Partidero

Panfletos que huelen a guerra sucia de algún suspirante de rancio azul que se ve perdido en la próxima contienda electoral –preelectoral también–, circulan ya por las calles y avenidas de la capital jalisciense. Impresos en magenta indefinido y con el cabezal ¡Extra!, ¡Extra!, circulan por doquier en tamaño carta. El título: Guadalajara el peor gobierno del país (sic). Enumeran  en seguida más de una decena de fallas –entre ellas algunas que vienen de la administración pasada: (Jorge) Aristóteles ha permitido: Aumento en la delincuencia (…) Aumentos estratosféricos (…) Baches e inundaciones (…) Proyecto de pavimentación, $ 1,100,000,000.00  por sólo 6 pedazos de avenidas(…) Botes de basura ¿inteligentes? Con un costo de 21 millones 500 mil pesos (…) ¿En dónde está el tren ligero que tanto prometió?(…) Funcionarios corruptos en su gobierno. Y cita a Juan Carlos Uranga, director de Obras Públicas; a Víctor Urrea, contralor; Francisco Javier Maciel Chávez, director de Juzgados Municipales: Rigoberto Escobedo, director de Padrón y Licencias, César Ruvalcaba Lugo, director de Supervisión de Inspección y Teresa López Hernández, directora del Instituto de la Mujer. Se agrega en el mismo boletín de una cuartilla y sin firma, la Proliferación de casinos y moteles sin permiso en esta administración. Con el gobierno de Aristóteles Guadalajara (así, sin coma) se ha convertido en la cuarta ciudad más endeudada del país. Regalar 257 patrullas útiles a otros municipios ¿y nuestras colonias sin patrullas! (sic). Finalmente: La limpia social pretende detener y esconder a limpiaparabrisas, sexo servidores y homosexuales en los separos para ocultarlos durante los juegos panamericanos (sic).

Desde hace casi ocho décadas –77 años para ser exactos—, desde la muerte de Francisco Orozco y Jiménez en febrero de 1936, los nombres de los cuatro prelados que han gobernado la arquidiócesis empiezan con Jota. Más todavía, los dos primeros fueron tocayos: José Garibi Rivera, quien renunció en 1969, y asumió José Salazar López el 1 de marzo de 1970. Su período concluyó en 1987. Después vinieron los otros dos con el nombre de Juan: Juan Jesús Posadas Ocampo, quien fue asesinado el 23 de mayo de 1993. Un año después lo sucedió el actual arzobispo, Juan Sandoval Íñiguez. Todos ellos cardenales. Ahora la interrogante es si continuará la tradición de la “J” en la nomenclatura eclesiástica tapatía. Lo que sí es coincidente es que entre algunos de los más sonados para suceder a Sandoval Iñiguez, aparecen los siguientes: Javier Navarro, titular de la diócesis de Zamora, Michoacán. En menor grado aparecen los obispos auxiliares José Trinidad González y José Francisco González,  y el obispo de Aguascalientes, José María de la Torre. Hasta antes de abril cuando fue preconizado obispo de Culiacán, también aparecía como candidato Jonás Guerrero. Todos ellos, originarios de Jalisco. Pero también podría suceder que, para cerrar el ciclo, viniera uno con el nombre de Francisco y pudiera ser Francisco Robles, arzobispo de Monterrey, que también se menciona, o el propio auxiliar José Francisco. Los demás nombres que se citan son: Benjamín Castillo, titular de la diócesis de Celaya; Luis Chávez Botello, arzobispo de Oaxaca; Carlos Aguiar Retes, de Tlalnepantla y presidente del Celam, junto con su secretario ejecutivo, Leopoldo González, auxiliar de Guadalajara. Hasta ahora es un misterio quién será el nuevo arzobispo.

Como la planta de tratamiento de aguas negras en la cuenca del Ahogado podría no estar lista de aquí a octubre próximo, una pestilencia que se extiende y se asienta todas las mañanas –a ratos en un diámetro de uno a dos kilómetros– en torno al Aeropuerto Internacional de Guadalajara, es lo que podría dar la bienvenida a las comitivas internacionales que asistan a los XVI Juegos Panamericanos que se inauguran exactamente dentro de dos meses. ¿Por qué tanto retraso si las aguas residuales del área conurbada deberían estarse tratando hace muchos años?

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