Partidero

Emilio González Márquez escucha pasos en la azotea. Ante su bajo registro de preferencias –no llega a 7%–, ya se curó en salud al declarar que dejará la contienda interna del PAN por la Presidencia si se adelantaban los tiempos. La verdad es que quiere colgarse de los Juegos Panamericanos para promocionarse, pero aún así, más vale que eche sus barbas a remojar y siga al secretario del Trabajo, Javier Lozano, quien mejor se hizo a un lado el miércoles 20 porque simplemente no levantó.

¿Qué intereses tienen en común el diputado local panista y líder de su fracción en el Congreso del estado, José María Martínez y Salvador Cosío Gaona, hijo del exgobernador Guillermo Cosío Vidaurri y diputado en el Congreso de Jalisco durante la LVII Legislatura, que se llaman con mucha frecuencia? ¿Qué tramarán para la siguiente elección? ¿Acaso a quién apoyar y a quién no apoyar o llenar de piedras su camino? ¿Qué importancia le dan, por ejemplo, al procurador Tomás Coronado Olmos, quien sin duda quiere un puesto de elección popular y, de paso, tener fuero por lo que venga en el futuro? Hay que recordar que Chema Martínez lo mismo sirve a su partido que a los contrarios, por ejemplo al PRD, que es manipula do por el padrino del Grupo UdeG, Raúl Padilla, para quien ha promovido premios con el desacuerdo del propio PAN.

Con el próximo relevo en la Arquidiócesis de Guadalajara –pronto dejará su responsabilidad el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, quien tiene 78 años y tres de haber presentado su renuncia al Papa Benedicto XVI– vendrá en seguida la división de ésta que es una de las diócesis más grandes del país. Al desmembrarse, la diócesis tapatía se circunscribirá casi esencialmente a la zona metropolitana donde, por lo pronto, no se crearán nuevas jurisdicciones eclesiásticas como se ha pensado que algún día pudiera suceder con Zapopan y Tlaquepaque. En cambio, sí podrá haber nuevas diócesis en lugares un poco más alejados. Por ejemplo, se crearía una en el sur de Zacatecas –posiblemente en Tlaltenango– que abarcaría una decena de municipios del norte jalisciense, entre los que la mayor parte pertenecen eclesiásticamente a esta capital. Otra se ubicaría en Ocotlán y una tercera en Ameca. También se ha hablado de una más entre Talpa, Mascota y, particularmente, Puerto Vallarta, que es una ciudad muy poblada, aunque estos lugares pertenecen a la diócesis de Tepic. El proyecto de nuevas demarcaciones religiosas viene desde hace años, pero Sandoval Íñiguez en varias ocasiones afirmó que mientras él estuviera al frente de Guadalajara, no habría divisiones. Y su palabra se ha cumplido.

Mientras que el gobernador Emilio González Márquez anda en abierta y costosa precampaña para lograr la postulación de su partido, el PAN, a la Presidencia de la República, las carreteras estatales están cada día peor. Baste citar un ejemplo: el de Ciudad Guzmán a Tonaya-El Grullo, quizá la peor de todas, pues es intransitable. De por sí mal trazada esta vía se construyó a mediados de los setenta y por falta de mantenimiento está prácticamente destruida desde las lluvias de 2009. Ahí los accidentes automovilísticos son muy frecuentes, sobre todo en el tramo que comprende las faldas del Nevado de Colima. Por el mismo rumbo, está en riesgo de correr la misma suerte la carretera Sayula-San Gabriel Cuatro Caminos; por si eso fuera poco, el puente recién construido sobre la carretera libre Guadalajara-Colima, pocos kilómetros antes de Sayula para salvar un arroyo y canal de desagüe de esta población, sirvió de muy poco porque las inundaciones persisten. Otra vía asfaltada que está para llorar es la que une a Tala con Teuchitlán y Ahualulco de Mercado. Finalmente, la famosa “carretera del amor”, que se amplió a cuatro carriles entre Tepatitlán y Arandas, gracias a una contribución de Diego Fernández está llena de baches.