La prueba Enlace que se aplicó hace una semana entre nuestros escolares arrojó pésimos resultados en cuanto al dominio de español y matemáticas. Además, puso en riesgo la obtención de estímulos de los maestros de tales alumnos y aún la inamovilidad de sus plazas. Y aun cuando los datos merecen un análisis detenido pues pintan un tétrico panorama para el empleo magisterial, no lo haremos ahora. Mejor detengamos la lupa en otro de sus muchos flecos.
A pesar de la amenaza de naufragio, la inercia tradicional por ingresar al magisterio no decrece; más bien la demanda se mantiene alta. El 31 de agosto último, la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) tomó las instalaciones de la Escuela Normal de Jalisco, con David Castorena, candidato a presidente para su próximo periodo, a la cabeza. Su reclamo exigía el ingreso de 150 solicitantes a la institución. Vale saber que de 2 mil 122 solicitudes sólo fueron admitidos 448, alrededor de 20%. Pero la flota de la federación no es ni la sombra que fue hace dos décadas atrás, cuando su sola mención aterrorizaba vecindarios.
El desvanecimiento de la FEG deriva de dos factores clave. El primero resulta de haber perdido presencia en la UdeG, que era su fortaleza. La mitad del siglo pasado fue el organismo corporativo con que los gobiernos en turno sometieron y manipularon a la grey universitaria. Ésta sabía y entendía que la FEG era escalera obligada al cielo. Nadie que quisiera transitar a la grilla estatal,obtenía patente de corso si no había cruzado por tal traspatio de truculencia.
La FEG reclutaba su flota de entre los universitarios, pero también de entre destacados pandilleros de barrio. El desordenado crecimiento de la ciudad no sabía encauzar por mejores rieles a sus jóvenes. La FEG era una salida. Se volvió trámite obligado para muchos.
El otro factor que otorgaba peso a la FEG se fincaba en estos nexos políticos. Al gobierno estatal le significaba, pues, un mecanismo de control eficiente y dinámico. De la grey estudiantil, antesala de profesionales (abogados, médicos, ingenieros…), le saltaban cuadros calificados al PRI, al inmarcesible e invulnerable PRI de extinta gloria.
La cantera de jóvenes ilustrados que se dedicarían a la grilla se mezclaba con los cuadros que provenían del campo (CNC), de los sindicatos (CTM, CROC), de la arribista clase media (CNOP). Pero también hacía migas con los corsarios y saqueadores de las riquezas del país, que utilizan para sí el eufemismo de empresarios (Coparmex, Canacintra, CCE). Si la FEG no había maleado lo suficiente a sus jóvenes políticos, el contacto con el resto de buitres priistas acababa de rematar la tarea.
El desgaste de la FEG en tantas prácticas innobles corrió parejo con el desplome del propio PRI, su hermano mayor. El salinismo juzgó conveniente mutar los colores del poder federal para distraer la atención ciudadana y evitar conflictos derivados de la irritación colectiva. Así se gestó la entrega del poder a la modosita gente del PAN.
En la UdeG realizó la tarea Raúl Padilla. La FEG lo puso de rector, pero éste, en agradecimiento, le volteó el chirrión y le declaró la guerra. Salinas lo sostuvo contra viento y marea. La federación fue sustituida por un organismo estudiantil análogo, sin nexos con la vieja mafia. Es el origen de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), engendro idéntico a la FEG, que desempeña el mismo juego de desmovilización y de control manipulador.
Pues bien, por órdenes superiores la FEG salió con pitos destemplados de los espacios de la UdeG a principios de los noventa. Mantuvo su presencia en los corredores de las escuelas de educación media y en los espacios de normalistas. Maestros y directivos de escuelas secundarias y normalistas no le hicieron el feo. O no recibieron la consigna de cambiarle rostro, o no se estorbaban. Siguieron cohabitando sin complicaciones de nota. En sus años gloriosos el magisterio había coexistido con el binomio PRI-FEG. Se había habituado tanto a sus modos que no se veía razón para el divorcio.
Ahora vemos cambiados algunos escenarios. En el gobierno hay personajes que vienen del Yunque, de las braguetas persignadas del sinarquismo, clérigos disfrazados de funcionarios, todos tapados con la cobija mocha del PAN, que se deslíe en incoherencias y contradicciones internas. De tales nichos llegan sus personeros a lidiar con maestros de primarias, secundarias y normales. No atinan una.
Al principio enviaron gente valiosa, como a don Efraín González Morfín. Pero con los años perdieron la brújula. ¿Haber enviado al frente de la Secretaría de Educación al comerciante de pastas Maruchan, Guillermo Martínez Mora, y ahora al ingeniero Antonio Gloria Morales, supinos desconocedores del medio? No nos extrañen entonces sus bandazos.
El problema de los excluidos o rechazados no es exclusivo del sistema normalista, ni siquiera es el peor de los baches en que ha caído nuestro modelo educativo. Hay asuntos mucho peores, como se indicó al principio. Nuestro sistema educativo hace agua por todos lados. La barca magisterial mexicana amenaza con naufragar. Como a río revuelto ganancia de pescadores, la otrora invulnerable FEG supuso que era buena bandera para recuperar lauros el salir a la defensa de los aspirantes rechazados. Es buen emblema. Basta mirar el ejemplo de los “indignados”, en España, de los jóvenes sin empleo y sin futuro firme en Francia e Inglaterra.
Más, seguirle la pista a los combativos jóvenes estudiantes chilenos que, izando sus propios reclamos airados en contra del gobierno de Sebastián Piñera, se han encontrado con la gran sorpresa de andar enarbolando de nuevo las viejas demandas democráticas y reivindicativas de la lucha social del presidente Salvador Allende. Los muchachos chilenos están haciendo que la población del país andino hermano se reencuentre con su pasado y recupere lo mejor de su historia.
No es difícil hallar asuntos sentidos para banderas de lucha. Basta con revisarle la agenda al inmisericorde modelo neoliberal que nos atosiga. Pero para encabezar partidas se requiere de ascendencia moral, de la cual la FEG carece. La credibilidad se construye con cristales delicados. A la FEG la condena su propio pasado, pues antaño medró, hizo escarnio, cera y pabilo de cuanta reivindicación abanderó.
Hoy ya nadie da un comino por la FEG, así convoque a conquistar el Santo Grial. A cuatro días de la toma de la Normal por parte de sus agremiados, sin sudar siquiera la camiseta y sin concederle una sola de las plazas exigidas, los antimotines los pusieron de patitas en la calle. Entonces, a otra cosa, mariposa.








