Elenco político

Miguel López Azuara

Pemex se endeuda, pero subsidia
El gasoducto cambia de dirección
Los diputados guardan las apariencias
El 18 de marzo pasado, aniversario de la expropiación petrolera, el ingeniero Jorge Díaz Serrano informó que Pemex había captado recursos por 51,000 millones de pesos, en tanto que sus erogaciones sumaban 72,600 millones de pesos. Los números rojos son 21,600 millones de pesos.
En el mismo ejercicio Pemex obtuvo financiamiento por 21,000 millones de pesos.
Una de las causas del déficit es el precio ridículamente bajo –26 centavos el metro cúbico– a que el gas se vende a las empresas industriales en México, en comparación con el que se pretende exportarlo a los Estados Unidos –2.12 pesos el metro cúbico, es decir, casi ocho veces más…
El propio Díaz Serrano acaba de anunciar que los precios nacionales del gas, la gasolina y productos similares no serán aumentados.
Pemex financiará su desarrollo con la venta de gas, directamente de los yacimientos de Cactus, Chiapas, a Texas, para lo cual aumentará sus deudas en 23,000 millones de pesos.
Pero como no existe la certeza de que el gobierno norteamericano acepte el precio concertado en principio con las empresas privadas estadunidenses y el gasoducto ya comenzó a ser construido, el proyecto ha recibido otro cariz.
El gasoducto se llama ahora Línea Troncal Nacional de Distribución de Gas Natural de Cactus Chiapas a San Fernando, Tamaulipas, con ramales a Monterrey, Nuevo León y Reynosa, Tamaulipas.
Es decir, si por alguna razón los Estados Unidos dicen no, haremos una gran inversión –23,000 millones de pesos– para llevar gas de Chiapas “a lo que geológicamente se conoce como el Golfo de Sabinas, la tercera nueva provincia petrolera de gran magnitud con que se cuenta y que es una región de unos cincuenta mil kilómetros cuadrados localizada entre las ciudades de Nuevo Laredo, Tamaulipas y Monclova, Coahuila”, según dijo el propio Díaz Serrano el miércoles 26 en la Cámara de Diputados.
Díaz Serrano va a hacer un gasoducto de 3,500 kilómetros para llevar gas de Chiapas al norte, donde abunda el gas, en lugar de iniciarlo en Coahuila, pegada a la frontera con EU. Ante el riesgo de que el negocio falle, no aplaza la obra, sino que pretende justificarla con el pretexto de llevar gas al gas.
Naturalmente, en Coahuila hay que cuantificar los yacimientos y explotarlos. Pero a ello podrían destinarse los recursos que ya ha comenzado a absorber el gasoducto, inclusive el pago de 3,500 pesos por hectárea cultivada, como indemnización arbitrariamente exigua.
Embarcados ya en la construcción del gasoducto, vemos ahora cómo los norteamericanos –aún no comprometidos– comienzan a regatear el precio. Terminado el gasoducto, estaremos en condiciones más precarias para imponer el precio. Simplemente, nos habremos atado a un sólo comprador.
Siempre podremos cerrar la llave –espero– aunque entonces no se vería el sentido de la cuantiosa inversión realizada no con nuestros propios recursos, sino con préstamos que habrá que pagar, en buena parte, a los Estados Unidos.
Quizás el ingeniero Díaz Serrano esté satisfecho por el resultado de su comparecencia ante la Cámara de Diputados. Pero no debemos engañarnos. Aún –acabamos de verlo– no hemos llegado al momento en que los diputados asuman su función fiscalizadora, y no se queden en las meras apariencias.