Trino contra Bebeto

No sólo el semigobernador Emilio González Márquez anda en campaña, nada menos que por la Presidencia de la República. En el vertiginoso baile del futurismo político jalisciense –ni siquiera es tiempo aún de precampañas–  también están metidos senadores, diputados (federales y locales), alcaldes, regidores, funcionarios públicos de todo tipo, líderes sindicales, autoridades universitarias, dirigentes del sector patronal, otros integrantes de las fuerzas vivas de la comarca y más de un activista adscrito a eso que se ha dado en llamar “sociedad civil”.

Entre esta copiosa estampida de rinocerontes, que ya no tendrá sosiego sino hasta pasadas las elecciones de julio de 2012, llaman la atención dos casos representativos de lo que ha sido la vida política local en los años recientes: el del panista Alberto Cárdenas Jiménez y el del neopriista José Trinidad Padilla López, quienes comparten varias cosas: son de la misma generación (su edad es 53 y 55 años, respectivamente); provienen de la clase media; son hijos de la escuela pública; pasaron una temporada en Europa con el fin de hacer estudios de posgrado, aunque con resultados muy distintos; tuvieron sus primeros cargos públicos hace cerca de 20 años y desde entonces se han mantenido ambos bajo la fresca sombra del presupuesto protector, y en un futuro muy cercano podrían verse enfrentados como eventuales candidatos a la alcaldía de Guadalajara.

Pero también tienen diferencias más que significativas, la más importante sería no tanto que Cárdenas Jiménez sea del PAN y Padilla López se haya afiliado recientemente al PRI, sino que mientras el primero podría presumir de ser una suerte de self-made man, que como profesionista y político se ha hecho a sí mismo, el segundo ha crecido al cobijo del cacicazgo que su hermano mayor (Raúl Padilla López) creó y ha podido mantener dentro de la Universidad de Guadalajara.

Nativo de Ciudad Guzmán, en cuyo Instituto Tecnológico hizo la carrera de ingeniero electricista, Alberto Cárdenas Jiménez comenzó su actividad política a fines de los ochenta, cuando se sumó a la campaña presidencial del finado Manuel J. Clouthier, patriarca del neopanismo. Antes hizo un posgrado en Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid. Su primer cargo lo consiguió en 1992 al ganar, como abanderado del PAN, la alcaldía de su ciudad natal. Tres años después se convirtió, también mediante el sufragio popular, en el primer gobernador panista de Jalisco. A esos cargos siguieron, de manera ininterrumpida, varios puestos federales: director general de la Comisión Nacional Forestal, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, secretario de Agricultura y, desde 2006, senador de la República.

Hace algunos meses que en los mentideros políticos se menciona su nombre como el del abanderado favorito del PAN para la alcaldía de Guadalajara y figura, según la encuesta del diario tapatío Mural (8 de julio), no sólo como el prospecto panista más competitivo, sino como el único que podría recuperar para la causa blanquiazul el gobierno tapatío y, colateralmente, restarle un número significativo de votos al PRI en la elección para la gubernatura del estado, donde hasta ahora el tricolor aparece como puntero.

Dos años mayor que Cárdenas Jiménez, José Trinidad Padilla López comenzó en el mundo de la grilla en la política estudiantil. A fines de los setenta, por la época en que su hermano Raúl terminaba su gestión al frente de la entonces poderosa y temida Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), fue presidente de la sociedad de alumnos de la antigua Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara. En 1983, cuando su mismo pariente y tutor político despachaba en un alto cargo de la administración de la UdeG (Raúl Padilla estuvo al frente del Departamento de Investigación Científica y Superación Académica entre 1983 y 1989), Trino ocupó también la presidencia de la FEG, aun cuando para entonces ya no era estudiante de la UdeG. Y al llegar el hermano mayor a la rectoría, en 1989, el nepotismo universitario ungió al menor como jefe del Departamento Extensión.

Poco después se le otorgó una pingüe beca, extensiva para su familia –para variar, el otorgante fue el hermano ya convertido en rector–, con la que pasó una temporada de varios años en París, donde sin embargo no consiguió ningún título de posgrado. Una vez repatriado, ocupó el cargo de secretario general de la UdeG entre 1995 y 2001, para ser designado enseguida rector general. Como primera autoridad de la universidad pública de Jalisco, no consiguió ubicarla presupuestalmente dentro del rango de la media nacional, lo que tampoco han podido lograr ni sus predecesores ni sus sucesores.

Al concluir su periodo como rector en 2007, el Consejo General Universitario aprobó que se creara un puesto presuntamente académico a su medida: el Departamento de Estudios Internacionales y Gobernanza, en el que no pudo hacer huesos viejos –aun cuando en él ha seguido cobrando 38 mil 676.88 pesos mensuales, como publicó Milenio Jalisco el 8 de agosto– pues a principios de 2009, de nuevo a instancias de su hermano, la dirigencia del PRI (partido en el que por entonces ni siquiera militaba) lo invitó como candidato externo a una diputación federal. Para aquel momento, en distintos círculos fueron muy comentadas las cuotas económicas que el poder fáctico de la UdeG (¿eres tú, Raúl?) impuso a directivos de toda la Red Universitaria para “apoyar” la campaña de Trino en busca de una diputación federal.

Ahora, de unas semanas para acá, se ha comenzado a acelerar la cuenta regresiva para que el menor de los Padilla López se separe de la curul M-482 de la Cámara de Diputados, por lo que la nomenklatura de la UdeG ha empezado a promoverlo como un “excelente” prospecto para distintas candidaturas priistas: para la presidencia municipal de Guadalajara, para una senaduría, hasta para la gubernatura y, en el peor de los casos, para una diputación local. Y aun cuando lo más factible, o lo menos remoto, pareciera ser un puesto en la siguiente legislatura del Congreso de Jalisco o, en el mejor de los casos, de la Cámara Alta, aliados y aduladores de Trino, con la venia del inefable fratello, lo vienen publicitando como la “mejor” opción del PRI para la alcaldía de Guadalajara.

En caso de que el grupo político de la UdeG consiguiera ese boleto –lo  que no parece nada fácil–, lo más probable será ver convertido a Trino en coordinador de los regidores priistas en el cabildo tapatío antes que como primer edil, sobre todo si el candidato del PAN fuera Cárdenas Jiménez, quien a pesar de los pesares (su historial de pifias y “novatadas”) sigue teniendo buen arrastre popular en Jalisco. Así lo dicen los sondeos en las preferencias electorales, que no sólo colocan al exgobernador muy por encima del exrector (25% contra 8%) sino revelan un dato que no debe soslayarse: el menor de los Padilla López cuenta con el más alto índice de rechazo o de “opiniones negativas” entre todos los prospectos de todos los partidos para la alcaldía de Guadalajara (Mural, 8 de julio). ¿Será por ser hermano de quien es?

De darse tal enfrentamiento, a los habitantes de esta parte del mundo les aguarda un espectáculo singular: una robusta legión de estudiantes, maestros, burócratas y directivos de la UdeG haciendo campaña a favor de Trino, y midiendo fuerzas con quien hasta ahora ha sido (¡suerte te dé Dios, que el saber poco te importa!) el panista más exitoso de la comarca.