Editorial Planeta pondrá en circulación en los próximos días un compendio de artículos de Javier Sicilia publicados a lo largo de más
de una década en Proceso. El libro toma su título del grito de “guerra” del Movimiento por la Paz, Estamos hasta la madre, un grito que es asimismo advertencia, consigna, programa de acción…
En sus artículos publicados en Proceso –auténticos ensayos que lo ubican a la altura de los humanistas más notables del país y del mundo–, Javier Sicilia vislumbraba lo que más tarde degeneraría en una tragedia colectiva y, lo peor, en una tragedia personal. Lo hacía con dolor, pero con la clarividencia que supone el conocimiento profundo de los gravísimos problemas que mantienen de rodillas al México contemporáneo.
En uno de esos textos, publicado hace dos años, Sicilia consignaba “la violencia del crimen organizado y del Estado contra la ciudadanía, la corrupción de los partidos (…), (y) el sometimiento del Estado a los intereses del mercado” como signos plausibles del “pudrimiento de la vida política” en México.
Precursores en muchos sentidos del grito de “guerra” que hoy enarbola el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad encabezado por el poeta, un centenar de sus artículos se reúnen ahora en el libro Estamos hasta la madre, de próxima aparición en el sello editorial Planeta, en su colección Temas de hoy.
Se trata de un compendio cuyo resultado es asombroso: una suerte de historia de la injusticia en México durante las postrimerías del priismo y los casi 11 años de pesadilla panista; un material, en suma, de espléndida consistencia –pareciera concebido en una sola emisión–, escrito con una prosa diáfana y vibrante, erudita pero asequible, delicada aun cuando el tema abordado sea escabroso y terrible.
“Los textos reunidos en este volumen ofrecen al lector un amplio panorama del pensamiento político de Javier Sicilia sobre un país en vilo: el fallido intento por consolidar una sociedad democrática y, en cambio, el exitoso avance del crimen organizado que ha cobrado decenas de miles de víctimas en una cruenta guerra sin destino; los desacuerdos políticos con el gobierno de Felipe Calderón, así como las diferencias ideológicas con una iglesia –la católica– que no se solidariza con aquellos mexicanos que día a día son violentados en sus derechos humanos”, escribe Rafael Rodríguez Castañeda, director de Proceso, en el prólogo del libro.
Católico él mismo –mas no “rezandero”, como califica a los panistas que hoy detentan el poder político en el país, adoradores frívolos del dinero–, Sicilia ha sido crítico implacable de la jerarquía eclesiástica, convencido de que las escrituras del cristianismo dictan un mandamiento de caridad, de genuina solidaridad con los pobres, con los desvalidos, que la Iglesia tendría que asumir como un deber ineludible.
La impunidad de la que gozó Marcial Maciel, líder de los legionarios de Cristo, aun después de que la propia jerarquía comprobara sus decenas de abusos sexuales; la persecución del Vaticano contra los católicos comprometidos con el trabajo pastoral en apoyo a los indígenas de Chiapas, así como la alianza perenne de la Iglesia con los poderes fácticos, han sido para Sicilia motivo de indignados artículos.
“El rostro social de la iglesia es, como digo, el modelo de las instituciones de la laicidad, tan prostituidas como ella. Lo que, sin embargo, la hace más odiosa (…) es que ha traicionado lo que siempre ha defendido: no sólo la más alta norma moral de Occidente, sino su rostro más acabado, la caridad. Dura hacia afuera (…), sus posiciones frente al condón, el aborto, los matrimonios fracasados, las mujeres y los homosexuales han sido laxas hacia adentro (…). La injusticia de su hipocresía ha sido tan atroz que nada en el orden de lo humano puede calmar el dolor y el escándalo que ha causado”, escribe Sicilia bajo un título que escandalizaría hasta Lutero: La puta casta.
Ahí donde el discurso del escritor pareciera comenzar a acercarse a los terrenos de la visceralidad, acciona el requiebre con la argumentación serena, invariablemente documentada y en no pocas ocasiones autocrítica, pero en todo momento congruente con su propia capacidad de acción: Sicilia activó el movimiento de víctimas de la delincuencia organizada y del Estado más importante del país, y hoy encabeza la Caravana por la Paz que se dirige hacia la frontera sur denunciando los crímenes y atrocidades que se cometen contra mexicanos y migrantes.
En sus trances dialécticos, en sus interiorizaciones místicas y sus sentires sociales, en sus revisiones teóricas, Sicilia se torna antidogmático donde parece dogmático, se vuelve liberal donde se aprecia conservador, donde lo vemos beligerante se vuelve pacifista, donde luce político se torna apolítico, donde parece alineado estalla anárquico, donde irradia candor exhibe malicia…
Contra lo que sus críticos afirman, Sicilia no comenzó a abordar el tema del crimen organizado ni de la violencia de Estado a raíz del asesinato de su hijo Juan Francisco. Hace tres años escribía:
“Nuestro país se desangra y corrompe con el narco. Los dirigentes e integrantes de los cárteles han tejido alianzas familiares y económicas que se han traducido, por un lado, en una fuerte corrupción de funcionarios y de ciertos mandos de las fuerzas armadas y de la policía, y por el otro, en una bonanza económica en distintas poblaciones, muchas de ellas olvidadas por el gobierno. Los cárteles van en camino de convertirse en un poder paralelo…”
Tres años después, el poderío del narco en México está dejando de ser muy rápidamente un poder paralelo…








