Pedro Zorrilla Martínez En Nuevo León, nostalgia de poder y resistencia al cambio

José Luis Uribe

MONTERREY.- A ojos de Pedro Zorrilla Martínez, detrás de la crítica situación que atraviesa Nuevo León se vislumbra un panorama halagüeño, a pesar de que “tendremos que seguir viendo con cierta mortificación la nostalgia de los viejos políticos, losa viejos empresarios y el viejo periodismo”, que mantienen una “resistencia visceral al cambio” y no se acomodan a la idea de la imposible repetición “del esquema demoliberal burgués que en décadas pasadas los volvió poderosos”.
En una extensa charla con Proceso, el gobernador de Nuevo León admite que “es claro que hay intentos por condicionar las cosas y las actitudes gubernamentales, no tanto en contra de los intereses de pequeños grupos, que no son sino muy exiguos con relación al sector empresarial e industrial y además muy poco representativos”.
Zorrilla Martínez cree que los grupos económicos de mayor poder en Nuevo León tratan de volver al pasado, “más por nostalgia que por pretensión perversa, la que no existe porque yo he advertido buena fe, en estas concepciones ideológicas y en estas reminiscencias de tiempos idos”.
Inclinado a la disquisición teórica, el mandatario estatal más acosado por la iniciativa privada explica que “quienes tienen gran poderío económico, inconscientemente quieren reproducir –cosa imposible– las condiciones en que se formó el Estado moderno, es decir, buscaría una asiento territorial delimitado y una población bajo su orientación y control normativo”.
Considera que este fenómeno se produce fundamentalmente a través de una lucha visceral realizada más a través de órganos de comunicación social totalmente controlados que mediante las urnas electorales. “La misma razón probablemente sería buena en alguna medida para explicar evidentes controles de sindicatos que sería, toda enorme proporción guardada, la población sujeta a la normativa de estos grupos de poder”.
En la biblioteca de la residencia oficial, situada en uno de los barrios elegantes de Monterrey, el gobernador de Nuevo León elaboró frente al enviado especial de Proceso “un análisis tan a fondo” como no había formulado en ninguna entrevista periodística o acto público, según dijo, en torno a la embestida que grupos poderosos de la iniciativa privada regiomontana han lanzado contra su gobierno.
A Zorrilla le basta la primera pregunta para iniciar una larga explicación del surgimiento histórico de los grupos económicamente más poderosos de la entidad y del país al calor del “largo pero rápido proceso de industrialización del país”.
En el curso de su explicación, atribuye el comportamiento del Grupo Monterrey, al que no alude por su nombre en ningún momento, a “un riesgo de la condición humana que se da en las personas, pero también socialmente en los sectores de una sociedad plural, y es que estos propios sectores busquen con poca visión del panorama general y consecuentemente poca solidaridad como sentimiento, desplazar hacia los demás sectores los problemas de la crisis o acaparar para sí las ventajas de una época de bonanza o de progreso”.
Al mandatario neoleonés le resulta “perfectamente normal” comprender que en esas circunstancias los grupos poderosos “buscasen para sí las ventajas de la época de desarrollo y desplazaran a otros sectores los problemas de una crisis que se presentó mundialmente en 1973 y que terminará hacia 1979″.
La administración a mi cargo –continúa Zorrilla, a quien acompaña en los momentos de la entrevista el oficial mayor Eduardo Segovia Jaramillo– tuvo su ejercicio precisamente dentro de este tiempo y justamente en medio de estas reivindicaciones sectoriales y dentro de esta circunstancia, que en Monterrey es doblemente relevante, de grupos económicamente muy bien guarecidos, buscando a veces, sin ninguna mala fe, desplazar los problemas de una crisis, por creer –y en parte tienen razón– que al admitir en su seno las consecuencias de la situación los haría mancos para colaborar en el desarrollo del país y en la superación de la propia crisis”.
Aquí y en otras partes del país, añadió, evidentemente hubo una “salvaguarda” –realizada de mil maneras– de recursos económicos, por parte de los grupos que los tuvieron propios o ajenos, y una nostalgia en el momento actual de una época afortunadamente superada.
El gobernador manifestó su convicción de que más que planes preconcebidos y “perversos de desquiciamiento social”, se trata simplemente de la repetición, pero anacrónica, de un fenómeno que tuvo que darse hace 25 o 35 años”, de “suplencia de las tareas de la administración pública por parte de los grupos privados.
Zorrilla Martínez expuso que a los intentos de repetir un esquema de desarrollo históricamente superado reaccionaron los grupos sociales organizados de obreros calificados, de estudiantes, de profesionales y de sectores populares heterogéneos, con el propósito de “hacer contrapeso a esta situación auténticamente de prepotencia”.
Aseguró enseguida que esta misma respuesta se registró aun en los propios grupos económicos, “que por lo demás no son sectoriales, ni pueden identificarse como sectores completos sino que son grupos de personas mucho menores a un grupo social”, al ver con asombro y con grave preocupación que en la época actual no podía repetirse el esquema de hace 30 años y que a pesar de ello algunos de los antiguos asesores de los grandes capitalistas insistían en el proyecto.
A juicio de Zorrilla Martínez, el esquema que dio gran poderío económico a breves grupos sociales no puede reproducirse en virtud de que hoy existe una “estructuración distinta, una conciencia social y política diversa y una participación mucho más intensa de los sectores organizados”.
Contribuye a impedir la vuelta al esquema demoliberal aplicado en Nuevo León “una organización administrativa y política que sin duda ha madurado con el país, que sin duda capta muchos mejores recursos económicos, pero sobre todo mejores recursos humanos y los sabe organizar mejor”.
Zorrilla desarrolla una exposición sobre las características de la organización administrativa y política de Nuevo León, para explicar que en base a la existencia de una “combinación auténtica y real de las esferas de gobernantes y gobernados”, se procedió a instrumentar una serie de medidas.
A partir del criterio de que se gobernaría para las mayorías, dijo, las tarifas regresivas del impuesto predial se hicieron progresivas; se denunció la total ausencia de posibilidades de un 47 por ciento de la población regiomontana de adquirir un terreno de 8 por 15 para fincar; se advirtió un manejo enormemente pueblerino del agua potable y los servicios de drenaje; se denunció la incapacidad del sistema de bomberos y de seguridad de las empresas de Monterrey para ofrecer un servicio idóneo a una gran ciudad diversificada y plural de dos millones de habitantes.
Más adelante, el mandatario neoleonés asevera que hay “presiones para que se reformen o no capítulos del sistema tributario nacional; presiones para que se definan de una manera o de otra lo que es la petroquímica secundaria; presiones para que se establezcan o no aranceles proteccionistas”. Son importantes en estas circunstancias, pero solamente circunstanciales en una etapa que puede llamarse histórica para efectos de análisis profundo de la transformación del país, agregó.
El gobernador manifiesta que, despojada de “sensacionalismo y amarillismo intrascendente”, la situación crítica de Nuevo León es fundamental si de alguna manera señala el camino del país, perfectamente trazado a nivel constitutivo, constitucional.
Al mandatario le parece que lo halagüeño de la situación crítica de Nuevo León radica en las generaciones nuevas que tienen un “concepto muy realista de la libertad y una intuición muy concreta del peso y valor específico de los sectores sociales no prepotentes tradicionalmente”.
En este contexto, señala que “problemas que ocupan por inadvertencia, por irresponsabilidad o por afán de distraer y divertir la atención popular de las cuestiones de fondo, tales como los pretendidos pleitos entre el alcalde de Monterrey y el gobernador de Nuevo León, quedan al nivel del polvo que se acumula en cualquier calle pavimentada de la ciudad; no tienen ninguna importancia como le aseguro en mi calidad de gobernador que no tienen porque no existen”.
En otro momento de la charla, Zorrilla –”a mí me ha tocado el privilegio, como universitario, como profesor de derecho y ciencias políticas, y cierto desgaste personal, que me parece muy bien empleado, de vivir esta situación”– explica la relación que existe entre la actitud de los grupos económicos y las próximas elecciones gubernamentales.
Dice: “Sí, claro, es decir, otra vez dentro del incidente tiene que ver con ello. Es evidente. Mire usted, muchos, más de cien escucharon en algunas reuniones últimas de hombres de negocios, hablar de la importancia que para ellos conlleva el hecho de que el próximo gobierno de Nuevo León se integre con quienes tengan en una especial consideración los intereses de esos grupos pequeños.
“Hasta ahí tendrían razón. Yo tengo especial consideración por los intereses de los más grandes empresarios o dirigentes sociales de la comunidad neoleonesa porque creo que el país los necesita y creo además que ellos quieren vivir en un país que quieren colaborar a conformar de una determinada manera que no se aparta mucho en la sustancia de las ideas de libertad y justicia social.
“Pero buscan vías que a mi juicio han sido definitivamente taponadas históricamente y que han derivado siempre a una burocracia que obstaculice la implementación de toda decisión política o a una prepotencia de grupos económicos que degenere en agencias transnacionales que busquen crear condiciones de prevalencia por encima de soberanías populares o de voluntades humanas conscientes…”