo así. A pesar de que aquello fue apadrinado con bombo y platillos, no sirvió para nada, porque nada ha producido. Ahora le apadrinan su aspiración a titular de la SEP, a gobernador del estado o, ya de perdida, a senador. Trino está para lo que su hermano guste mandar. De acuerdo con esta lógica, sirve lo mismo para un barrido que para un regado, aunque no sirva para nada. La impudicia de Padilla se mide por el ruido mediático, por el oropel funambulesco, nada más. Para eso, se pinta Raúl solo.
Lo de “la gobernanza” no le funcionó a Trino, porque para cosas de estudio hay que tener cacumen y saber masturbar la neurona. Pero hay camino trillado por el que se puede acortar vereda. Una de ellas es el tránsito por las curules del PRI. Raúl le había prometido lazos, arras y velos virginales al PRD. No obstante, preñó al PRI estatal con un embarazo no deseado y así nació Trino, su hermano, a la vida pública nacional como diputado federal, sin que haya movido él mismo un solo dedo para conseguirlo. De la misma forma, ya en el Congreso de la Unión, lo sentó su hermano en la presidencia de la Comisión de Educación.
Ahora pretende Raúl extorsionar a Peña Nieto para que coloque a Trino en la SEP, si ganara el copetón la contienda. Sea la SEP, venga a la senaduría o salga de candidato al gobierno de Jalisco, que no ganaría, ninguno de estos pasos políticos responde a los intereses de los electores de nuestro estado, sino a la continuidad del personalísimo y familiarísimo proyecto de Padilla López. Pero, ¿le importa acaso esta dislocación, este distanciamiento del ejercicio de los puestos públicos con las exigencias ciudadanas? Ya es tiempo de frenar de tajo tal distorsión carnavalesca, dictada por la desvergüenza política. Algún día y por algún lado hay que empezar.