Señor director:
Quiero agradecer a su semanario Proceso del 28 de agosto de 2011, y por su conducto al poeta Javier Sicilia, por la publicación del artículo El anarquista cristiano.
La terrible tragedia de Monterrey y otras noticias desalentadoras nos llenan de tristeza y angustia; sin embargo, en medio de todo lo negativo y desalentador, el poeta Javier Sicilia ofrece una nota de buena nueva. Qué bien hacen al incluir artículos así. Son una luz de esperanza en medio de tanto dolor, enojo y frustración.
La buena noticia se refiere a la persona de Jesús, quien “…pertenece a la tradición de los profetas hebreos, a esa tradición que fustiga al poder porque traicionan el amor de Dios”. Me supongo que alude tanto al poder oficial como al poder de las organizaciones criminales. El profeta Isaías, contemporáneo de Amós, también decía: “¡Ay de los que dictan leyes injustas y prescriben tiranía para apartar del juicio a los pobres y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo, para despojar a las viudas y robar a los huérfanos!”. (Is.10.1.)
Jesús, como Juan el Bautista, cuestionó y desafió el poder religioso centrado en el Templo de Jerusalén, que se había convertido en “cueva de ladrones”. El perdón de los pecados era ofrecido gratuitamente tanto por el Bautista como por Jesús mismo.
Por otro lado, Jesús desechó el uso de las armas para hacer realidad la utopía del reino de paz que anunciaba. Así condenó el movimiento armado de los zelotas, grupo “nacionalista” que veía con recelo el pago de impuestos para el imperio romano invasor. Criticó la pax romana basada en la fuerza de las armas. Por eso, en contraposición, dijo una vez: “Mi paz les dejo, mi paz les doy; no como el mundo la da, yo se las doy, no se turbe su corazón ni tenga miedo”. (Juan 7.27.) Seguro que Jesús se refería al rico contenido de la palabra shalom, que se refiere a una nueva situación de bienestar, de justicia, pues otra forma de vida es posible con él.
Finalmente, creo que Jesús es el único que puede traer la paz que anhelamos en México, no “reliquias” ni la imagen de un personaje, importante en la historia de la jerarquía católica, sí, pero que no se puede comparar con Jesús el Cristo Viviente.
El escritor católico José Cárdenas Pallares, en su libro Un pobre llamado Jesús, dice: “El poder de Dios, poder de resurrección, poder que destruye la muerte (Marcos 12.18-27), no hay que subordinarlo a los que pisotean y destruyen a los hombres. El Dios de Jesús no está al servicio de los dioses de este mundo, sino que es exigencia de igualdad y de hermandad para todos”.
Otra vez, gracias a Proceso y al poeta Javier Sicilia.
Atentamente
Pbro. J.L. Velazco M.
Pastor presbiteriano








