Señor director:
Le solicito publicar las siguientes reflexiones en su sección Palabra de Lector:
Creo que la visión del perdón en Javier Sicilia se aproxima al pensamiento de Paul Ricoeur, gran filósofo contemporáneo, expresado en su libro La memoria, la historia y el olvido, donde lo describe como “el difícil perdón”. La filosofía no tiene sentido si no toca lo más profundo de nuestra existencia y de nuestra vida; si no es así, sirve sólo para elucubraciones de efímero placer. Trataré de resumir lo más sucintamente que pueda este humanismo tan profundo, tan revelador y que toca las fibras más sensibles de nuestro corazón, descrito en un artículo de Juan Blanco Ilari.
En la concepción clásica, “jurídica”, la falta, presupuesto del perdón, se asocia a la persona y se convierten en una sola entidad; se debe recibir un castigo proporcional a la falta, que obtura la posibilidad del perdón. Persona y falta son una misma “cosa”; la persona desaparece.
Sin embargo, podemos decir que el hombre es más que sus actos; los trasciende, y nos permite acercarnos al misterio del perdón. El mal existe, pero no “infecta” a la persona; es producto de su debilidad como persona, la cual, por su misma humanidad, oscila entre lo infame y lo sublime. Estamos expuestos a la falta; es constitutiva de nuestro ser hombre; no hay remedio; de lo contrario, seríamos dioses. Somos hombres y mujeres “medianeros”, diría Ricoeur.
El hombre está condenado a su finitud, pero también abierto a la infinitud; a lo sublime.
El abismo que separa a ese “hombre fusionado con su acción” del hombre “perdonado y reconocido como persona” lo salvan la caridad, el amor y la esperanza; lo que Ricoeur denominaría “la gratuidad del don que insufla la existencia” de Javier Sicilia.
En el extremo de la condena jurídica está el perdón incondicional, gratuito, que nace de la posibilidad del hombre a lo infinito. El hombre siempre es capaz de volver a empezar; aunque le maten a un hijo. Javier Sicilia vive, auténticamente y en plenitud, la esencia del cristianismo. No importa que Javier ya no escriba poesía. Su dolor y su vida los transfigura en poesía viva. ¡Qué más podríamos esperar de Javier!
Atentamente
Santiago Cardoso Villegas
San Luis Potosí, S.L.P.
(01/444/811-11-28)
Respuestas de Javier Sicilia
Señor director:
Le agradeceré publicar las siguientes líneas.
Queridos Federico y Jesús: Muchas gracias por sus cartas. Son fundamentales en un país que día con día ve perder su paz y su existencia. Quiero decirles que mis valoraciones en el terreno en el que estamos discutiendo, desde la carta de René Sánchez Galindo, nada tienen que ver con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), un movimiento absolutamente ciudadano y apartidista que busca, a partir del dolor y el reclamo de las víctimas, lo que su nombre dice; un movimiento cuyos miembros y simpatizantes son libres de militar o de inclinarse por el partido que quieran. El MPJD representa sólo el dolor y el reclamo de un agravio nacional. En este sentido, mis opiniones en relación con el tema que discutimos aquí son meramente personales.
No dudo ni de las intenciones democráticas de Morena –me encanta que esas siglas tengan un contenido tan nacional– ni de las de AMLO; tampoco del diagnóstico que han hecho del país. Sin embargo, creo que en las condiciones por las que atraviesa el propio país –un país balcanizado por el narcotráfico y el crimen (hay muchas zonas en las que no podrá levantarse una casilla sin la anuencia de los cárteles), destrozado por la violencia (a los 50 mil muertos, más de 10 mil desaparecidos y más de 120 mil desplazados se suman día con día otros), con instituciones corrompidas y cooptadas hasta la médula–, la democracia no es sólo una simulación, sino que las propias elecciones serán, como no he dejado de decirlo, las de la ignominia. Gane quien gane, en estas condiciones, ganará con una franja muy pobre del electorado, y sólo llegará al poder para administrar el dolor, la violencia y la desgracia.
Estamos en una emergencia nacional, y esa emergencia reclama, desde mi punto de vista, un candidato ciudadano de unidad nacional (esa persona no soy yo. Yo no creo en el poder. Soy un anarquista que vive en una República y le reclama al Estado, frente a su propio dolor y el de miles de víctimas, su función primordial: la seguridad) y una agenda de unidad nacional. Reclama, además, y pese a lo que señala Jesús, una profunda reforma política, que incluya revocación de mandato, plebiscito, voto blanco, limitación de fueros, y que permita a los ciudadanos, frente a la corrupción de las instituciones, tener elementos de fiscalización y castigo a funcionarios omisos o corruptos.
El MPJD –del que, como siempre he dicho, soy sólo la voz de su dolor y su reclamo– y no somos, como lo expresa Federico, esquiroles “de la oposición que representan Morena y AMLO”; somos simplemente un movimiento que, en las circunstancias por las cuales atraviesa el país, convoca a la reserva moral de la nación para encontrar la paz. Ojalá y el país viviera verdaderas condiciones democráticas. En esas condiciones Morena y AMLO serían una maravillosa opción. En las actuales circunstancias, son sólo una fracción del país, que compite por administrar su desgracia, una fracción que no representa, por desgracia, la unidad nacional que, bajo la emergencia que vivimos, necesita el país.
En medio de esta realidad y de esta imposibilidad –por parte de todos– de entender lo que está sucediendo a la nación, les deseo, sin embargo, que en todo este proceso logren concitar una gran mayoría ciudadana que permita –contra mis pronósticos– pacificar el país y darle un cauce digno donde, como lo han reclamado los zapatistas, quepan todos los mundos…
Queridos Gaspar y Santiago: Mil gracias por sus cartas. Ustedes tocan tres temas fundamentales del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad: la paz, el perdón, que es la reconciliación, y la justicia que acompaña al perdón. Lo sabía Ricoeur, que era un gran cristiano; lo sabe también el sacramento de la reconciliación: El perdón –un don que el sufijo per potencia, un don superior– no puede operar si en aquel que lo recibe no hay dolor de corazón, propósito de enmienda y penitencia –la reparación del daño, del mal causado.
Nuestro país atraviesa por una guerra espantosa que ha traído y continúa trayendo demasiado dolor. No podemos construir la paz sin la movilización de todos; no la podemos construir tampoco sin un cambio, no sólo en la estrategia de seguridad del presidente Calderón, sino también de un cambio de la Ley de Seguridad Nacional, basada en la violencia y en la seguridad de las instituciones, por una que se base en seguridad ciudadana y humana y en el respeto a los derechos humanos, en una Ley de Víctimas y en una Comisión de la Verdad. Sólo a partir de allí podremos entrar en el perdón y en la reconciliación, que tan bien expresa Santiago al citar a Ricoeur.
Pero igualmente, como de alguna manera lo dice Gaspar, no hay solución sin el consenso y la movilización de todos. El agravio de esta guerra es nacional, y sólo con la movilización de la nación y sus reservas morales podremos llegar hasta el perdón, la reconciliación, el lugar donde México podrá volver a encontrar su verdadero rostro, el de lo humano, el de los seres humanos que se reconcilian y se reconocen como personas.
Atentamente
Paz, Fuerza y Gozo
Javier Sicilia








