Del licenciado Vázquez Caballero

Señor director:

 

El suscrito, abogado por la UNAM desde 1975, litigante y postulante desde tales épocas, profesor en dicha casa y otras universidades desde 1978, le  expresa lo siguiente:

En la sección Palabra de Lector de Proceso 1817 he sido víctima de las calumnias, acusaciones difamatorias e injurias que profiere en mi contra Jaime Alvarado López. Por el respeto a su publicación, contesto negando lo ahí expresado, de manera categórica y rotunda, pues se trata de falsedades e infundios abstractos, propios de quien manifiesta una ignorancia supina tanto del derecho como de los procesos jurisdiccionales.

Esto se suma al hecho de que el autor de la carta es un inveterado calumniador y pretendido inquisidor de funcionarios públicos, autoridades judiciales de todo nivel (incluidos los señores ministros de la Suprema Corte de Justicia), lo cual denota sus conductas antisociales patológicas (cuidado, señor director: usted puede ser, conjuntamente con su conocida revista, el próximo “corrupto” y miembro del “clan de perversos” en las enfermas y esquizoides consideraciones de este sujeto).

La verdad está en los expedientes que este sujeto cita con sus claros despropósitos, y sólo en dichos documentos se conocen los hechos, los cuales están rigurosamente tramitados y estrictamente apegados a derecho.

Debo aclarar que jamás he conocido personalmente ni al señor Ebrard ni al señor Cámara ni al licenciado Ríos Garza, personas a las que, reitero sin conocer, presumo honorables, de modo que por ningún concepto me permito insultarlos ni descalificarlos gratuita y perversamente, como el desbordado sujeto de referencia lo hace en su vergonzosa “carta”.

Allí deja él plena evidencia de su total desconocimiento no sólo de la decencia y el respeto a los demás, sino también de los elementales principios de las áreas jurídicas de la política y del derecho constitucional, como por ejemplo, la división de poderes, la autonomía del Poder Judicial, la independencia técnica del Ministerio Público y principios como “el que afirma está obligado a probar”.

Esto último él jamás lo realiza, pues le resulta más “cómodo” ofender, insultar, denostar y agraviar, como en el pasado lo hizo con el suscrito. Debido a esa actitud se le dejó de patrocinar, lo cual no refiere en su “carta”, pues continuamente “tira la piedra y esconde lo mano”… es la víctima permanente del sistema “corrupto”, como él lo expresa, y después, cara a cara, pide innumerables disculpas, como si fuese inimputable de sus propias bajezas.

Gracias por su tiempo y espacio en su honorable y combativa revista, señor director, y me manifiesto siempre a sus órdenes, si usted lo estima pertinente.

 

Atentamente

Licenciado Luis Adolfo Vázquez Caballero