El grito de los tapatíos

La convocatoria fue apresurada, pero cientos de personas respondieron al llamado para protestar en decenas de ciudades de México y varias urbes extranjeras por el asesinato de jóvenes inocentes en la costosa e ineficaz guerra contra el narco. En la Glorieta de los Niños Héroes en Guadalajara se manifestaron reconocidas investigadoras y defensoras de los derechos humanos, como Rossana Reguillo y Guadalupe Morfín, pero también madres de familia y estudiantes que día a día corren el riesgo de salir a la calle.

 

Al menos medio millar de tapatíos gritaron “¡Ya basta, ni un muerto más!” y “¡Estamos hasta la madre!” en la concentración contra la violencia que se realizó la tarde del miércoles 6 en la Glorieta de los Niños Héroes, monumento a los que “murieron por la patria”.

Al igual que otros manifestantes, la extitular de Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra)  de la PGR y de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ), Guadalupe Morfín Otero, llevaba poemas en sus manos. Otras, como Lupita Aguilar, llevaban con ellas el dolor por la desaparición o la muerte de sus hijos.

Al acto acudieron amas de casa, estudiantes de universidades públicas y privadas, artistas e intelectuales. A través de la red primero, y luego en la glorieta, a las 18:00 horas –cuando el sol aún pegaba fuerte–, la gente rechazó la militarización del país y la sangrienta lucha contra el narcotráfico. 

Rossana Reguillo, investigadora del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), escribió en su muro de Facebook: “Estamos hasta la madre, sí. Estoy triste, dolida y preocupada y de manera anticipada pido perdón a los muertos que han muerto sin necesidad. Pero aun en medio de la tragedia, no dejaremos que se muera la poesía. Nunca como ahora es tiempo y lugar para la poesía… nada ni nadie deben callar nuestra palabra…”.

Ella, que desde hace un año impulsa el colectivo Por un México Sin Violencia, desde su cubículo en la universidad jesuita emocionó a sus alumnos para que se sumaran a las manifestaciones que convocó desde Cuernavaca, Morelos, el poeta, periodista y articulista de Proceso Javier Sicilia, a raíz de la ejecución de siete personas, entre ellos su hijo Juan Francisco, de 24 años. 

En la Glorieta de los Niños Héroes el acto inició con un poema de Javier Sicilia que leyó la activista Margarita Sierra. Después, Lupita Aguilar narró el dolor por su hijo, que desapareció desde enero pasado y denunció que la procuraduría estatal no ha indagado el caso, o al menos no ha presentado resultado alguno. 

Integrantes de la Federación de Estudiantes Universitarios de la Universidad de Guadalajara distribuyeron alrededor del monumento a los Niños Héroes varias siluetas humanas de cartón, en memoria de los jóvenes asesinados en el país, como parte de la campaña “Muertos que cuentan”.

En su turno, Morfín Otero expresó que las voces ciudadanas “deben ser escuchadas en los cuarteles, en las policías”. La abogada y poeta leyó un texto suyo dedicado a Sicilia: 

Nada puedo decirte que no conozcas bien/ tú que tan bien conoces los /caminos de la luz / que hacen brillar lo oscuro / callo contigo, amigo, y que la luz te guíe / y nos alumbre  / y en el dolor sepamos ser enternecida multitud que se toma las manos y sabe / comenzar a pronunciar la palabra hermano allí donde los justos caídos / como tu muchacho / comienzan a emerger / como árboles poderosos / y nos abrazan con su aire limpio. 

Aunque los manifestantes no invadieron la calle, muchos automovilistas se demoraban para enterarse de lo que sucedía. Algunos mostraron su apoyo con las bocinas y con aplausos.

 

Desde el dolor

 

Ante la concurrencia, Reguillo mezcló su indignación con los datos duros: “¡Estamos hasta la madre! Todo esto es consecuencia de que este país no se preparó para el crecimiento demográfico: en 2005 alcanzamos el pico más alto de jóvenes de entre 15 a 24 años, jóvenes que crecieron sin oportunidad, sin empleo y que ahora están en las filas de la delincuencia”.

Una señora le confió después: “Cómo no íbamos a venir, si tenemos hijos jóvenes. Tienen miedo de salir a las calles, tenemos miedo de dejarlos salir, terror a que nos los maten”.

Esta sensación la comparten todo los asistentes, dice la investigadora del ITESO en entrevista. Hace notar cómo las mujeres iban al frente y llevaban el coraje en el rostro, mezclado con tristeza y desesperación. “Pese a las diferencias, había la voluntad de estar juntos”, enfatiza. 

La especialista en grupos juveniles afirma que esta concentración no es la primera ni será la última, pero sin duda es una de las más importantes: “Cumplimos nuestro propósito de darle voz a los muertos invisibles”.

Dice que hace falta fortalecer la articulación virtual de quienes están preocupados por la situación del país: “Antes de salir a las calles a tomarlas, nos falta construir un tejido político. No sólo nos quedaremos en la muestra de dolor y de indignación; tenemos que continuar con propuestas de carácter político que puedan llegar a impactar a las autoridades omisas, que han dejado crecer la inseguridad que vivimos”.

Adelanta que una de las propuestas es sumarse a la campaña de Javier Sicilia e instalar un plantón permanente en Guadalajara “para que esta indignación no muera; para que permanezca la esperanza”.

–¿La poesía ha muerto? –se le pregunta a Reguillo, en alusión al anuncio de Javier Sicilia, de que abandona la poesía porque ya no está en él.

–No. Me sumo a la afirmación de mi amigo Braulio Peralta: respeto el silencio del poeta, pero no de la poesía. Seguimos haciendo poesía política y ciudadana con estas concentraciones. La palabra no puede morir, si fuera así, le estaríamos abriendo la puerta a la violencia.

Agitada aún y con la voz apenas audible tras su alocución en el acto, donde fue la oradora principal, agrega la investigadora: “Lo fundamental es no parar. Estamos hasta la madre de estos delincuentes, estamos hasta la madre de las autoridades omisas”. 

Por su parte, también en entrevista, Morfín dice que después de la concentración hay múltiples clamores y propuestas, unas que están en manos de las autoridades para cumplirse, y otras en manos de los ciudadanos. 

Clama la exfiscal: “Ojalá sigan pasos firmes hacia la paz. Una paz que no signifique claudicación con quienes lastiman a otros, sino provisión de un enfoque integral para abordar las raíces del complejo problema”.

–¿Cómo hablar de paz desde el dolor y el coraje? Me refiero a la expresión “estamos hasta la madre” –plantea el reportero.

–Es una expresión muy nítida de lo que nos toca desde la raíz, desde lo fundacional. La madre es quien nos da a luz. Estar hasta la madre es estar hartos de tanta oscuridad, estar extenuados hasta la médula, con un hartazgo esencial de lo que trastoca el orden mismo de nuestro ser humano, y humanidad en convivencialidad, como decía Iván Ilich desde Cuernavaca, donde habita Javier Sicilia. 

“Desde el dolor es donde se invoca con más fuerza la paz. El dolor no es pérdida de paz; el odio, sí. Es muy positivo saber y poder expresar el coraje, la rabia, la indignación, pues hacerlo nos abre las puertas a la escucha. Cuando no expresamos, no podemos escuchar.”

–¿El Ejército a las calles? Parece una locura.

–Sí, lo parece. También es una locura dejar de reconocer a quienes han sostenido, pese a todo, el Estado constitucional de derecho. Si alguien puso en riesgo a los militares, hemos sido los civiles, por incompetentes o corruptos. Por eso urge capacitar cuanto antes a las fuerzas civiles que deban asumir lo que les corresponde constitucionalmente y poner plazo para el rediseño de las funciones del Ejército y la Armada. Hay que convertirlos en fuerzas de paz.   

–¿Qué le diría a Javier Sicilia? 

–Lo abrazaría. No le diría nada. Javier entiende que ante el dolor de un hijo asesinado no se puede decir nada o muy poco. Estaría con él, en silencio, pero con un silencio pleno de comunicación. Javier es, en muchos sentidos, un hermano para mí.   l