Otto Granados
Cuando Gabriel Careaga publicó en 1974 su estudio Mitos y fantasías de la clase media en México utilizaba en el capítulo dedicado a la “estructura familiar”, lo que la investigación sociológica ha dado en llamar “estudio de caso”, al analizar los modos de comportamiento de quince familias colocadas en diversos sectores de la ciudad de México. Careaga continuó con sus investigaciones sobre este tema y en Los Universitarios (nos. 73-74, junio 1976) apareció un fragmento del libro Biografía de un joven de clase media, el actual acaba ahora de editarse por Joaquín Mortiz y en el que la técnica metodológicas aprovechada es precisamente el “estudio de caso” al proyectarlo sobre el desarrollo y evolución que un joven de clase media experimenta a lo largo de los años.
El autor ubica a Omar, el joven clasemediero, en términos de la frustración política, social y sexual al anticipar en las primeras páginas del libro, que durante esos años se observará “el surgimiento de una personalidad contradictoria y conflictiva” dentro de un capitalismo competitivo que no ofrece alternativas viables en términos sociales. Careaga afirma que en rigor, la clase media “es heterogénea, es amorfa” y en este unto es prudente señalar lo equivocante que a veces resulta el concepto “clase” y más cuando se aplica a grupos tan “heterogéneos” como los que constituyen las clases medias. De aquí la necesidad de hablar de clases medias y no de clase media, precisión que el autor omitió establecer.
Las primeras constantes en las que le personaje se ubica, son trazadas en términos de actividad erótico-sexual desarrollada en compañía de “amigos de la infancia” y asechada por la rígida vigilancia de unas autoridades conservadoras, tradicionalistas y clericales, como las que privan en la mayoría de las escuelas particulares; en este sentido, Careaga fundamenta la conducta clasemediera en, básicamente, dos planos: la fantasía erótica y sexual del protagonista y su delirante afición por la música rock como válvula de escape de los espacios reales. Omar se inicia por esa misma época en las visitas a los “California Dancing Club” y lugares similares, oscilando siempre entre la forma de practicar su sexualidad y llenar su tiempo de vacuidades como soporífero a sus “neurosis”. Por otra parte, va perdiendo cierta ingenuidad que lo caracterizaba, al ingresar a una secundaria oficial en la que por fuerza tiene que convivir con adolescentes de escalas sociales inferiores a la suya. Tiene importancia indicar que en esta coyuntura Omar va adquiriendo ese “feroz individualismo” que identifica a las clases medias y que sólo puede alcanzar una participación solidaria o colectiva, a nivel de pandillas o clubes, pero nunca de otra forma. De igual manera, el personaje empieza a sentir las desintegración de la estructura familia, tan criticada por Careaga, y a observar la evolución mediatizada del “matrimonio tradicional”.
En términos políticos, Omar vive la conmoción de los movimientos estudiantiles de los movimientos de 1968 y 1971, que lo llevan a reflexionar acerca de la efectividad del sistema político mexicano y solo le hereda un profundo escepticismo ante un sistema “derrumbado y corrompido”, aunado a la demencia que conlleva un marxismo dogmatizado que, a juicio de Omar, es el practicado en sus círculos estudiantiles. Con certeza, Careaga critica el voluntarismo verbalista que maneja la extrema izquierda a base de alardes y conductas intrascendentes, lo que en lugar de ser unificador es divisivo y, ni con mucho, coadyuva a realizar un verdadero cambio político y social. El personaje tiene ante sí la necesidad de elegir la carrera a estudiar y, como los demás jóvenes de clase media, sopesa las opciones en función de los beneficios materiales que puedan proporcionarles, con todo lo que ello implica: admisión en círculos “sociales”, arribismo en términos profesionales y, por qué no, políticos y de “high society”, pero siempre dejando de lado la formación que hubiese podido tener de una conciencia histórica y social. Es en esta articulación donde el autor retrata la paranoia colectiva que “una ciudad caótica y ultraconflictiva” produce en la mentalidad de las clases medias y que converge en dos posibilidades: o se es el “soñador triunfante” con el riesgo de vacío que a la larga lleva, o se es el neurótico derrotado, sin intereses existenciales y destinado a vivir (?) una realidad “gris y chata”.
Es significativo que, tal vez para abundar en el extravío histórico y existencial de las clases medias, Careaga reproduce íntegramente los pensamientos de Omar en dos momentos distintos (pp. 45 y 147) y, por otro lado, tiene también relevancia apuntar la dicotomía en la que el autor se mueve para ubicar al joven de clase media; esto es, en primer término, las características del personaje han sido desprendidas de un clasemediero que vive en el Distrito Federal y que estudia en la UNAM, pero no todo miembro de esta clase vive en la capital y estudia en la Universidad. En segundo lugar, y lo hemos observado desde Mitos y fantasías de la clase media, Careaga utiliza casi siempre para dilucidar determinado planteamiento personajes masculinos y relega a la mujer a un espacio particular y específico. Ambas constantes deben percibirse con reservas para una mejor comprensión metodológica.
Por lo demás, Omar ha terminado la carrera, recibe más ingresos, está a punto de terminar la maestría y se prepara a irse becado al extranjero. El autor nos presenta a un Omar etiquetado como héroe que “se encuentra en el umbral de un nuevo tipo de alternativa que le permitirá tener una conciencia histórica y políticamente comprometida de la sociedad que le ha tocado vivir”. Con los ajustes que el estudio obliga a realizar, el libro de Gabriel Careaga se acomoda en un plausible renglón de la investigación sociológica contemporánea.








