Entre balas y droga, Vallarta se hunde…

Mucho antes de Liz Taylor, se murieron el aire pueblerino y la tranquilidad que le dieron tanta fama a Puerto Vallarta. Ahora, con los delitos graves en ascenso, el auge del narcomenudeo y la impotencia policiaca, la propia industria turística se está derrumbando. Lo peor es que las autoridades del ayuntamiento y del estado están más ocupadas en ocultar el problema que en solucionarlo.

 

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uerto Vallarta.- Lejos quedaron los tiempos en que este puerto era un tranquilo y seguro centro turístico; los habitantes se conocían entre sí y dejaban sus casas abiertas. Pese a que las autoridades municipales y estatales tratan de negarlo, la violencia y la inseguridad ya están ahuyentando al turismo.

Ya no pueden minimizar los delitos de alto impacto diciendo que son esporádicos ni recalcando que se cometen fuera de la zona turística, como hizo el alcalde priista Salvador González Reséndiz con la detonación de una granada en el bar Pinkcheladas a finales del año pasado.

Tan sólo de enero a la fecha se han registrado cuatro ejecuciones por mes y tres secuestros: el de una joven y los plagios exprés de un profesor del Conalep y de un ciudadano canadiense. Aunque la delegación de la procuraduría estatal se guarda celosamente la información sobre estos casos, de todas formas una oleada de robos a mano armada contra negocios tiene preocupado al sector empresarial de la ciudad.

Pese a que la policía local cuenta con un sistema de cámaras de vigilancia que costó más de 40 millones de pesos, los ladrones han saqueado empresas de telefonía, de materiales para construcción, de transporte y joyerías, sobre todo. 

En julio del año pasado la joyería Seven Silver, en el número 538 del Paseo Díaz Ordaz (en pleno malecón), fue asaltada cuando los empleados estaban abriéndola. Los delincuentes se llevaron más de medio kilo de oro en joyas. 

Días antes, al menos 12 sujetos armados sometieron a los dos vigilantes de otra joyería, Diamond –en la esquina del mismo paseo y la calle 31 de Octubre, al inicio del malecón– y se apoderaron de 70 relojes con incrustaciones de piedras preciosas, así como de otros objetos, cuyo valor alcanza en conjunto medio millón de dólares. La policía no detuvo a ningún maleante en ninguno de estos casos. 

Entre los homicidios que mayor temor generaron se cuenta el del policía municipal de Bahía de Banderas, Gabriel Ponce Hernández, cuyo cadáver fue descuartizado y esparcido en la ciudad en mayo de 2009. Algunos restos incluso fueron abandonados frente a la Zona Militar.

Pero sólo era un aviso. La ola de homicidios ascendió en 2010. El 10 de noviembre, el policía municipal Jorge Corpus López fue abatido a tiros cuando estaba en la patrulla PV127, estacionada en los límites de Bahía de Banderas, Nayarit, y Puerto Vallarta. El vehículo recibió más de 50 balazos de fusiles automáticos cuerno de chivo y AR-15. Las autoridades sólo se enteraron de que los asesinos iban en una camioneta Dodge Ram blanca y que huyeron hacia el estado vecino.

El 21 de agosto de 2010, dos motociclistas mataron a Eliseo Pérez Urrutia cuando caminaba en el cruce de las calles Aguacate y Venustiano Carranza. Y el 1 de febrero pasado su hermano Erick fue ejecutado en el panteón Las Lomas, donde asistía al funeral de su padre. En el ataque quedaron gravemente lesionadas María Rosario Aviña, de 38 años, y Vania Pérez Vargas, de seis años, que estaban junto a Erick. A este crimen se le atribuyó relación con el narcomenudeo.

Hace más de seis meses, dos hermanos Alcaraz Ruesga fueron levantados en la delegación de Ixtapa y hasta la fecha no se sabe nada de ellos. El presidente de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) en el puerto, Carlos Gerard Guzmán, dice a Proceso Jalisco que los comerciantes están preocupados:

“Vallarta es un destino turístico en toda la extensión de la palabra y por supuesto que lo que ha venido ocurriendo sí es lamentable; sí nos preocupa, sobre todo a los comerciantes, empresarios y prestadores de servicios turísticos que vivimos aquí”. Añade que antes estos delitos no eran comunes, pero ahora la inseguridad “ya nos alcanzó”.

Gerard Guzmán hace un llamado al presidente municipal y al gobernador para “realmente eliminar la inseguridad que se está viviendo actualmente… Si bien es cierto que uno es PRI y otro es PAN, que se dejen de cosas: deben estar por Vallarta y por sus habitantes”. En cuanto a los empresarios y al resto de la población, los instó a que tengan valor civil para denunciar y poner a trabajar a las autoridades.

Turismo en decadencia

 

Empleados de restaurantes, centros nocturnos y hoteles aseguran que muchos de estos negocios tienen que pagar “derechos de piso” o extorsión a distintas bandas delictivas. Y no es un secreto que entre los más de 3.5 millones de personas que visitan cada año este puerto hay consumidores regulares de drogas, quienes se proveen con trabajadores del sector, como taxistas, vendedores de tiempos compartidos, vendedores en playas y meseros. 

Fuera de la zona turística, se encargan de distribuir droga unos menores de edad conocidos como los “motorratones”, porque se transportan en motocicleta. Eso sí, las autoridades nada dicen sobre el alto consumo de drogas entre los residentes de las zonas urbanas y delegaciones como El Pitillal, Las Juntas, Ixtapa y Las Palmas. 

Pero en un ejercicio realizado por este semanario entre estudiantes de nivel preparatoria, más de 40% aceptó conocer a personas que están involucradas en la venta de drogas, principalmente cocaína. El 72% dijo conocer al menos a una persona adicta a drogas, sobre todo a la mariguana, la cocaína y las pastillas psicotrópicas.

Consultados por el reportero, los taxistas que operan en la llamada “zona romántica”, antes conocida como Playa de los Muertos, dicen que los turistas frecuentemente les preguntan dónde comprar narcóticos y dónde se está “en ambiente”. No son solamente los jóvenes, sino también personas maduras, aclaran.

El sábado 2, los diputados locales Abraham González Uyeda y Ramón Guerrero convocaron a los medios de comunicación para difundir que Puerto Vallarta está en los primeros tres municipios de la entidad en delitos de alto impacto. Especificaron que por cada mil habitantes se han presentado cinco denuncias, sin contar los delitos que no llegan al escritorio de las autoridades.

Éstas, por su parte, parecen más interesadas en ocultar las cifras sobre homicidios, secuestros, levantones y robos a negocios o a viviendas, este último evidentemente en ascenso. Así, el ayuntamiento de Puerto Vallarta despliega campañas publicitarias donde presenta la visita de niños al cuartel de la policía, estudiantes de la Academia de Policía en cursos de defensa personal y de sometimiento de sospechosos, así como la práctica de tiro al blanco, omitiendo, claro está, que en este caso le proporcionaron sólo cuatro balas a cada participante.

Tales gastos publicitarios contrastan con la severa crisis económica que el ayuntamiento padece por su elevado endeudamiento y excesivo gasto corriente, y el cual pesa sobre la policía: faltan vehículos y los disponibles se utilizan durante las 24 horas, por lo que se descomponen pronto y salen de circulación. Fuentes de la dependencia confirman que hace dos semanas funcionaban 12 patrullas para la vigilancia de todo el puerto.

El presidente del Comité Municipal del PRD, Jorge Chavoya Gamma, señala que la ineficiencia de la seguridad pública está afectando sobre todo a los ciudadanos de a pie, “y eso quiere decir que la autoridad municipal no está haciendo su papel; nos pone en un estado de inseguridad, de vulnerabilidad”. A decir del político, esta situación propicia que no vengan visitantes y puede agravar la crisis económica.

Indica que no se ha tomado en cuenta a las madres de familia cuyos hijos están atrapados en el consumo de drogas. Para él, las autoridades tienen que encontrar la forma de evitar que tantos jóvenes caigan en adicciones, ya que en secundarias y preparatorias son frecuentes los casos de estudiantes que son sorprendidos fumando mariguana y, sin embargo, no son canalizados a ninguna institución de salud: sólo los dan de baja y los directivos argumentan que esto es lo que conviene al plantel y a los demás alumnos.

En entrevista aparte, el diputado federal y expresidente municipal vallartense Rafael Yerena Zambrano señala que él conoce a familiares de personas levantadas, y lamenta que los delitos mayores, que apenas hace un año y medio todavía asombraban en el puerto, ahora se admitan como cosa de todos los días. 

Coincide en que, por ser un destino turístico, Puerto Vallarta depende de la afluencia de visitantes y corre un riesgo mucho más fuerte que otras ciudades por la inseguridad. Por eso, afirma, tiene que crearse una policía turística para evitar que la escalada violenta provoque el retiro de las navieras que organizan cruceros, como ya sucedió en Mazatlán, Sinaloa.

En este sentido, el sector turístico local espera con nervios las próximas temporadas de cruceros. Fuentes de la terminal marítima señalan incluso que los cruceros están a un paso de pasar de largo, porque no existe demanda para tocar Puerto Vallarta en sus itinerarios como antes, además de que ya no es costeable para los cruceros recorrer la costa del Pacífico para tocar sólo la península de Baja California y Puerto Vallarta.

Además de la tranquilidad, esta ciudad perdió aquel aire de pueblito que hechizaba a los pasajeros de El Crucero del Amor y que le dio fama mundial. La misma fuente comenta que si persiste la inseguridad y los directivos de las navieras se enteran de las declaraciones del secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna –que la violencia en el país disminuirá en un plazo de siete años–, casi seguramente los cruceros evitarán el Pacífico mexicano. l