El campo se ha estancado luego de dos décadas de paulatino deterioro. Las fuertes inversiones en infraestructura sólo beneficiaron a un pequeño sector de la población rural, mediante la intermediación y el mecanismo de los precios, invirtiéndose en actividades más lucrativas para la empresa privada, reconoció el subsecretario de Planeación de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, Gerardo Cruickshank.
Además de la descapitalización, contribuyó a esta situación –que afecta a 40% de la población económicamente activa del país– la baja en la década de los 60 de la inversión y el crédito para el campo, lo que originó el estancamiento de los precios y el fin de los estímulos a la producción agrícola.
Las consecuencias han sido el incremento explosivo de la población, los crecientes niveles de desempleo y subempleo, la enorme migración a las ciudades o al extranjero, el estrechamiento del mercado interno, los bajos niveles de ingreso, vida, tecnología y productividad, al igual que la falta de organización e integración de las actividades agropecuarias.
Para superar el problema, Cruikshank propuso la creación de complejos agroindustriales en forma de cooperativas de autogestión, autofinanciables, que sin asalariados ni intermediarios abarquen desde la producción hasta la industrialización y comercialización.
Coordinadamente deberá funcionar un organismo nacional que compre los productos y al mismo tiempo abastezca de factores e insumos de producción.
La creación de las agroindustrias permitirá planear las actividades agropecuarias y silvícolas; impulsar la organización de los productores; elevar los niveles de tecnología, con un mejor aprovechamiento de los recursos naturales, humanos y de capital; evitar las fuertes mermas y desperdicios de productos perecederos; aumentar la producción: crear nuevas fuentes de empleo, que fortalecerán el mercado interno, y arraigar a los campesinos en su tierra, con el consecuente alivio a la presión demográfica en las ciudades.








