“Casi un pueblo”

Nueve historias románticas en una misma noche. Historias de amor y desencuentro pero con un toque de optimismo. Personajes que viven en un pequeño pueblo: son amigos, desconocidos, examantes o proyectos de pareja.

Quisiéramos encontrar en la vida real a estos personajes que el actor y autor estadunidense John Cariani plantea. Con defectos y virtudes son seres humanos amables y de buen corazón que enternecen al espectador.

A pesar de que el autor es más conocido en su faceta como actor por series como La ley y el orden y múltiples trabajos en Broadway, su incursión en el teatro es sorprendente. Las nueve escenas que plantea están plenas de recursos dramatúrgicos, de misterio, de sorpresas y giros narrativos. Son escenas que tienen mucho en común en su elaboración pues el autor lleva a la realidad las metáforas, y las formas figuradas en el hablar las concreta en situaciones dramáticas. Son nueve escenas unidas por un corazón roto  queriéndose reconstruir.

Las escenas de Casi un pueblo son breves e ilustran a la perfección la estructura clásica de una obra, pero con guiños mágicos y graciosos. Y a pesar de su brevedad, hay sorpresas y giros dramáticos. Está por ejemplo la escena donde una mujer va a casa de su novio para pedirle que le regrese todo el amor que le dio, para lo cual le deja costales de diferentes tamaños donde está el amor que ella le dio y del que necesita liberarse. La metáfora del corazón roto es también utilizada por John Cariani no sólo en sentido figurado: lo mete dentro de la bolsa que una joven carga, pues por un mal de amores le han puesto uno nuevo, y es que ha dejado de querer a su marido.

Las situaciones que el autor plantea manejan un delicioso universo de poesía donde el teatro es el único que puede volver cuerpo y vida lo intangible. Existe una bota perdida o una pregunta que se responde treinta años después; un tatuaje mal hecho que presagia un amor o una bola de nieve que expresa lo contrario a lo que se quiere decir. No son metáforas, sino dramas y conflictos verificables. Cada personaje es diferente y está bien caracterizado en el modo de hablar, en la forma de comportarse, en las obsesiones y miedos.

Pareciera que el tema y la forma de abordaje es el hilo conductor de Casi un pueblo, pero el autor encuentra otros elementos que fortalecen el entramado. Las historias suceden al mismo tiempo, la misma noche: cuando es posible vislumbrar la aurora boreal. Los personajes coinciden incidentalmente o comparten un acontecimiento o una mujer chismosa que va de historia en historia. Tres escenas hacen el engarce final y expresan la metáfora que el autor plantea del amor: Una pareja se declara su amor en una banca, pero cuando uno trata de explicar sus sentimientos, provoca el distanciamiento de la otra: para estar cerca, hay que estar lejos. En la escena del primer acto, él está solo, pero al final, ella ha dado la vuelta a la bola de nieve (al globo terráqueo) y regresado con él.

Casi un pueblo se presenta en el Teatro Virginia Fábregas con actores de cine, televisión y teatro. A pesar de tener problemas de volúmenes, las historias llegan a los espectadores y los dejan esperanzados y felices.

Úrsula Pruneda, que alterna con Mónica Huarte, Bernando Gamboa, Gabriela de la Garza y Moisés Arizmendi, son solventes actores que interpretan con naturalidad diferentes personajes. José Manuel López Velarde, el director, maneja con mínimos elementos y movimientos el espacio escénico aunque no es tan versado  en  la dirección  de  actores.

Casi un pueblo es una obra de teatro familiar que le recuerda al espíritu que, tal vez, la humanidad no es tan destructiva como parece.