“Sexting” o la adolescencia peligrosa

Empieza como un juego… Basta un celular con cámara de foto y video, así como la suficiente desinhibición para grabarse desnuda o desnudo y enviar el archivo por el propio celular o por correo electrónico o subirlo a las redes sociales. Esta práctica, conocida en varias partes del mundo como sexting, se ha vuelto tan popular entre adolescentes como cotidiana; pero asimismo plagada de peligros…

Cuando Miriam tenía 14 años le sugirieron grabarse desnuda con su celular y enviarle el video al adolescente que más le gustaba para llamar su atención. Al principio se negó, pero presionada por una amiga que la retaba, finalmente accedió.
Pero el destinatario compartió el video con dos amigos. Les hizo prometer que no le contarían a nadie y que borrarían el archivo.
La promesa no se cumplió… Antes de eliminar el video, uno de los amigos se aseguró de reenviarlo a su correo. El escándalo detonó 10 meses después, cuando Miriam y su familia se enteraron de que las imágenes circulaban en la red y de que todos en su escuela se enteraron del hecho.
“Es un tema que te destroza como familia”, dice la madre de la adolescente, quien prefiere omitir su nombre para evitar la estigmatización.
Dice que para su hija ya no hay amigos: “Se le acabó su mundo porque es una niña señalada y etiquetada, no sólo por sus compañeros, sino por los papás”.
El problema, considera, no es que una adolescente se muestre desnuda ante un muchacho; lo grave es que se utilicen los medios que hoy existen para grabar y difundir las fotos y los videos.
Tecnologías de acceso cada vez más populares, deseo de relacionarse o de divertirse, o de venganza incluso, confluyen en esta práctica creciente que en ocasiones acaba en pesadilla para jovencitos y jovencitas, y se conoce como sexting en numerosos países.

Autoexposición

Los primeros indicios del sexting se manifestaron en 2005. Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Reino Unido fueron los países donde comenzó a presentarse con mayor incidencia. Al principio sólo implicaba intercambio de mensajes de texto con referencias sexuales a través de internet o celulares. Estos medios evolucionaron con tal rapidez que ahora es posible el envío de imágenes y video…
El fenómeno se popularizó sobre todo entre los adolescentes de 12 a 16 años, más en mujeres que en hombres. De acuerdo con la Alianza por la Seguridad en Internet (ASI) –organización civil dedicada a proporcionar orientación social a alumnos y maestros de primarias y secundarias acerca de los peligros a los que se exponen a través de internet y dispositivos móviles– nueve de cada 10 personas que se autograban son mujeres.
Para ConnectSafely –organización que al igual que la ASI proporciona consejo acerca de la manera más segura en que los niños y jóvenes pueden usar la red– las razones para autoexponerse son: romance juvenil, coqueteo, lucimiento, impulsividad, presión de los amigos, venganza, intimidación y chantaje, entre otras.
Los destinatarios de las imágenes son principalmente: el novio (20%); alguien que les gusta (21%); el exnovio (19%); su mejor amigo (14%); amigos en general (18%); desconocidos (11%), o compañeros de clase (4%).
Una encuesta realizada por la ASI a más de 10 mil estudiantes de cuarto de primaria hasta tercero de secundaria –85% entre los 12 y 16 años– revela que 7.9% de esos jóvenes aceptan que han enviado imágenes suyas desnudos o semidesnudos a conocidos o extraños.
Sin embargo, 36.7% de los encuestados dijo conocer a alguien que ha enviado o reenviado imágenes de ese tipo a conocidos o desconocidos, y 10.2% reconoció haber redactado y enviado mensajes electrónicos o de texto con insinuaciones sexuales.
Según la ASI, se estima que en México hay 11 millones 600 mil jóvenes de entre seis y 19 años que utilizan las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Agrega que si los porcentajes de sus encuestas se aplicaran a ese universo, significaría que 4 millones de jóvenes conocen a alguien que ha enviado imágenes suyas desnudo o semidesnudo.
Lo que la mayoría de los jóvenes desconoce es que mantener, enviar o reenviar esos materiales por celular, correo electrónico o a través de las redes sociales constituye un delito.
El comandante Gustavo Caballero Torres, coordinador de la Unidad de Investigación Cibernética de la PGJDF, considera que el sexting podría calificarse como pornografía infantil, y como delito del fuero común se persigue de oficio.
Comenta que a comienzos de este año se presentó una querella en la Agencia de Delitos Sexuales. El padre de una niña de 15 años denunció que en You Tube circulaba un video de su hija sosteniendo relaciones sexuales con un adulto.
“Investigamos dónde lo subieron, quién era el titular de la cuenta, qué correo estaba relacionado. Supimos de dónde se estaba conectando y descubrimos que el video fue subido a la red en España”, indica el ciberpolicía, y advierte que el sexting también puede derivar en otros ámbitos delincuenciales:
“Si una persona se dedica a rastrear en la red a niñas menores de edad, en MetroFlog, Facebook u otras redes sociales –existen más de 8 mil, afirma– donde se suben este tipo de imágenes, es una fuente de información para dar con abusadores potenciales. Puede llegarse a dar una violación, abuso sexual, acoso.”

Enganchamiento

Laura tiene 17 años. Es originaria de Villahermosa, Tabasco, y dejó su casa para irse a vivir con su hermana y ayudar económicamente a sus padres.
Por medio de internet “conoció” a Édgar Xicoténcatl, quien vivía en Tenancingo, Tlaxcala, población conocida como “la mata de los padrotes”. Un día, después de conversar en varias ocasiones a través de las redes sociales, Édgar la invitó a salir, pero Laura se resistió…
El joven fue insistente hasta que logró ganarse la confianza de Laura y despertó su interés por conocerlo. Después de tres invitaciones rechazadas vino el sí. Y tras este sí vinieron largos días de golpes y toda clase de maltratos.
“Édgar me secuestró y me llevó a trabajar en explotación sexual. Me golpeaba, me tenía encerrada. Sufrí mucho. Me quitaba todo el dinero, más de 3 mil pesos diarios”, cuenta. Dice que todos los días tenía en promedio 24 encuentros sexuales con diferentes hombres.
Tuvo suerte porque fue rescatada y accedió a contar su historia a decenas de jóvenes que participaron en un Congreso Interdisciplinario de Internet, organizado por la ASI el pasado 7 de mayo.
En ese foro compartió su caso para prevenir a las adolescentes que, como ella, creen que pueden encontrar amigos o al hombre de sus sueños a través de internet. “A mí me quedó una gran experiencia de no aceptar ni confiar en una persona sin conocerla porque así caí”, lamenta.
La falta de una legislación sobre los contenidos en internet, el desconocimiento de las implicaciones que puede tener el hecho de autoexponerse, así como la carencia de una educación desde el hogar para limitar el acceso al ciberespacio, hacen de los menores blancos perfectos para redes de trata de personas, lenocinio, turismo sexual y pedofilia, señala Armando Novoa, director de la ASI.
Una encuesta realizada por esta organización civil entre más de 5 mil menores de 25 escuelas –de cuarto de primaria a tercero de secundaria– muestra que 23.9% reconoce haber entablado relación con personas contactadas a través de internet; 10.5% mencionó que se han enamorado de las personas con quienes mantienen contacto por esa vía, y 10.4% confesó que habla de sexo ocasional o usualmente.
El modus operandi de un acosador en línea, explica Novoa, tiene la finalidad de eliminar la resistencia del menor hacia los extraños y los contenidos inapropiados para él.
Ese proceso es conocido como “cortejo” o grooming (por su nombre en inglés) y se realiza en etapas. Primero, el acosador busca los sitios de internet populares entre los menores. Una vez que elige a su víctima desarrolla amistad con él o ella y le hace ver los intereses que tienen en común.
Pronto, dice el experto, empieza a ganarse su confianza con un apoyo constante a sus ideas y lo convence de que son los mejores amigos. Le cuenta secretos con la finalidad de que el menor haga lo mismo, y finalmente lo anima a establecer contacto físico para platicar “como amigos” de lo que ya han hablado a través de las redes sociales, foros, mensajería instantánea o blogs.
Es frecuente, afirma Novoa, que el acosador utilice los secretos que le contó el menor para chantajearlo y forzarlo de una forma sutil a acceder al contacto físico. La mayoría de los menores que han sido víctimas de enganche tienen menos de 12 años, añade, y no se sienten agredidos porque son seducidos y responden instintivamente a cosas materiales atractivas.
Sólo en el Distrito Federal, de 2006 a la fecha, la PGJDF ha consignado a 45 personas por diversos delitos cometidos contra menores en donde el modus operandi fue el “enganche”.
El coordinador de la Unidad de Investigación Cibernética de la PGJDF comenta que a comienzos de 2011 se desarticuló una red de pornografía infantil y corrupción de menores.
“La base para cometer el delito fue el enganche a través de Facebook. Encontramos la foto de un menor, lo cual podría constituir un delito. Los integrantes de la red, a quienes les gustaba intercambiar imágenes de menores, crearon un perfil y se hicieron pasar por niños.
“De ese caso rescatamos a siete víctimas que fueron abusadas sexualmente por dos de los integrantes de esa red nacional”, afirma.
En México, según datos de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), 34.9 millones tienen acceso a internet. De esos, 25.6 millones tienen una cuenta en Facebook.
Caballero Torres ha sido testigo de la manera en que actúan los acosadores, como lo describe también la ASI.

“Ciberbullying”

Otro tipo de abuso, cometido la mayoría de las veces entre pares de la misma edad y con mayor frecuencia entre los niños de 12 a 16 años, es el ciberbullying.
Es una modalidad que se da a través de dispositivos móviles, correo electrónico o redes sociales, consolas de videojuego con acceso a internet, que también se ha convertido en una preocupación para las autoridades y los padres de familia.
Peter K. Smith acuñó el término de ciberbullying en 2006 para describir el fenómeno del uso de tecnologías informáticas como herramientas para el acoso y la agresión. Ha proliferado a tal punto que se han creado espacios en la red de hostigamiento entre estudiantes, como www.lajaula.net y www.tutudio.com.
Caballero Torres comenta que al área que encabeza han llegado denuncias de videos publicados en You Tube o de que los niños tienen en sus teléfonos celulares imágenes de maltratos y peleas entre ellos; sin embargo, aclara que su trabajo en ese caso se limita a investigar y facilitar la información al Ministerio Público.
El gobierno capitalino, apunta el funcionario, implementó el programa Escuelas sin Violencia a través de la Secretaría de Educación Pública local, para prevenir y atender la violencia en las escuelas; no obstante, indica, uno de los problemas que enfrenta ese programa es que los padres toman represalias contra el agresor de su hijo y eso dificulta el trabajo institucional.
Datos de la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal dan cuenta de la magnitud del problema: de marzo a junio de 2010 se presentaron 13 mil 633 denuncias por bullying, aunque no se especifica cuántas involucran a medios electrónicos. La mayoría de los casos se presentaron en las delegaciones Benito Juárez, Azcapotzalco, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero.
El 26 de enero de 2011, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal declaró que el bullying es un problema de salud pública, y aprobó modificaciones a la Ley de Salud para detectar, prevenir y tratar este tipo de conductas. Sin embargo, hasta la fecha, el dictamen no ha sido publicado en la Gaceta Oficial, por lo que las disposiciones no han entrado en vigor.
Novoa y Caballero Torres coinciden en que además de legislar y establecer programas de prevención y atención para impedir que los menores sean víctimas de sexting, enganche o ciberbullying, los padres deben educarlos y fijar límites a sus hijos en el manejo de las tecnologías.
“Como investigadores de delitos ligados a las tecnologías, sabemos que la tendencia en adelante es utilizar los móviles y los dispositivos tablet. Entre más cerca estén y más población las tenga, más delitos habrá.
“Por eso es importante que para poder educar a su hijo sobre este tema, el papá sepa cómo funcionan, qué es un módem, cómo crear un perfil. Si no sabe él, ¿cómo le va a decir a su hijo los riesgos que existen al usar la tecnología?” l