Acerca de Sicilia, después de Chapultepec

De Federico Chilián Orduña

 

Señor director:

 

Es lamentable que la actitud y el discurso de Javier Sicilia no hayan sido el reflejo del sentimiento y la indignación que nos embargan a los familiares de las víctimas de esta demencial guerra dizque contra el crimen organizado.

Si, como se ha dicho, el diálogo con Felipe Calderón va a continuar, es deseable que Sicilia rectifique y asuma la postura que mandata el movimiento ciudadano por él convocado; que retome los consensos del Pacto de Juárez, y que exija que el Ejército no sea degradado a la condición en que lo ha sumido la fallida estrategia implementada por Calderón.

La tarea de combate a la delincuencia corresponde a las policías, que deben ser depuradas, capacitadas y coordinadas a todos los niveles: federal, estatal y municipal. Si nos atenemos al orden constitucional, la vida humana, incluso la de los delincuentes, debe ser respetada; ellos deben ser aprehendidos y procesados conforme a la ley.

Sicilia debe responder como ciudadano de un Estado laico, que es el único que garantiza el respeto a todas las creencias; hacer a un lado las suyas y proceder conforme lo establece la Constitución General de la República.

Calderón y Sicilia deben apartarse de los imperios económicos y teocráticos que los tutelan, y coincidir en el propósito de alcanzar una Paz con Justicia y Dignidad, que para eso marchamos.

La guerra de Calderón está condenada al fracaso porque desde sus inicios estuvo mal concebida. No se realizó el trabajo de inteligencia previo que una empresa de esta magnitud requería. Desde gobiernos anteriores, y hasta la fecha, los aparatos de administración y procuración de justicia han estado penetrados por el crimen organizado. La fuga del Chapo Guzmán de un penal de alta seguridad durante el gobierno de Vicente Fox es evidencia de ello.

Soy padre de Pablo Gnuyen Chilián Espinosa, un varón de 37 años que fue asesinado el 10 de diciembre del 2009 en las inmediaciones de Poza Rica, Veracruz, por policías uniformados  –reales o falsos– que lo detuvieron y golpearon hasta acabar con su vida. Las averiguaciones del caso radicadas en el Ministerio Público de Papantla, Veracruz, no han reportado ningún indicio de los responsables.

Agradecí a Javier Sicilia que, debido a que él levantó la voz, muchos familiares de las víctimas de esta demencial guerra pudimos manifestarnos; por eso marché de Cuernavaca a la Ciudad de México, donde hice patente mi gratitud y reconocimiento al poeta, a los organizadores y a todas las personas que a lo largo de la marcha nos brindaron atenciones.

No pude sumarme a la caravana a Ciudad Juárez por motivos de trabajo, pero he seguido los acontecimientos. Leí en Proceso 1808 la entrevista que le hizo el reportero José Gil Olmos (Sicilia, después de Chapultepec), y no considero acertados la forma y el fondo como Sicilia asume la representatividad del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

Incluso, creo que su postura es riesgosa para la seguridad pública que se busca, pues abona en la política de permanencia del Ejército en tareas que corresponden a la policía, lo que puede prolongarse hasta el 2012, en pleno proceso electoral, así como generar las condiciones para justificar que se desate una represión más brutal de lo que se ha observado y, con ello, posibilitar la judicialización de la elección e instaurar un régimen de facto de corte fascista.

La colusión de autoridades con criminales en diversos ámbitos de la administración pública se ha evidenciado en diversos tiempos y circunstancias; por ello, aunque el presidente Calderón esté dispuesto a enfrentar “hasta con piedras” a los delincuentes, tenemos que persuadirlo, con datos duros y argumentos contundentes de que no le asiste la razón. La Paz no puede esperar más.

 

Atenta y fraternalmente

Licenciado Federico Chilián Orduña

Heroica Puebla de Zaragoza

transiciondiario@hotmail.com

Teléfono: 22-22-40-19-00

 

 

Respuesta de Javier Sicilia

 

Señor director:

 

Le agradeceré publicar mi respuesta a la carta precedente.

Querido Federico: mil gracias por su carta, mil gracias por su importante presencia en este Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin usted, sin toda esa gente que ha puesto en marcha la reserva moral de este país, la dignidad de este movimiento no habría sido y estaríamos hundidos en la parálisis.

Lamento que le problematice mi fe –allí están mis raíces y no he hecho otra cosa a lo largo de mi vida que ser fiel a ellas; soy lo que soy–.  No creo, sin embargo, que la sustancia de esa fe, que tiene que ver con el Evangelio y no con la Iglesia, esté en oposición con las convicciones morales de su laicidad. En el fondo de la vida espiritual, las claves de interpretación en que esa vida se expresa convergen, y allí usted y yo estamos profundamente hermanados.

Usted me reprocha también que no he sido suficientemente enfático en el regreso del Ejército a los cuarteles. Se equivoca: lo he sido, pero con cordura. Meter al Ejército de inmediato, dadas las circunstancias en que se encuentra el país a raíz de su salida de los cuarteles, sería tan irresponsable como haberlo sacado de ellos.

Si usted relee mi primera intervención en el Castillo de Chapultepec, se dará cuenta de que pedí sacar al Ejército de la lucha en que se encuentra, como lo ha demandado la ONU, pero haciendo un diagnóstico profundo de la situación de cada estado. Si Ciudad Juárez pide su salida inmediata, el pueblo de Cherán –que no ha dejado de dar una lección de dignidad y de organización de su autodefensa– quiere que permanezca en las acciones de Michoacán porque es el único salvaguarda, junto con los pobladores, de sus bosques. Algo semejante dice la gente de Tamaulipas y de otros estados de la República. Ese asunto debe replantearse con mucha sabiduría y de cara al cambio de estrategia para la seguridad que propondrán al presidente Calderón expertos en el tema y de cara a la Ley de Seguridad Nacional que está en el Congreso y que debemos revisar y discutir los ciudadanos junto con los legisladores.

El horror en el que nos han metido es tan complejo, tan brutal, tan espantoso, que no hay soluciones fáciles ni inmediatas. La clase política es –como usted lo señala (y yo también) al referirse a la corrupción que impera en ella– responsable. Lo hemos sido asimismo los ciudadanos al darle un cheque en blanco a esa clase política.

Estamos empezando todos a transformar esta desgracia porque, como usted dice bien, la paz no puede esperar más. Pero hagámosla de manera no-violenta, firme y dando los pasos adecuados. Le recuerdo, querido Federico, a León Felipe: Vamos “con la rienda tensa y refrenado el vuelo/ porque no importa llegar solo ni pronto/ sino con todos y a tiempo”.

Que las diferencias, querido Federico, no rompan la unidad ciudadana que juntos hemos creado, y mantengámonos unidos para que la paz sea realmente el camino.

Relea, por favor, en muchos de mis artículos de Proceso, mis críticas a la tecnocracia y al sistema económico imperante. Se dará cuenta de que me juzga muy mal.

Atentamente

Paz, Fuerza y Gozo

Javier Sicilia