Nadie sabe cuánto tiempo más va a arrojar ceniza el Puyehue, pero las cantidades hasta ahora lanzadas por el volcán chileno ya están causando estragos en la Patagonia. En una región que vive del turismo y del ganado lanar, la capa de desechos de hasta 30 centímetros es fatal: no hay vuelos al sur argentino, los polos turísticos están vacíos y las ovejas están a punto de morir de hambre, además de que su lana ya no sirve, enlodada como está por la mezcla del agua con residuos volcánicos. Pero la presidenta Fernández manda un mensaje de esperanza a los patagones: No se preocupen. Todo “es psicológico”.
BUENOS AIRES.- El domingo 5 la Patagonia argentina quedó sepultada bajo un manto de ceniza del volcán chileno Puyehue, que entró en erupción un día antes, el sábado 4. La capa de ceniza, de entre 10 y 30 centímetros, marcó el comienzo de un periodo gris para dos sectores fundamentales de la economía patagónica: el turístico y el pecuario.
La erupción del Puyehue –que hasta la semana pasada seguía en actividad– sumió el sur de Argentina en un panorama opaco e incierto. Bariloche y Villa La Angostura estuvieron 15 días sin agua, gas ni electricidad y hoy sus habitantes trabajan desesperadamente para restaurar la zona en vísperas de la temporada turística alta, que empieza en julio.
Pero más allá de las buenas intenciones de los comerciantes, que se afanan en limpiar de ceniza las calles y casas, las perspectivas son malas: el volcán no cesa su actividad, sus desechos lo cubren todo y aunque se reabrieron los aeropuertos de Buenos Aires, los vuelos al sur del país siguen suspendidos.
En Ushuaia, Tierra del Fuego, la interrupción de los vuelos llevó a una “ocupación hotelera cero”. En Bariloche, Río Negro, 80% de los hoteles cerraron y adelantaron licencias y vacaciones a su personal. Allí, además, los restaurantes trabajan a 5% de su capacidad y tienen una única clientela: los periodistas que cubren la catástrofe y los grupos de trabajo enviados por el gobierno nacional.
En Bariloche calculan que las pérdidas en el sector turístico serán de 100 millones de dólares.
En Villa La Angostura, Neuquén, el daño es menor al de Bariloche, pero se habla de pérdidas por 50 millones de dólares y hay 3 mil 500 puestos de trabajo en riesgo.
En esta localidad –a sólo 40 kilómetros del volcán– se ha hecho difícil hasta vivir: los techos se desploman por el peso de las costras de ceniza y agua y 4 mil personas fueron desalojadas por el peligro de desbordes fluviales, pues los desechos del volcán forman diques en los ríos. Además varias de las casas temporalmente abandonadas fueron saqueadas: las denuncias por robo en vivienda crecieron 300% desde que el volcán hizo erupción.
“Tenemos que estar tranquilos porque esto es una guerra; de un lado están los angosturenses y del otro lado está la arena. Para pelear hay que estar tranquilo y con la mente fría”, dijo a la agencia de noticias oficial Telam el secretario de gobierno de Villa La Angostura, Ariel Domínguez.
Además la región debe encarar otra batalla: cubiertas por la ceniza –que al mezclarse con agua o nieve adquiere la dureza del cemento– hay un millón 683 mil ovejas que podrían morir en los próximos días, incapaces de desplazarse en busca de pasto fresco.
El gobierno nacional ya envió “fardos de emergencia” con alimento para los animales, pero han sido insuficientes. Aun si las ovejas sobrevivieran, se estima que tendrán una mala época de parición y que su lana –enlodada por la mezcla de ceniza y agua– será inutilizable y eso acarreará pérdidas incalculables al sector lanero.
Esto hizo que el jueves 16 la Comisión Nacional de Emergencia Agropecuaria declarara estado de “desastre y emergencia económica y social” en las provincias patagónicas de Río Negro, Neuquén y Chubut.
La emergencia durará un año y se traduce en prórrogas impositivas y en ayuda para los productores. Hasta ahora, sin embargo, esa ayuda ha sido moderada. A pesar de que la Comisión tiene un margen de hasta 120 millones de dólares para destinar a estas catástrofes, se aprobó una asistencia de apenas 4 millones para los productores afectados.
Eso sí: junto con la promesa del dinero, el viernes 17 llegó a la Patagonia un equipo de psicólogos del Ministerio de Salud para dar “contención terapéutica” a la población.
Cenizas y alfajores
Las pérdidas y los inconvenientes causados por el Puyehue trascendieron los límites de la Patagonia. Los aeropuertos de Buenos Aires y Ezeiza dejaron de operar siete días (con un respiro intermedio de dos días), lo que causó a las líneas aéreas pérdidas estimadas en más de 12 millones de dólares.
Los pasajeros tampoco la pasaron bien. Decenas de miles de personas quedaron varadas dentro y fuera del país y quienes viajaron por agua o tierra terminaron enredados en rutas lentas y complicadas.
Ollanta Humala, presidente electo de Perú, perdió su vuelo y tuvo que llegar a Argentina en barco, desde Montevideo. El mandatario uruguayo, José Mujica, también llegó en el Buquebús que cruza el Río de la Plata.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, se vio obligado a aterrizar en Córdoba –en el centro del país– y de ahí se trasladó a Buenos Aires en autobús en una travesía de la que ahora queda una curiosa foto: de impecable traje y acompañado por sus guardaespaldas, Ban Ki-Moon bajó a tomar un café con alfajores en una gasolinería. Enterada del episodio la presidenta Cristina Fernández de Kirchner comentó: “Las cenizas volcánicas son chilenas, los alfajores son argentinos”.
Alerta
Un estudio dado a conocer el miércoles 15 por vulcanólogos de la Universidad Nacional del Comahue y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, instituciones argentinas, asegura que la última vez que el Puyehue tuvo una erupción semejante fue hace 10 mil años. Las otras de las que se tiene registro –en 1921 y 1960– duraron dos meses y dos semanas, respectivamente, pero no provocaron tantos daños como ésta.
Alberto Caselli, doctor en ciencias geológicas y director del Grupo de Estudio y Seguimiento de Volcanes Activos advierte que no hay pronósticos exactos sobre el Puyehue. Explica a Proceso: “Estos procesos tienen una duración variable: el volcán está descargando un exceso. La actividad se aquietará cuando la presión dentro de la cámara magmática, donde hay roca fundida, sea equilibrada”.
A su vez el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile no descarta que, como lo advirtió en un comunicado, “Vuelva a presentarse un incremento en la actividad eruptiva con episodios similares a los ya ocurridos o superiores en intensidad”. En consecuencia, el organismo mantuvo el nivel “6 rojo” de alerta, de erupción moderada.
La presidenta Fernández –oriunda de la Patagonia– compartió su visión personal de la situación. En un acto partidario el miércoles 8 advirtió que “muchos vulcanólogos siembran miedo” y recordó la violenta erupción del volcán chileno Hudson en 1991: “Con Néstor vivíamos allá y salimos los dos presidentes, así que tan malo no debe ser”.
Y animó a los pobladores de la estepa con una frase ya antológica: “No tengan miedo. Sé que es molesto y trae temor, pero lo que sucede es más que nada psicológico”.








