Jesús Romero Colín proviene de una familia del centro de Tlalpan, Distrito Federal, que es devotamente católica, y como es el hijo más chico, deseaban que fuera sacerdote. Él quería cumplir con esa quimera de sus seres queridos.
La cita es en el quiosco de esa delegación. Se le calculan al joven unos 26 años. Ya en la conversación, externa que ojalá se le dé difusión al documental Agnus Dei, cordero de Dios, dirigido por Alejandra Sánchez y que él mismo estelariza para narrar el abuso sexual que sufrió de pequeño por parte del sacerdote Carlos López Valdés. Espera que mucha gente lo vea, “que no se le pongan trabas, tal vez aquí esté complicado porque la Iglesia católica tiene mucha influencia”.
–¿Por qué aceptó un documental para hablar de lo qué le sucedió?
–Cuando lo denuncié decidí hacerlo públicamente para hacer respetar al niño que sufrió eso, para sacar todo ese silencio de tanto tiempo, y qué mejor manera de gritarlo mediante un documental, un libro y ante la prensa.
Le sorprende que con todas las pruebas que ha mostrado no se pueda avanzar en su caso:
“No sé si este cura tenga algún conocido poderoso que no permita que llegue a la cárcel.”
Lo último que pasó es que el Ministerio Público (MP) adjuntó la averiguación, la mandó al juez y el juez se la regresó porque había fallas en la investigación:
“Es un pin-pon entre ellos y a mí no me dejan avanzar. Ya van tres veces que se le manda al juez y las mismas que éste la regresa. El juez dice que es culpa del MP que no hace bien su trabajo y el MP dice que es culpa del juez que no hace bien su trabajo. No sé si estén de acuerdo o algo así para que yo me canse.”
Sólo busca que a los niños que se topen con el cura no les pase nada.
“De lo último que me enteré es que ya hizo sus oficinas particulares donde la gente acude a pedir que le vaya a bendecir su negocio o a hacer una misa. La responsabilidad de la Iglesia sería difundir la situación ante todos sus feligreses. Se supone que está para proteger a su comunidad.”
Recuerda que Sánchez se le acercó para realizar el proyecto, “aún tenía miedo, a pesar de que ya había hablado, pero dije: va”.
–Su familia aparece en el largometraje, ¿cómo vieron la producción?
–A mi familia les ayudó a liberarse de ese silencio que también tuvieron y de cierta culpa.
–Impacta el enfrentamiento que tiene con su agresor, ¿cómo sucedió?
–Lo estuve buscando porque legalmente tal vez no se va a resolver nada y no me quería quedar así, quería recuperarme, y qué mejor que enfrentándome cara a cara con él. Otro sacerdote me lo contactó.
–¿Sí aceptó que lo filmaran?
–En realidad fue una cámara escondida, no sabe. Fue una charla como de dos o tres horas. Hubo muchos silencios, no me respondió a muchas preguntas que le hice.
“Lo vi como una persona muy enferma. Me dijo que lo que me hizo fue por cariño, pero por cariño no le jodes la vida a alguien.”
Romero Colín estudia psicología en la UAM-Xochimilco. En el futuro se dedicará a dar terapia a víctimas de abuso y trabaja en una imprenta de publicidad.








