Pese a las declaraciones oficiales de que se debe promover el deporte como una forma de integración social y para evitar que la juventud caiga en los vicios y la delincuencia, las autoridades deportivas han ninguneado a los Juegos Nacionales Populares. El coordinador de esta justa, José Mora, señala que mientras no se aliente a los jóvenes, sobre todo a los marginados, para que puedan realizar actividades que los enaltezcan, no debe sorprender que la sociedad produzca sicarios de 14 años.
Los Juegos Nacionales Populares, evento cumbre de los deportistas marginados del país que desde su inframundo luchan contra el alcoholismo y la drogadicción, llegaron a su cuarto año de vida pese a todas las adversidades que enfrentan, entre éstas el desinterés de la clase política.
Prueba de ello es que Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, comunicó al comité organizador que no acudiría al evento, un mes antes de recibir la invitación.
El gobierno del Distrito Federal no es la excepción. A Marcelo Ebrard se le acusa de no esforzarse por incrementar el presupuesto del deporte. “Le vale un pepino: también preside el Consejo Ciudadano del Deporte, pero ni siquiera se ha asomado a las dos reuniones a las que lo hemos invitado”, asegura el coordinador del certamen deportivo, José Mora.
Ahora se agregan nuevos capítulos controversiales a la larga lista de agravios que desde sus inicios acompañan a estos Juegos Nacionales Populares, entre los que destacan acusaciones por presunta corrupción de las autoridades.
He aquí algunos ejemplos: el pasado 19 de julio, un grupo de 10 jóvenes deportistas, entre ellos cuatro campeones estatales de Guerrero, fueron desalojados –mientras entrenaban– de las instalaciones del Centro de Integración y Convivencia Infantil (CICI), de Ciudad Renacimiento, una de las colonias más marginadas y conflictivas de Acapulco. La orden fue girada por la directora del centro, Norma Maravilla Sánchez. “¡Se me van ahorita mismo!”, sentenció.
El entrenador de los deportistas Albar Manuel Mézquita encaró a la funcionaria y le pidió que explicara su postura. “Es que usted no pasó a arreglarse”, le respondió.
“¿De modo que de eso se trata? Y cuánto desea que le dé para utilizar el área. Necesito que me diga la cantidad del pago. Usted está lucrando con las instalaciones, ya que nosotros limpiamos el lugar: quitamos todas las heces, las ramas y la basura acumulada para tener en condiciones este espacio de entrenamiento”, le reprochó el entrenador.
También le dijo que los jóvenes no podían pagar ninguna cantidad y le recordó que su manera de proceder no era la adecuada.
Enfadada, Maravilla Sánchez dio la media vuelta, pero antes amenazó: “hágale como quiera, pero no lo quiero ver aquí con sus jóvenes”.
Aunque Mézquita reconoce que nunca acordó con la encargada del CICI el pago de alguna cuota, comenta que durante las vacaciones pasadas se organizaron cursos de natación y taekwondo con un costo de 450 pesos.
A José Mora, coordinador y principal impulsor de los Juegos Nacionales Populares, le sorprendió que dos días después del primer desalojo la funcionaria volviera a correr a los atletas. Mora se encontraba en Acapulco en el torneo municipal de Wushu, clasificatorio para la etapa nacional, cuando le avisaron que Maravilla Sánchez había desalojado de nueva cuenta a los deportistas.
“Hablé con el director del Instituto del Deporte de Guerrero, Gonzalo Calvo Mejía –expone Mora–, porque apenas el 11 de julio nos dio todo el apoyo para los jóvenes que asistirían a los juegos. Me dijo que hablaría a la administración para tratar de conciliar, pero lejos de obtener una respuesta positiva sólo exacerbó los ánimos y la directora se mantuvo en su posición: ‘se van porque se van’.”
Acto discriminatorio
A Ciudad Renacimiento se le considera uno de los principales focos rojos de Acapulco. Justo hace un año, un comando armado ejecutó a siete personas en esta conflictiva zona donde son frecuentes los levantones y ajustes de cuentas.
“¿Qué va a suceder –se pregunta– con estos jóvenes campeones del estado de Guerrero que se ganaron su lugar al evento nacional y que por falta de recursos los privaron del derecho de entrenar? Seguramente terminarán como sicarios o vendedores de drogas. Si el CICI es considerado un lugar para consolidar el desarrollo social, ¿cómo es posible que los corran así de este sitio? Es indignante que esto ocurra en el México actual.”
Experto en marchas y plantones, Mora reconoce que ha tenido que valerse de estos mecanismos para obtener los apoyos. “Esto da lugar para que cerremos la autopista de Acapulco y esperar al gobernador para que personalmente les diga a sus campeones estatales: ‘no pueden entrenar en Ciudad Renacimiento porque no tienen los 450 pesos que cuesta el curso de verano’.
“Es un acto de discriminación ahora que está de moda que los jóvenes con sus logros deportivos saquen la cara por el país. No es posible que esta funcionaria haya corrido a deportistas que entrenan descalzos, pero la fe que tienen estos muchachos en el deporte no se las puede coartar ni la señora Maravilla ni el gobernador, quien la puso ahí de manera directa.”
El coordinador general de los juegos lamenta la indiferencia de las autoridades. “El deporte abarca muchas cosas: es política, es dinero, es valemadrismo, pero difícilmente cumple su objetivo social: ser la alternativa más viable para que los jóvenes salgan del problema de adicción y la deserción escolar. Por el contrario, ahora ya tenemos sicarios menores de 14 años.
El organizador puntualiza: “Hemos encontrado diversos casos de corrupción. Ya no es únicamente de algún partido político, sino que son todos. Por citar un caso: el delegado de Álvaro Obregón, Eduardo Santillán, cambió el deporte por unos cuantos votos que le llevó una señora, a cuyo hijo, Eduardo Rocha, le dio la dirección de Fomento Deportivo y ahora tiene sumida a la delegación en el penúltimo lugar del deporte en la capital”.
En esa demarcación hay cerca de 200 mil jóvenes menores de 29 años. La “mona” –estopa con solventes– está causando graves daños a esta generación. Mientras no haya deporte, la droga seguirá proliferando en esa delegación”, advierte Mora.
El promotor deportivo no olvida que, desde el año pasado, la delegada de Iztapalapa, Clara Brugada, prometió becas a un grupo de jóvenes deportistas destacados en los Juegos Populares en las modalidades de kung fu y futbol femenil. La funcionaria no cumplió. Pese a todo, esta demarcación conquistó dos medallas de oro y una de plata el año anterior, además del título de campeón del Distrito Federal. Y en la reciente edición, realizada entre el 21 y 27 de agosto pasado, superó con creces su actuación anterior con un total de 28 preseas (ocho de oro, nueve de plata y 11 de bronce).
“Otro caso de esa indiferencia o corrupción hacia el deporte es la del diputado local Rafael Medina, presidente de la Comisión de Juventud y Deporte en la asamblea legislativa, pues en todo el tiempo que lleva como representante popular ni siquiera ha conocido el Instituto del Deporte”, señala el promotor deportivo.
Pusilanimidad
Bandera Blanca es un torneo que se realiza desde 2010 en el marco de los Juegos Nacionales Populares, donde compiten los ocho municipios considerados de mayor riesgo del país. Este año fueron invitados Ciudad Juárez, Tijuana, Culiacán, Morelia, Acapulco, Tampico, Cuernavaca y la delegación Álvaro Obregón. Sin embargo, Morelia, Tijuana y Acapulco declinaron su participación.
Incluso el alcalde de Acapulco, Manuel Añorve, se negó firmar la convocatoria del evento con el argumento de que acudir a éste sería “tanto como aceptar que en Acapulco existe un problema de violencia”, refiere Mora.
Antonio Felipe Martínez es un sacerdote oaxaqueño que se trasladó a Tijuana, donde alterna sus oficios en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús con la escuela de kung fu que fundó para impartir clases gratuitas a jóvenes de bajos recursos. La mitad del recinto, prácticamente en ruinas, está a la intemperie en Rincón Dorado, uno de los barrios más paupérrimos de la ciudad.
El clérigo, quien cuenta con 100 alumnos, de los cuales 15 clasificaron a la etapa nacional del evento, se acercó al Instituto del Deporte del estado para solicitar apoyo rumbo a los Juegos Nacionales Populares. Y aunque al principio hubo cierto interés, la institución terminó por negar el respaldo.
“Acudimos a Tijuana para tratar de entrevistarnos con el director del Instituto del Deporte, Saúl Castro, quien no resolvió la situación en absoluto a pesar de que sólo le pedimos ayuda con el transporte a Guanajuato. Lo hicimos porque la institución dispone de una flotilla de autobuses. Los deportistas de Tijuana convocaron a los medios de comunicación para informarles de nuestra protesta; sin embargo, cuando los reporteros nos entrevistaban apareció el director del instituto. Los representantes de los medios de comunicación se metieron con él a su oficina y a los 10 minutos se marcharon. Nos dejaron en total abandono”, relata el cura.
El coordinador de los Juegos Nacionales Populares comenta que permanecieron en el lugar por más de dos horas. “Estuvimos ahí hasta que nos echaron a la policía, que llegó con gases lacrimógenos. Encima apagaron el aire acondicionado, nos cerraron las puertas de los baños y Saúl Castro mandó a mucha gente a corrernos. Llegó el momento que las madres de los jovencitos estaban molestas y cuando estaban decididas a introducirse a las oficinas del director optamos por retirarnos. Pensamos hablar con el presidente municipal, pero nos dijeron que debíamos pedir cita con seis meses de anticipación”.
Tijuana estuvo presente en el certamen gracias a que los jóvenes y el propio sacerdote “botearon y vendieron raspados”. Incluso la aspirante a la candidatura del PAN para la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, colaboró con el transporte de regreso.
“¿Cómo podemos obtener un logro sobre la violencia si en los municipios, donde está la raíz de este problema, no se involucran totalmente en esto?”, se pregunta Mora.
Formas de presión
Fue tanta la indiferencia y la falta de apoyo del Instituto del Deporte de Tlaxcala que se negó a proporcionar el transporte a su representación para que acudiera a los juegos. La coordinación general del evento ejerció presiones para que los deportistas tlaxcaltecas pudieran asistir al evento. Y el esfuerzo no fue en vano: conquistaron 16 medallas (seis de oro, cinco de plata y cinco de bronce).
“Cada año tenemos que tomar o cerrar dos o tres institutos del deporte. En todos los casos siempre tuvimos éxito, excepto en Tijuana”, reconoce Mora. En 2008 encabezó un plantón de 400 jóvenes de los barrios marginados de la ciudad para cerrar las instalaciones del Instituto del Deporte del Distrito Federal, cuando lo presidía la exatleta Ana Gabriela Guevara, de efímera presencia. La protesta se realizó porque la excampeona mundial de los 400 metros planos se negó a brindar apoyo a las actividades deportivas populares.
Un año atrás, el coordinador general de los Juegos Nacionales Populares encaró a Margarita Zavala, quien encabezaba un acto altruista en Acapulco con gente pudiente. Le reclamó por el desprecio oficial hacia el certamen de los jóvenes más necesitados (Proceso 1766).
El 8 de agosto último, un mes antes de cumplirse el año del desdén oficial, el organizador de los juegos volvió a girar la invitación a la también presidenta del DIF nacional. En su misiva, Mora explicó que se trataba de un evento social-deportivo organizado por el gobierno federal (Conade), que si bien realiza una mínima inversión (5.5 millones de pesos) logra que gran parte del país se movilice en torno al certamen.
Por paradójico que parezca, el organizador de los juegos recibió el pasado martes la negativa de la esposa del presidente de la República, sólo que la misiva, dirigida por la titular de la Dirección General Adjunta de Apoyo a las Actividades de la esposa del presidente, María Guadalupe Ponce de León Hernández, está fechada el 12 de julio. Es decir, el nuevo rechazo oficial fue preparado con un mes de antelación.
“Se sigue avanzando, pero algo pasa: parece que el deporte no fuera una prioridad en el país y que la banda sólo es noticia cuando hace desmadre, cuando delinque, pero cuando se porta bien y le echan para adelante, no hay capacidad de reacción gubernamental”, lamenta Mora.
“Otra cosa sería si tuviéramos un empujoncito con la presencia de la esposa del presidente de la República en la inauguración para que le dijera a la banda: ‘vamos juntos’.”
Y añade: “las primeras causas de la descomposición social se encuentran en la falta de alternativas para nuestros jóvenes. Si Margarita Zavala se sumara al proyecto sería más fácil para nosotros llegar a los lugares más recónditos, y no permitiríamos el nacimiento de nuevos delincuentes. La respuesta está ahí, no es sólo lamentarnos por los muertos. Desgraciadamente así seguirán las cosas mientras no busquemos crear una política preventiva”.
El coordinador de los Juegos Nacionales Populares asegura que, dentro de estas inercias de burocratismo y desinterés, se ha logrado algunos avances. Indica que luego de tres años de apatía, el director general de la Conade, Bernardo de la Garza, finalmente dedicó un tiempo a estos deportistas durante la ceremonia inaugural del evento. “Parece que le cayó el veinte”, afirma.








