Señor director:
Le solicito publicar la presente misiva, en respuesta a la carta que el licenciado José Luis Marmolejo García firmó en Palabra de Lector de Proceso 1813, en relación con el reportaje Todo México es de la DEA (número 1812 de este semanario), en virtud de que, con palabras falsas, trata de desentenderse de los delitos que él y sus coludidos cometieron, como la tortura.
No sólo en mi caso incurrió en dicha práctica, y podemos demostrar que antes tuvo el mismo modus operandi. Parece que necesito refrescar la memoria al también conocido como Dr. Muerte y Lic. Dolor de cómo 21 días antes de torturar a Tito Miller Parra Izasa había aplicado exactamente el mismo procedimiento al señor Pedro Alfonso Alatorre Damy, y en presencia de agentes de la DEA.
Veo que el licenciado Marmolejo no niega en general el contenido del reportaje ni las prácticas de la DEA durante su gestión, sino que únicamente trata de desentenderse de los delitos que ha cometido, en particular tortura y violaciones a los derechos humanos. Además, miente al señalar que yo estoy vinculado con actividades criminales del Cártel del Norte del Valle. De ser así, ¿por qué no lo demostró en el pliego de consignación, que está basado en indicios obtenidos bajo tortura y que después trataron de calificar como “confesiones”?
Por respeto a los lectores de Proceso, el licenciado Marmolejo debería mostrar los certificados médicos a que se refiere. Según consta en la causa que se sigue en mi contra, el dictamen médico de la PGR, firmado por Maritza Guadalupe Barrantes Beltrán, mencionó que los detenidos fueron presentados y declararon “sin lesión física visible” o “sin lesión alguna”. Pero para acreditar la tortura, en el expediente de la causa obra un peritaje imparcial, realizado por la Secretaría de Salud federal, que arroja el resultado de tortura contundente, basado en el Protocolo de Estambul.
Falla al decir que los inculpados (proceso penal 22/2008) no hemos podido demostrar nuestra inocencia, pues los indicios sin ninguna prueba sustancial tangible, obtenidos bajo tortura, han sido desvirtuados. Lo que falta es un peritaje que no se ha realizado porque nos congelaron las cuentas y hemos estado sin los recursos para defendernos adecuadamente. Pero pronto saldrá a relucir la verdad.
No mienten los declarantes de Proceso por lo que se refiere a la esposa de Tito Miller, pues ella misma, por exhorto de la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Fiscalía General de la Nación Colombiana, hizo una declaración jurada donde claramente explica que los ciudadanos colombianos fueron impedidos de declarar en presencia de un representante de su consulado en México.
La prueba está en que la PGR notificó la detención de los ciudadanos colombianos a la embajada de Colombia mediante una carta fechada el 1 de diciembre de 2007, a pesar de que fueron detenidos uno y dos días antes. Pero la misiva no fue entregada sino hasta la tarde del día 4 al consulado colombiano, con lo cual se violó el artículo 36 de la Convención de Viena, al negarles el derecho de ser asesorados por su embajada antes de declarar.
Le informo que por mi cuenta he denunciado tanto al licenciado Marmolejo como a todos los servidores públicos coludidos en los hechos ante el anterior procurador, pero en lugar de dar vista al MP sobre los presuntos delitos que expongo, el maestro Jorge Alfredo Ramírez Talamantes, en ese entonces encargado del Despacho de la Dirección General de Prevención del Delito y Servicios a la Comunidad de la PGR, decidió turnar la denuncia al Poder Judicial de la Federación, con lo que encubrió a estos servidores públicos de varios delitos.
Además, denuncié ante el director del Instituto Federal de Defensoría Pública, magistrado Alejandro Roldán, el incorrecto proceder de sus funcionarios, pero sin obtener respuesta.
Cabe recordar que el historial del licenciado Marmolejo está lejos de ser lo honorable que pretende, pues él salió con la Operación Limpieza de la PGR, al igual que sus socios Édgar Bayardo –quien me detuvo– y los agentes del Ministerio Público José Luis Martínez Pérez y Zito Otero López.
No cesaremos de actuar hasta que se haga justicia, ya que cuanto he dicho está sustentado en documentos.
Atentamente
Joaquín Alejandro Senderos Higuera
Procesado en el Reclusorio Norte








