La autocrítica no se cuenta entre las cualidades de los gobiernos del PAN que, a lo largo de más de 16 años, han tenido el control sobre buena parte de los ayuntamientos de Jalisco, intermitentemente en el Congreso local y, de manera ininterrumpida, en la gubernatura. Por el contrario, si algo ha caracterizado a esos funcionarios y administraciones ha sido su autocomplacencia, su suficiencia moral y su convicción de que con ellos llegó a la vida pública de la comarca un caudal de virtudes cívicas, bendiciones políticas y beneficios sociales. Esto es lo que, en síntesis, acaban de proclamar, a coro y sin una pizca de pudor, las tres personas que han ocupado el máximo cargo en la entidad: Alberto Cárdenas Jiménez, Francisco Ramírez Acuña y Emilio González Márquez.
Con el fin manifiesto de paliar el de
sencanto y la decepción que las administraciones panistas han provocado entre sectores cada vez más amplios de la sociedad, ese encumbrado trío de panistas se reunió por segunda ocasión en un restaurante de postín. Muy grave debe ser el panorama electoral que los susodichos vislumbran para su partido en 2012, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta hace poco no disimulaban sus recelos y hasta desafectos recíprocos, a causa de fracturas políticas y agravios personales surgidos entre ellos.
Ahora, en cambio, su propósito es dejar de lado esas diferencias y reunirse de manera pública y frecuente. Así, el pasado17 de junio, ante chicos y chicas de la prensa, no sólo dieron cuenta de una arrachera término medio, sino que brindaron por la causa política que ahora parece mantenerlos unidos: evitar que el PRI conserve los municipios más cotizados de la entidad y, desde luego, que no vaya a recobrar la gubernatura. Para ello anunciaron una singular estrategia: impartir “una serie de conferencias” sobre la situación de Jalisco antes del PAN y a partir del PAN.
Ese ciclo de conferencias sería sustentado por los propios miembros del club de la arrachera, quienes adelantaron algo más: esas sesudas cátedras sobre el Jalisco de ayer y hoy estarán dirigidas especialmente al electorado joven que, según Emilio González Márquez, tal vez ignora “la represión” que los gobiernos priistas ejercían contra “todos los que pensaban diferente” (La Jornada Jalisco, 18 de junio). Y aun cuando no fueron especificados los temas ni el calendario de tan singulares “cátedras”, el exgobernador Alberto Cárdenas Jiménez anunció la tesis principal de las mismas: “Hacerle ver a los jaliscienses que hoy están mejor que nunca” (ídem).
Días después de la referida comilona, Cárdenas fue más lejos al publicar un artículo con el que pretende resumir la utopía que, según él, cuajó gracias a los gobiernos panistas: “Al llegar el PAN a Jalisco llegaron la democracia, la igualdad, la libertad, la justicia y la verdad, la transición (política) en el estado ha sido exitosa” (Mural, 26 de junio). Y tal vez para no “quemar” alguna de sus futuras conferencias, el ahora senador se cuidó de dar algún dato irrebatible que pueda convencer hasta a los espíritus más escépticos de que, pésele a quien le pueda pesar, “hoy viven los jaliscienses mejor que antes”.
El diputado federal Francisco Ramírez Acuña fue el menos labioso de los tres y prefirió guardar silencio tanto sobre los pretendidos logros del PAN como sobre las “podridas” del PRI. Tal vez la explicación de esa parquedad sea que a su sucesor en la gubernatura, González Márquez, le dio por hablar de prácticas gubernamentales autoritarias y represivas. En un descuido a alguien le hubiera podido dar por traer a cuento el tlajomulcazo (la razzia que Ramírez Acuña ordenó contra cientos de jóvenes que en 2001 acudieron a una fiesta rave al sur de la zona metropolitana), o los excesos policiacos aún mayores que tres años después se cometieron contra los llamados “altermundistas” o “globalifóbicos”. Sería el sereno, pero el efímero secretario de Gobernación de Felipe Calderón se hizo chiquito y también se quiso hacer el simpático, bromeando con la dieta alimenticia de los periodistas de la fuente política: aunque sea “una vez a la semana, también comen carnita”.
Pero quien no se ha ahorrado epítetos denigrantes para los priistas es Emilio González Márquez, quien no sólo los ha calificado de “corruptos” y de “cómplices” de la delincuencia, sino de haber encabezado gobiernos que reprimían “con asesinatos a los que pensaban diferente”. Más allá de las motivaciones electorales, que sin duda han llevado al aspirante confeso a la presidencia de la República a querer pintar como villanos químicamente puros a los tricolores, habría que preguntarle, por ejemplo, a quién reprimió y asesinó, por ejemplo, el gobierno priista de Agustín Yáñez. ¿A los panistas que, hacia mediados de los años cincuenta, llegaron a rodear Palacio de Gobierno para manifestarse hasta porque se retrasaban las lluvias en Jalisco? Antes que utilizar la fuerza pública para reabrir la Universidad de Guadalajara, cuyo cierre había sido perpetrado en 1953 por la naciente Federación de Estudiantes de Guadalajara, Yáñez prefirió ceder a la petición de la FEG: la renuncia del rector José Barba Rubio, con unos pocos meses en el cargo y a quien la primera generación de fegistas, con Carlos Ramírez Ladewig a la cabeza, rechazaba por “no ser progresista” ni “digno defensor del ideario de la Revolución Mexicana”.
En cuanto a la pretensión para “contrastar los gobiernos del PAN en Jalisco con los últimos años de administraciones priistas”, los distinguidos panistas de hoy deberían reconocer que en varios rubros la comparación no los favorece. Por ejemplo, en materia de transporte público. Durante la administración de Enrique Álvarez del Castillo (1983-1988) y el “minisexenio” de Guillermo Cosío Vidaurri (1989-1992) se crearon las dos líneas del Tren Ligero. En cambio, en los 16 años y medio que el PAN lleva en el gobierno de Jalisco la inversión pública en movilidad urbana ha ido a parar a obras que favorecen el uso del automóvil (nodos viales, pasos a desnivel, etcétera), con el agravante de que, por descuido, un túnel vehicular de López Mateos tuvo que repetirse, encareciendo su costo en cerca de 80 millones de pesos.
Aparte, el PAN salió algo más que raspado con el asunto del Macrobús, pues fue tanto el repudio contra la primera línea de autobuses articulados, que los panistas no sólo perdieron en 2009 todos los gobiernos del área metropolitana, sino que atestiguaron cómo fue aplaudida la determinación de los alcaldes metropolitanos priistas de no autorizar la proyectada segunda línea del Macrobús.
En el fallido proyecto de Arcediano, los gobiernos de Ramírez Acuña y González Márquez despilfarraron cerca de mil millones de pesos, aparte del arrasamiento de la única comunidad rural que existía en el municipio de Guadalajara, de los daños a la flora y la fauna de la barranca del río Santiago, de la destrucción de un puente histórico con 120 años de antigüedad y del desmantelamiento de las plantas de generación eléctrica en la zona.
Por último, la corrupción, el nepotismo, el tráfico de influencias, el clientelismo, la discrecionalidad y otras prácticas lesivas no han desaparecido con los gobiernos del PAN. De manera súbita, muchos funcionarios emanados de este partido han prosperado económicamente. Sobre estos y otros asuntos, habrá que ver lo que dicen los conferenciantes del club de la arrachera.








