El extravío argentino

BUENOS AIRES.- Hace apenas un mes, los argentinos hacían un balance de la situación y las cuentas cuadraban: la Copa América era un torneo que se les daba bien (14 títulos conquistados); iban a jugar en casa, contaban con un Leo Messi, el mejor futbolista del mundo, en estado de gracia, y su técnico tenía el objetivo declarado de inspirarse nada menos que en el Barcelona.

Todos los astros parecían estar alineados para que la Albiceleste acabara con una sequía de trofeos de 18 años, desde la Copa América de 1993. Sin embargo, la realidad fue distinta a las expectativas. Argentina cayó en cuartos de final ante Uruguay por penales tras haber ganado sólo uno de sus cuatro partidos (ante una Costa Rica descafeinada) con un juego muy poco atractivo, salvo algunos momentos de inspiración propiciados por Messi.

La decepción en el país austral, donde el futbol es poco menos que una religión, fue mayúscula. Se suma, además, a la humillante eliminación en los cuartos de final en el Mundial de Sudáfrica 2010, con una derrota por 4-0 ante Alemania cuando el equipo era dirigido por Diego Armando Maradona.

Algunos jugadores han salido muy mal parados, principalmente en la defensa, que ha sido criticada muy duramente. Gabriel Milito, Javier Zanetti o Nicolás Burdisso son los más criticados. Pero ninguna línea ha quedado a salvo: Javier Mascherano y Estaban Cambiasso en el centro del campo y, en el ataque, Carlos Tévez, que llegó como el favorito de la afición y a regañadientes del director técnico, Sergio Batista, sobre quien empezó a cobrar fuerza el rumor de que será destituido este lunes cuando se reúna el Comité Ejecutivo de la AFA.

En la prensa argentina ha trascendido una lista de hasta 10 jugadores cuyas cabezas quiere pedir la Asociación del Futbol Argentino (AFA) –con su presidente, Julio Grondona; su director de Selecciones Nacionales, Bilardo, y su subdirector, Humberto Grondona (hijo de aquél) al frente– como condición para la continuidad de Batista.

El único cuya figura ha salido fortalecida fue Messi, si bien sus posibilidades de desbancar definitivamente a Maradona como el mejor jugador argentino de la historia se van desvaneciendo conforme pierde oportunidades de ganar títulos con la selección.

Los dos primeros partidos fueron desmoralizantes para la estrella azulgrana. Tras los empates con Bolivia y Colombia, y pese a que fue elegido como el jugador del partido en el cotejo inaugural, arreciaron las críticas de una parte de los aficionados argentinos, que ya recelaba de él por el contraste entre su espectacular desempeño con el Barça y su papel en la selección durante la pasada Copa del Mundo.

El debate estaba servido. Algunos lo acusaban de no entregarse, de no sentir los colores e incluso de no considerarse argentino por el hecho de no cantar el himno nacional antes de los juegos. Sin embargo, otros, incluida la AFA y buena parte de la prensa, lo elogiaban y afirmaban que no era culpa suya si el resto del equipo no lo apoyaba.

Sin embargo, en los dos siguientes partidos, contra Costa Rica y en la eliminación ante Uruguay, pudo demostrar su verdadero nivel y fue venciendo las reticencias. Aunque se sigue sintiendo en deuda con la Albiceleste por no poderla guiar todavía a un título, hay casi unanimidad en que es Argentina quien está desaprovechando a Messi y ya pocos parecen resistirse a la idea de que debe ser su referente ineludible a pesar de que los últimos resultados no lo favorezcan.

“Es insólito. En vez de festejar, en vez de bendecir al cielo porque después de Maradona nos aparece Messi, estamos haciendo todo lo posible para que no supere a Maradona”, lamenta Norberto El Ruso Verea, exarquero de equipos como Independiente y Chacarita y actualmente uno de los columnistas deportivos más respetados de Argentina.

“Si Messi jugara un año cedido en la Argentina y todo el hincha que lo ve por televisión, casi en una play station que es el Barcelona, lo viera en nuestros campos de juego, nadie pondría en duda nada. Es lo que pasó adentro de la cancha en esta Copa América: la gente que lo vio se dio cuenta de que es diferente, superlativo”, añade.

“Esta selección de Batista nada tiene que ver con el Barça, por muchas promesas que haya hecho el entrenador. Porque no tiene a los creadores y porque nunca se afirmó la convicción de los otros por el toque y la circulación solidaria. Y es un error pretender transferirle a Messi la responsabilidad del inicio y la culminación de las jugadas”, coincidió el periodista Horacio Pagani en su columna del diario Clarín.

Batista, fuera

En el polo opuesto de Messi, quedó Checho Batista, señalado por la mayor parte de la afición y muchos analistas como el principal culpable del descalabro. Es acusado de no ser capaz de, con un plantel plagado de jugadores de primerísimo nivel, encontrar un sistema de juego ordenado y coherente.

Se le reprocha, entre otras cosas, haber convocado a un equipo poco equilibrado y de confundir a los jugadores colocándolos en posiciones distintas a las que están habituados a jugar: desde el propio Messi, para quien hasta el tercer partido no encontró su posición ideal adelante y cargado a la derecha, hasta Carlos Tévez, a quien desplazó a la izquierda del ataque. Sucedió lo mismo con el experimentado lateral derecho Javier Zanetti, que tuvo que ocupar la izquierda de la zaga.

Según una encuesta online del portal deportivo Canchallwena, 90% de los aficionados argentinos piensa que Checho Batista no debería seguir al frente de la selección en la próxima eliminatoria para el Mundial de Brasil 2014.

Sin embargo, algunos expertos consideran que es muy prematuro juzgar a Batista, quien no lleva ni siquiera un año en el puesto. “Sería demasiado injusto en la primera competencia caer así al Checho”, afirma Sergio Goycochea, exarquero de la Albiceleste, con la que fue subcampeón en la Copa del Mundo de 1990 y conquistó las Copas América de 1991 y 1993.

Goycochea ve otros factores estructurales que favorecen a las selecciones a priori más modestas, en detrimento de las grandes, lo que hace la competencia cada vez más igualada.

“Aquellas selecciones que hoy tengan la posibilidad de contar con la mayoría de sus jugadores en el país van a sacar ventaja, porque van a tener mucho más tiempo para trabajar y a las individualidades de países como Argentina o Brasil van a anteponer el trabajo en equipo”, dice el exjugador, que pone como ejemplo a México: “No es casualidad que el futbol mexicano haya crecido tanto en los últimos tiempos: 90% u 80% de sus jugadores juega en el campeonato mexicano y trabaja durante todo el año”.

Además, las grandes estrellas latinoamericanas contratadas por equipos europeos, en los que juegan varias competiciones por temporada (liga, copa, Champions League o Europa League) “llegan con 60 o 65 partidos en las piernas y claramente esto lo sufren las mejores selecciones, o aquellas selecciones que tienen más jugadores en el exterior”, insiste el exportero.

En el plantel de Argentina en la Copa América sólo había un futbolista que juega en su país: el arquero del recién descendido River Plate, Juan Pablo Carrizo, que no dispuso de ni un solo minuto en el torneo continental.

Por si esto fuera poco, mientras en mayo y junio los demás equipos aprovechaban los partidos amistosos de las fechas FIFA para prepararse seriamente de cara a la Copa probando a sus jugadores, Argentina acudía a estos encuentros con futbolistas del torneo local, ninguno de los cuales (salvo el citado Carrizo) acabó participando en la Copa América. Los Messi, Agüero, Burdisso, Mascherano, Gago y compañía sólo jugaron un amistoso en los tres meses previos a la competencia. Contra Albania.

“No hay trabajo en conjunto. La selección es top en lo individual, y muy floja en lo colectivo”, resalta el técnico de Costa Rica, el argentino Ricardo La Volpe.

“El director técnico debe hablar seguido con ellos y ponerlos donde juegan en sus equipos. Si queremos inventar y no los ponemos en sus posiciones, la pólvora va a seguir mojada. Desde el 94 que venimos así”, dijo en una entrevista con el diario deportivo Olé.

Hay unanimidad en que el problema de fondo es estructural. No en vano son ya 18 los años sin una alegría para la afición. “En Argentina hace muchísimo tiempo que el trabajo de director técnico no sólo es desgastante, sino que es insoportable”, señala El Ruso Verea. Atribuye este hecho al discurso predominante de que lo único importante es el éxito inmediato.

“El mensaje nefasto es: ‘el que no gana no existe’; mensaje que llegó con Bilardo, hoy es director nacional de selecciones. En ese camino se dan procesos que estén ligados a la formación. Y desde la formación a la práctica, para que la selección tenga una identidad”, critica.

Desde la última Copa de América conquistada, en 1993, han pasado por la banca de la Albiceleste seis técnicos y cada uno ha intentado reiniciar de cero. “Acá no se aprovechan los procesos anteriores. Cada uno tiene su manual. Entran a jugar a veces algunas cosas personales, algunos egos, y termina todo en discusión”, apunta Goycochea.

Raúl Gámez, expresidente del Vélez Sarsfield y comentarista televisivo, apunta a la cima del futbol argentino: a Julio Grondona, al frente de la AFA desde 1979, a quien responsabiliza de este desfile de técnicos sin un hilo conductor que ayude a consolidar un proyecto.

“Hay muchas cosas para condenar en este sistema propuesto por Grondona. No sólo en la selección; en general el futbol argentino está en decadencia. Y la preocupación máxima es que están desprestigiando el futbol argentino”, denuncia Gámez, para quien se “está priorizando el negocio por encima de lo deportivo”. “Buscan quedar bien con empresarios y llevan jugadores para lucirse con gente de la que son socios o con dirigentes”, agrega el exdirectivo.

Pese a que los técnicos de Argentina están tan cotizados en todo el mundo como sus jugadores, hay muchos, subraya, que se niegan a hacerse cargo de la Albiceleste “con esta gente manejando la selección”.

Y añade: “¿Cómo es posible que cuatro técnicos del nivel de José Pekerman, Alfio Basile, Marcelo Bielsa o Carlos Bianchi le digan que no? Lo hacen porque no quieren estar ligados a Grondona. No se ven proyectos en definitiva que puedan mejorar la situación”.

Tampoco Verea ve una solución hasta que no cambie esa mentalidad instalada por la anteposición de los resultados inmediatos y sus consecuencias. “Son muchas cosas: primero la hipocresía mediática, después la histeria colectiva, el mal comportamiento que tenemos dentro de una cancha…”, advierte.

“Nosotros empezamos a normalizar lo anormal, a tomar como lógico lo ilógico. Todo eso se termina desarrollando en el juego, porque se juega como se vive, aunque la mayoría de los futbolistas juegue en otros países. ¿Cómo se pueden sentir Messi, Milito, Agüero, Zanetti, Romero, Andújar, que vienen de sociedades futbolísticas con una organización casi superlativa, cuando viajan al Mundial y en el mismo avión van barras bravas con ellos (como pasó en la última Copa del Mundo)?”, cuestiona.

A causa de todos estos factores, resume, “Argentina paga las consecuencias hoy, aun teniendo una gran cantidad de futbolistas de un nivel de élite”.