Señor director:
El hecho de que el gobierno federal haya invertido 100 millones de pesos, a través de Conaculta y el INBA, en comprar obras de arte de artistas mexicanos, no es criticable, dado que el gobierno pocas veces adquiere obra a los artistas para los museos y éstos viven de préstamos y donaciones de particulares; el problema reside en a quién compró, de qué artistas y qué obras.
Dicha compra –que se realizó de manera discrecional y no transparente, como lo acostumbran los gobiernos sin importar el partido del que provengan– favoreció principalmente al Museo de Arte Moderno, al Museo Nacional de Arte y al Museo Rufino Tamayo, y fue sólo hasta que se solicitó información al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) sobre la compra a empresas y particulares cuando se dieron detalles al respeto.
Además de obras de figuras como Diego Rivera y Frida Kahlo, se adquirieron otras de artistas jóvenes como Enrique Guzmán –a quien se le compraron varias– y Gabriel Orozco, a quien se le compraron cinco piezas(!), lo que va en detrimento de la adquisición de obra de otros artistas nacionales importantes. Parece que más bien importó la cantidad que la calidad…
Queda pendiente conocer los criterios con los cuales las autoridades de Conaculta y el INBA eligieron a los vendedores e hicieron la selección de los artistas y sus obras. Esto, en vista de la fuerte inversión económica que se hizo y que, desde luego, proviene de los impuestos que pagamos los mexicanos.
Benjamín
Artista plástico
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