Aclaraciones de líderes del Centro sobre el reportaje del Metrobús De Teresa González Galicia

Señor director:

En relación a la nota titulada El Metrobús hiere al Centro Histórico, publicada en la edición 1811 de la prestigiada revista Proceso, quiero darle a conocer algunas imprecisiones, por no decir irregularidades, en que incurrió la reportera María Luisa Vivas, que además de afectar la calidad informativa del reportaje, parece tener la intención de dañar mi imagen como ciudadana y ante la comunidad del Centro Histórico que conoce mi trayectoria, en la que siempre ha privado la honestidad y la honradez.

Por objetividad entendemos lo que señala el diccionario: “adj. Relativo al objeto en sí, independientemente de juicios personales. Se dice de quienes no se dejan influir por consideraciones personales en sus juicios o en su comportamiento”.

Tomando en cuenta lo anterior me llama la atención que en el párrafo sexto de la página 36 del reportaje, de manera más que evidente la periodista que labora para su importante empresa editorial afirma: “Sin embargo, las bondades del proyecto (aerobús Línea 4) no bastan para convencer a comerciantes de distintas organizaciones…”

 Allí pierde objetividad el trabajo periodístico, pues ella comenta de sus “bondades”. Lástima.

 Ustedes saben mejor que yo que los trascendidos, los rumores, los chismes, los dichos de pasillo que se esconden con los “se asegura”, “se dice”, “se comenta”, son herramientas del periodismo que, si son bien utilizadas, pueden ocultar la fuente, toda vez que los poderes formales o fácticos no utilicen sus influencias para agredir a quien denuncia sus malos manejos. Sin embargo, yo no pretendo tener ninguna herramienta de poder a mi disposición.

 Por ello, en una pequeña nota informativa que aparece en la página 38, que se titula Liderazgos clientelares, son extrañas las consideraciones de la reportera María Luisa Vivas, que cuando se refiere a mi persona, utiliza un artículo que escribí en homenaje al periodista Fidel Samaniego, que subí al perfil de mi Facebook el mismo día que murió.

 Lo descontextualiza totalmente para hacer mi biografía, misma a la que nunca me dio derecho de réplica ni me preguntó sobre las acusaciones de que me hace objeto, pero nunca me preguntó y sólo se fue con su sospechosa fuente, a la que no da nombre ni rostro.

 Entre otras acusaciones me dice que casi todos los que me rodean son priistas. Este último más parece un juicio de la reportera que de manera forzada pretende incluirme ya en un partido político y como se sabe, en algunos círculos, es una aseveración peyorativa. Por otra parte, dice que soy amiga de Marcelo Ebrard; quizá no sabe que hace un año el jefe de gobierno me mantuvo incomunicada en el MP por encabezar un movimiento a favor de los damnificados de Los Arenales. Me parece que esas no son muestras de ser “consentida”. En todo caso la lucha que sostengo contra la Línea 4 tampoco es considerada como una acción de “amigos” contra el capricho del mandatario capitalino por ponerla en marcha, contra la voluntad popular.

 Afirma que utilizo un inmueble histórico como negocio particular. Si me hubiera preguntado, le hubiera indicado a la joven reportera que se trata de un predio baldío que me entregó el Gobierno del Distrito Federal, y sólo espero que se desarrollen algunos trámites burocráticos que me permitan desarrollar la proyectada plaza comercial en el lugar, todo en el marco de los programas que tiene el GDF.

 Otra situación irregular que se menciona son dos de mis supuestos apelativos: “Le apodan La Babis o Tere La Loca”. Ambos adjetivos, por un lado, no se entiende qué tiene de periodístico mencionarlos, más bien parecen tener otro oscuro fin y ese es el mencionar que tengo afectadas mis facultades mentales.

Indica también la periodista que participé en la elección de comités vecinales; no hubo tal, soy consejera porque entré como parte de una organización civil, de ninguna manera participé en la elección ni mucho menos es un premio de consolación, ya que también menciona que lo logré “a fuerza de presión”. Esta afirmación va en demérito del IEDF, pues se considera que acepta presiones para otorgar puestos.

Amén de las irregularidades que se puede decir que son normales en algunos pasquines, pero no de una revista del prestigio de Proceso, en el tercer párrafo de la nota señalada se afirma “…también lidera comerciantes ambulantes y hasta bandas de delincuentes”. Esta última sí la considero una acusación muy seria. No se puede andar difamando a nadie sólo porque otra persona lo dice, sin aportar documentación o al menos el nombre completo de la fuente que lo afirma.

Ante acusación tan deleznable le solicito que la reportera me dé la fuente de su información, el nombre del acusador, porque en mi calidad de ofendida voy a demandar a esa persona por desacreditar de tan cobarde manera mi persona y en este caso, entiendo que la joven reportera comienza en las lides periodísticas, pero me atrevería a sugerirle, desde mi desconocimiento periodístico, que para la próxima verifique sus fuentes.

Además, considero que cualquier persona que tiene ese tipo de acusaciones, al menos debe tener derecho de réplica, y en cuanto la reportera tuvo conocimiento de esas falsedades, se hubiera preguntado sobre la veracidad de los señalamientos que se me hacen. Sobre todo tomando en cuenta que se trata de un trabajo para la revista Proceso, que no se trata de un pasquín cualquiera, que toma la difamación como negocio.

Desde mi perspectiva, Proceso está convertida en una de las columnas vertebrales en la lucha por la libertad de expresión y búsqueda de la democracia en México, por lo que tiene mi profunda admiración y respeto, pero por ello mismo no se debe permitir que trabajos mal encaminados le resten mérito.

Atentamente

Teresa González Galicia