Mala hora de junio; ocho poemas de hoy

"Tierra seca"
Foto: Miguel Dimayuga

MÉXICO, D.F. (Proceso).-

1. El altar de los muertos

El mes atroz que ya se fue
Y nos dejó tantos muertos
Que hasta el aire respira muerte
Y en el agua se bebe muerte.

No resisto la herida de tanta muerte.
México no puede ser el cementerio plural,
La inmensa fosa común
En que yace deshecho lo que esperábamos.

Al porvenir ya lo hundimos
En el abismo que se abre todos los días.

2. Solo de clarinete

Solo de clarinete en las tinieblas de México…
Hasta ahora no había pensado
En que también los instrumentos de música
Pudieran ser espectrales.

De modo inexplicable hoy escuché,
Como desde algún lugar que ya no existe,
Un concierto ejecutado en 1960.

No puede ser ningún ardid electrónico
Ya que el clarinetista de aquel entonces
No grabó un solo disco.

En algún otro mundo ha de quedar lo vivido
Y el día menos pensado vuelve un instante.

3. Poesía de guerra

Brota el grillo en la noche
Y alza su canto en la ciudad de muerte.
El grillo es invencible y no tiene miedo.
Todo el mundo lo escucha pero nadie
Ha logrado saber en dónde canta.

4. Los libros de agua

En los sueños adquiero algunas veces
El don de lenguas que no tuve.
Y dicto páginas fluidas
En idiomas que ignoro por completo.

Al despertar
Se disipan mis libros de agua.
Estoy de nuevo en Babel.
Intento hablar otra vez mi lengua
Y me doy cuenta de que ya es extranjera.

No entiendo nada
Y ya nadie me entiende.

5. Cerro del Muerto (Aguascalientes)

Él está aquí
Desde el gran cataclismo que le dio forma al planeta.

Con su silencio llena el horizonte.
Flota en las horas.
Hiende el mar del viento.

El Sol que se derrumba lo envuelve en fuego.
Su mole indescifrable se hace de lumbre.

Cuando el Cerro absorbe la luz
El día que se va es el muerto.

6. De aquel día

De aquel día
Queda el recuerdo de las hojas,
Tan hermosas, tan nuevas,
Tan brillantes de sol…

Cómo no va a doler
Que una tras otra
Hayan caído sin remedio
En el oscuro incendio de los años.

No habrá
Otro día como aquel
Ni otras hojas iguales.

7. Toco madera

Para alejar a la desgracia que ronda a todos
Y conjurar el infortunio presente siempre
Toco madera.

Toco madera y me responde su aspereza.
Siento el rencor que sube por los dedos
Como un enjambre de tábanos.
Puedo escuchar el ruido de su odio
En un rezongo que dice:

“Cómo te atreves
A escudarte en mí, a suplicarme clemencia,
A suponer
Que haré algo por defenderte.
Jamás.
Debes saber que aborrezco
A los que son como tú.

“No me dejaste vivir, me mataste
Para hacerme tu esclava y darle la forma
De tu necesidad o tu capricho.

Cómo te sentirías
Si llegara a talarte,
A hacer de tu carne viva
Una hoja de papel, una mesa, una silla,

“O lo que es más siniestro: duela
Para ser eternamente pisada.
O leño
Para darte calor o estuche
Para la corrupción de tus despojos.

“No vuelvas a tocarme.
Ten presente
Que nunca haré nada para ti, por ti,
Sino odiarte.
Entre nosotros dos sólo puede existir el odio.
¿Qué esperabas?”

8. Intemperie

Cuánta intemperie en un montón de piedras.
Qué profunda y estéril condición
De soledad ser piedra.

Este montón de piedras fue mi herencia.
No se comen
Ni tampoco dan agua.
No me sirven de arma ni me protegen.
¿Qué puedo hacer con ellas?

En la agria noche encuentro la respuesta:
Las frotaré, las frotaré sin descanso
Hasta que en su discordia nazca el fuego.