La nueva devoción

La crisis de valores, la pérdida de confianza en las autoridades políticas y eclesiásticas, más la necesidad de sentir una seguridad en la vida cotidiana ha llevado a muchos jaliscienses a los pies de la Santa Muerte. A decir del investigador José Arturo Navarro, este culto ha crecido por su apertura a la diversidad y su independencia de la jerarquía católica.

 

El culto a la Santa Muerte crece poco a poco en Guadalajara. Altares caseros, locales de mercados que venden su imagen y hasta un pequeño santuario dedicado a ella son muestras de que silenciosamente reina en la vida cotidiana de muchos tapatíos.

A pesar de la incompatibilidad de este culto con el catolicismo, que considera la muerte como un suceso y no como un ente, quienes se sienten desprotegidos buscan consuelo en la “devoción marginal” a la figura esquelética, señala en entrevista Jesús Arturo Navarro Ramos, académico del Centro de Formación Humana del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

A decir del sociólogo, esta figura se difunde de boca en boca ante la desesperanza y la ola de violencia en Guadalajara: “Por un lado están las capillas y los altares en hogares, que son muy complicados de ubicar. También hay espacios de distribución para clases populares, como mercados, y además se da el fenómeno en espacios de distribución para ingresos altos, en lujosas plazas comerciales”. Por lo pronto ya hay dos templos en la zona metropolitana: “El de la colonia Las Juntas y otro en Federalismo, en la zona de Zapopan”.

En efecto, novenas, estampitas, estatuas y cuadros de la Santa Muerte prácticamente tapizan algunos locales en los mercados Corona y San Juan de Dios. “Es la que se me vende más; la gente ya casi no viene por figuras de otros santos, si acaso la Virgen de Guadalupe y San Juditas”, cuenta una vendedora en el Corona.

Los estratos de altos ingresos también caen en el embrujo, aclara Navarro Ramos: “La Santa Muerte ya se comercializa diluida en los centros comerciales, sobre todo en tiendas esotéricas que curiosamente están registradas como librerías y expenden otros productos, como inciensos, velas o discos con música new age”. Esto sucede en centros como Plaza del Sol y Plaza Andares.

El investigador universitario dice que en los altares caseros, que es difícil contar, la peculiar santa a veces comparte la devoción de las familias con San Martín Caballero o San Martín de Porres. Lo mismo sucede en tendejones y cenadurías.

Aunque existe desde hace décadas, este culto comenzó a hacerse notorio en Guadalajara desde hace una década, y en 2003 fue mencionado por el arzobispo Juan Sandoval Íñiguez, “aunque en el Simposio Internacional Teológico Pastoral realizado en Guadalajara en octubre de 2004 aún no fue tema de discusión”, puntualiza Navarro Ramos.

Esto se debe a que, explica, “con las crisis y las últimas olas de violencia esta devoción se ha disparado entre todos los sectores sociales. Las imágenes de la Santa vienen a atender un vacío social; la gente cree que ella sí dará respuesta inmediata a sus necesidades básicas y de seguridad”.

Un santuario de la Muerte está en uno de los barrios más pobres de la zona metropolitana: la colonia Las Juntas, de Tlaquepaque. Es un local de la calle Juan de la Barrera, a un lado de las vías del tren.

En el fondo está el altar con dos reclinatorios de cojines rojos. La calavera venerada ha recibido sus ofrendas preferidas: vino, cervezas, cigarros, puros, chocolates, pan dulce, agua y manzanas. Estas frutas “le encantan porque simbolizan la pureza y absorben la mala vibra”, dice uno de sus fieles. 

La sacerdotisa Daena Elba Vázquez atiende este santuario. Ella pertenece a la Congregación de Curas Sanadores de la Iglesia Católica Ortodoxa, con sede en Cadereyta, Nuevo León, y encabezada por monseñor Juan Díaz Parroquín.

Devota desde 1982, Vázquez decidió convertirse en sacerdotisa “luego que la Santa me salvó a mi nieta en 2006”. Durante cuatro años y medio fue diaconisa, hasta que Díaz Parroquín la ordenó sacerdotisa el 22 de abril de 2010 para que se hiciera cargo del santuario. “Tenemos como obligación escuchar a todos y ser humildes con todos”, comenta.

Todos los días llega gente de la zona metropolitana a pedirle favores a la Santa Muerte. Su fe parece grande; le rezan, la tocan, le lloran. Sus “misas” se celebran los domingos a las 12:30 y 17:00 horas, y congregan a casi 150 fieles, aunque a veces se quedan algunas personas escuchando afuera. Desde hace tres años y medio el obispo Parroquín –como le dicen sus seguidores– visita Guadalajara el día 22 de cada mes para la “fiesta de la sanación”.

Entrevistado en la capital jalisciense, Díaz Parroquín explica que ya no tiene nada que ver con el recientemente detenido David Romo, líder de la Iglesia Católica Tradicional México-Estados Unidos y autoproclamado obispo de la Santa Muerte, a quien las autoridades capitalinas acusan de secuestro.

“Sí colaboré con David Romo, pero desde hace tres años tuve diferencias con él y a partir del 8 de julio de 2010 me dieron un escrito de Gobernación donde se declara que ya no soy miembro de ese grupo. ¡Qué bueno que me salí a tiempo! No tenemos nada que ver con él, que deberá responder a las leyes de Dios y de los hombres. Ahora pertenezco a la Congregación de Curas Sanadores de la Iglesia Católica Ortodoxa”.

Para el debate

 

La postura de la Iglesia católica ante este “culto marginal” es de rechazo, pero la Arquidiócesis de Guadalajara se negó a ofrecer su postura. Por medio de su secretaria, el vocero Antonio Gutiérrez Montaño respondió: “A Proceso no le daremos ninguna declaración”.

Sin embargo, el 16 de septiembre de 2007, al salir de una función en la que se presentó la película La Santa Muerte, dirigida por Francisco del Toro, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez declaró a la prensa: 

“El demonio, que es el padre de la mentira, de todo se vale, y así como hay cultos satánicos directos, aquí en Guadalajara está también este culto, que ha nacido y se ha propagado en nuestro país. Esta es una de las argucias de que el demonio se ha valido para separar a los hombres de Dios, el señor de la vida.” 

El maestro Arturo Navarro comenta: “Este discurso (del cardenal) lo que va haciendo es marcar distancia con la creencia para decirle a la gente que ese culto no entra en el ámbito católico. Pero de ahí a que le hagan caso es otro cantar”.

La sacerdotisa Daena Vázquez replica: “Nada de satanismo… Nos atacan pensando que somos diabólicos, que hacemos daño, cosas malas, brujería, pero todo eso es falso. Y tampoco metemos santería”.

El obispo Díaz Parroquín va más allá y reta al cardenal Sandoval a un debate público “para demostrarle con fundamentos bíblicos la existencia de la Santa Muerte”. 

Reitera: “Nunca hemos manejado satanismo ni brujería. Nos calumnian. Sandoval dijo que no existe el Ángel de la Muerte. Supe que él dijo que sí acepta un debate conmigo, pero en privado. Así no, porque luego va a decir que me convenció. Yo solamente lo haría públicamente y con la presencia de medios”.

–¿Por qué atacan tanto a este culto? –pregunta el reportero.

–Es que el catolicismo romano no tiene control de la devoción. No le entran las limosnas, y básicamente es por eso. Yo no agarro nada de dinero aquí. Voy a Puebla, a Xalapa, a Querétaro, y todo lo maneja la misma gente en cada templo. Los líderes católicos descuidan a la gente y por eso se les pasan a otros cultos. Muchos que vienen aquí medio saben persignarse aunque se consideren católicos. No los han educado, han descuidado a sus fieles. 

“Nosotros no tenemos problemas con Sandoval, yo también soy católico y le digo a las mamás que manden a sus niños a su parroquia cercana a hacer su primera comunión. Pero, al contrario, ellos no nos quieren a nosotros. Más bien deberían considerar por qué están perdiendo devotos.”

–¿Qué tipo de gente es devota de la Santa?

–Aquí la inmensa mayoría somos católicos. Buenos o malos, ricos y pobres, hombres y mujeres, gays o lesbianas, policías o ladrones, estudiantes y profesionistas.

–¿Qué les respondería a quienes afirman que este culto solamente es de delincuentes o ignorantes?

–Eso no es cierto. Si haces una encuesta, la mayoría de las cárceles está llena de católicos y eso no quiere decir que esa religión sea de gente mala. Quizás hay gente mala que recurre a la Santa porque tiene fe, pero eso no quiere decir que todos los devotos sean malos. ¿Por qué no dicen nada cuando esos mismos le rezan a otros santos y nomás con la flaquita hacen escándalo? Ya quítense esa creencia. Aquí hay pobres y ricos, vendedores ambulantes, gente que no tiene para comer o que no sabe leer ni escribir, o hasta médicos. Hay de todo.

–¿Gente de la política?

–No te puedo decir nombres porque es su palabra contra la mía, pero claro que los hay.

–¿Qué tan importante es Cristo para ustedes?

–Lo más importante. Pedimos permiso a Dios antes de empezar nuestras ceremonias. A la Santa se le venera, pero al que adoramos es a Dios.

Crisis católica

 

El investigador Navarro Ramos explica que la fuerza del culto de la Santa Muerte no radica en los grupos del clero que tratan de controlarlo, sino en la gente que lo ha hecho suyo.

“Ha habido varios que han querido adueñarse de la imagen, como doña Queta, el comandante Pantera o David Romo, pero no se puede porque la gente la siente independiente, esa es la clave de las devociones marginales. Hay otras, como el Niño Fidencio, Malverde, Juan Soldado o San Pancho Villa, que tienen características comunes con la Santa Muerte”, señala.

Este tipo de manifestaciones de religiosidad popular surgen sin el apoyo institucional de la Iglesia católica, y por lógica son descalificadas por la jerarquía, dice el especialista.

“Se trata de rituales y oraciones seguidas por quienes se encuentran en oposición a una forma moral o legal de actuar. Las religiones institucionalizadas les piden un cambio de vida y, al no poder romper con ese esquema de confrontación con la ley o determinada moral, son excluidos de las religiones. La Santa Muerte no les pide cambio de vida, sólo seguir un ritual para obtener un beneficio. Estos rituales o cultos que se incuban fuera del ámbito institucional se convierten en un oasis para quien se siente marginado.”

No obstante, el especialista también advierte: “Es injusto decir que hay puros criminales. Muchos seguidores de la Santa comparten la desilusión por la religión católica y sus líderes. Los humanos tenemos necesidad de sentirnos seguros, y en tiempos de violencia aún más. Estos devotos no perciben que la religión de sus padres les dé una respuesta; están desesperados ante la ausencia de milagros de los santos católicos y, como dice el dicho mexicano, el perdido a todas va. Este boom coincide con el recrudecimiento de la crisis económica, laboral y de inseguridad”.

El entrevistado explica que las devociones marginales reflejan la reconfiguración de creencias religiosas para crear nuevos cultos, y en este sentido “los que están más propensos a seguir estas devociones son los católicos, pues los evangélicos, como la Luz del Mundo, siempre guardan distancia con las imágenes”. 

Apunta que poco a poco el culto a la Muerte se difunde a otros municipios: “He visto, por ejemplo en Sayula y Ciudad Guzmán, a jóvenes participando en Pascuas Juveniles que portan rosarios de la Santa Muerte”; sin embargo, admite que será muy complicado que esta figura se haga presente en la vida cotidiana de tierras cristeras, como Los Altos. 

Curiosamente, acota, quienes veneran a la Santa Muerte se siguen sintiendo católicos, lo que se explica porque “hay una ruptura en términos de creencias, pero no de pertenencia”.

–¿Es una paradoja que ese culto crezca en Guadalajara, feudo del cardenal Sandoval Íñiguez?

–Hay una asimetría. En Guadalajara vivimos en una sociedad tradicionalmente católica, cercana a devociones populares, como la asistencia a la romería. Pero los creyentes católicos marcan diferencia entre lo que ordena la institución y lo que ellos como feligreses desean.

Según Navarro Ramos, dichas diferencias manifiestan un aspecto más de la crisis de la Iglesia católica como legítima mediadora de lo sagrado.

“Si bien la figura del cardenal es fuerte, eso no significa que los creyentes hagan caso de las indicaciones. Se le escucha, pero de ahí a que en el ámbito de la vida privada se lleven a cabo sus observaciones hay mucha distancia. Esto se refiere no sólo a cuestiones devocionales, sino a otros asuntos que tienen que ver con el ejercicio de la sexualidad, de la intimidad, de la individualidad, de la interioridad de las personas”, concluye el académico. l