Un grupo de humanistas como la Compañía de Jesús es desterrado de la Nueva España en 1767 por órdenes del rey Carlos III, con lo que la monarquía absolutista española se impone sobre el universalismo de Roma.
La expulsión, obra de teatro escrita por José Ramón Enríquez y dirigida por Luis de Tavira, aborda este hecho histórico y lo enriquece con la vivencia escénica. El ejercicio de poder, el racismo, la violencia y la represión son problemáticas que acontecieron a los jesuitas en ese periodo histórico. Muestran nítidamente la mentalidad del siglo XVIII, pero nos remite inmediatamente a nuestro presente.
En la primera parte de La expulsión la corte española discute, expone y decide el retiro de los jesuitas no sólo de la Nueva España sino también de todas sus colonias. El autor ubica el eje de la historia de la Compañía de Jesús en un joven que hace sus votos en Tepoztlán, recorre varias regiones del país y vive el destierro. Junto con dos pensadores y educadores fundamentales de este grupo religioso, Francisco Javier Clavijero y Francisco Javier Alegre, José Ignacio se traslada a Europa. Estos humanistas contribuyen a modificar la visión que se tenía de los indígenas y visualizan un nuevo concepto de mexicanidad. El periplo de José Ignacio continúa en Rusia –cuando el Papa decide suprimir a la Compañía de Jesús del orden católico– y cierra nuevamente en México en 1828 cuando muere. Este periodo de medio siglo que contiene la obra es acompañado por la vida de las monjas en el Convento de Santa Catarina de Puebla y un coro que, a la manera de coro griego, representa el decir de los jesuitas.
De Tavira y Enríquez, convocados por Enrique González Torres, S.J., vuelven los ojos a sus orígenes y recrean el viaje exterior e interior de la Compañía de Jesús para reflejar una época, una ideología y un sistema político que vive el tránsito de ser colonia a país “independiente”. A lo largo de la obra los personajes van cobrando importancia y nos adentramos poco a poco en sus inquietudes, preocupaciones y sus conflictos en la toma de decisiones. Los vemos como grupo pero, en el recorrido, se nos descubren como seres humanos. Emilio Echeverría, Miguel Flores, Blanca Guerra, José María de Tavira y Antonio Rojas son algunos de los actores que participan en esta puesta en escena junto con el tenor Evanivaldo Correa y el Ensamble Coral.
La escenografía, diseñada por Jesús Hernández, consiste en un gran espacio gris aluminio que, con un mínimo de objetos representativos de la época, nos ubican en los 13 lugares donde sucede la historia. Desde España hasta Italia; desde Tepotztlán hasta Veracruz. Algún mueble, un aditamento y hasta un telón pintado reflejan la sacristía, el noviciado, la biblioteca, el Paraninfo, entre muchos otros. Philippe Amand dimensiona el espacio a través de la iluminación.
Con módulos, escaleras, gradas y paneles, la dirección escénica juega con los niveles, la perspectiva y la profundidad. Los personajes, y su relación con el espacio, crean el movimiento visual, proporcionando imágenes que, con un mínimo de acción, impacta a la vista.
La expulsión, cuyo estreno se realizó en el Teatro Jiménez Rueda y se presentará en diferentes partes de la República, aborda un fragmento de nuestra historia poco conocido y vuelve evidente un sistema de poder donde predomina el autoritarismo. Un pasado que a través del teatro adquiere una actualidad que nos lleva a la reflexión.








