La búsqueda de innovaciones en los formatos, de estética propia paralela a contenidos de interés social, retratando personas de las capas mayoritarias, es una de las características del periodismo que ejerce Jacaranda Correa. Otra es la selección de temas relegados a páginas interiores en los diarios y que se eliminan de las pantallas televisivas. Ha sido reportera de notas especiales para el informativo de Canal 22, creó un programa denominado El Rotativo en el cual se desmenuzaba un asunto en distintas secciones: entrevista, caricatura, editorial. En éste se esbozaba ya la indagatoria en modalidades del lenguaje televisivo. Hoy se arriesga con una serie de documentales bajo el título de Visión Periférica.
La producción consta de dos partes: por un lado se ocupa de rescatar obras inéditas o que han tenido escasa difusión ofrecidas al Canal 22 por Imcine. Ninguno de los programas tiene un esquema preestablecido, en cada cual aflora la creatividad del realizador y las soluciones adecuadas al tema. La parte introductoria le corresponde a Jacaranda Correa. Nos ofrece datos del autor, las circunstancias en que fue grabada o filmada la emisión, antecedentes adicionales del asunto con el fin de apuntalar sus interpretaciones. Aflora el espíritu experimentador de la periodista. Tomas de pie, oblicuas, inclinadas, en picada o desde abajo, acercamientos a medio rostro, a medio cuerpo de Jacaranda que viste de negro. Su imagen se sobrepone a manchones, brochazos de color rojo, azul, amarillo. Pese al movimiento, a la edición de su figura, las palabras surgen diáfanas, las ideas claras.
El programa se estrenó hace tres semanas, se difunde a las diez de la noche por Canal 22. Comenzó con un testimonial sobre el trato que reciben en su país los Maras, grupo ya en edad adulta, algunos con pareja e hijos que siguen perteneciendo a una especie de casta: llevan tatuajes cubriéndoles espalda, pecho, brazos, cara, son hijos de la guerra en El Salvador. Su reinserción a la sociedad es muy difícil, pues ellos se marcaron y hoy la policía los acosa, los detiene sin motivo, y la violencia continúa siendo un referente en su comportamiento. El documentalista que filmó las escenas murió asesinado en aquel país sin que se sepa quien fue el criminal.
La segunda obra es una especie de thriller sin solución. Un excelente músico de jazz mexicano, casado con una francesa, desaparece sin dejar rastro. Su familia, sus amigos, sus admiradores lo han buscado sin resultados. Y el gobierno de Chiapas al cual correspondería investigar no lo ha hecho. Entrelazada, se narra una vida de apego a la música, de escasez material, de honestidad.
La pieza de esta semana tuvo por tema el baile de salón y sus practicantes. Un zapatero remendón a quien nunca se le ve el rostro, cuenta su historia y la de aquellos bailadores que le confían sus zapatillas, botines, zapatos para que les dé mantenimiento o los repare. Varias parejas de ancianos cobran primer plano, se unieron hace 50 años o más a partir del baile. Jóvenes y niños en edad escolar ya están aprendiendo a bailar para tomar el reemplazo de los viejos. El escenario es una Ciudad de México empobrecida, de callejones, vecindades, plazas y salones emblemáticos.
Visión Periférica constituye una prueba de que la estandarización de los contenidos televisivos se produce por razones económicas y no por ausencia de creatividad.








