Un solidario adiós a Samuel Ruiz

Consecuente con sus principios de buscar la justicia para los sojuzgados, incluso más allá de su trabajo pastoral, el obispo emérito Samuel Ruiz García siempre fue solidario. Poco antes de su fallecimiento, el lunes 24, el Tatic firmó un documento en el que expresa su solidaridad con las comunidades de Temacapulín, Acasico y Palmarejo que se oponen a la construcción de la presa El Zapotillo. Para el vocero de ese movimiento, Gabriel Espinoza, la posición del obispo emérito es emblemática para los jaliscienses. 

 

Casi hasta el último instante, el obispo Samuel Ruiz García se mantuvo firme en su defensa de las causas que consideraba justas. Muestra de ello es que, aun con su salud deteriorada, avaló con su firma los resultados de la consulta pública los habitantes de Temacapulín se manifestaron contra la construcción de la presa El Zapotillo.

El lunes 24, poco después de que se difundiera la noticia de la muerte de Tatic –padre, como lo llamaban los indígenas tzeltales cuando era titular de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas–, el sacerdote Gabriel Espinoza Íñiguez, vocero del comité Salvemos Temacapulín, Acasico y Palmarejo, organizó una rueda de prensa para difundir los resultados del referéndum efectuado el viernes 7 y el sábado 8 en las tres comunidades en torno a esa obra. 

En ella, dice el religioso, 99% de los consultados se pronunciaron en contra de ese proyecto hidráulico que, de llevarse a cabo, inundaría la zona. El activista relata a Proceso Jalisco que cuando comentó sobre ese asunto a don Samuel Ruiz García y a Raúl Vera López, ambos se solidarizaron de inmediato y firmaron un desplegado que se publicó hasta el miércoles 26.

Los dos suscribieron un documento, comenta al reportero, al tiempo que muestra una copia y dice que ese apoyo resulta emblemática, sobre todo ahora que el movimiento de inconformidad cobra fuerza.

Tras los resultados de la consulta popular, el tercer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ), Alfonso Hernández Barrón, pidió al gobernador Emilio González Márquez atender la recomendación 35/2009, emitida el 31 de diciembre de 2009, en cuyo primer punto el ombudsman estatal se pronuncia por la “suspensión inmediata de la construcción de la obra”.

Y a principios de diciembre pasado, la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD) en un boletín de prensa se solidarizó con los pobladores de las tres comunidades, quienes eran hostigados por funcionarios de la Comisión Estatal del Agua (CEA). En ese documento, la organización aludió también a la recomendación 35/2009 y pedía la suspensión inmediata del proyecto de la presa El Zapotillo. 

Por las consecuencias que traería la construcción del embalse y por la resonancia que está cobrando incluso en el ámbito internacional, la muestra de solidaridad de Tatic es significativa para los jaliscienses, en particular para los habitantes de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, asegura Espinoza Íñiguez.

Las enseñanzas de don Samuel

 

Alberto Gómez Sánchez, sacerdote de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, relata a Proceso Jalisco que don Samuel siempre se identificó con las causas populares y relata algunas de sus vivencias al lado del obispo emérito, en particular sobre su quehacer pastoral en las comunidades indígenas chiapanecas.

Oriundo de Guadalajara, Gómez Sánchez relata que hace 22 años viajó a Chiapas y tomó contacto con él. Desde entonces reside allá. Hace 10 años, dice, lo nombraron párroco de Palenque en aquella entidad donde se desarrollaba el trabajo revolucionario del Tatic.

En 1974, recuerda, don Samuel dirigió la primera gran rebelión pacífica de los pueblos originarios de Chiapas por su dignidad al organizar un Congreso Indígena. Además, “revolucionó la Iglesia católica desde esa región al ordenar a diáconos indígenas casados, incluso intentó ordenar a sacerdotes indígenas casados, pero el Vaticano lo detuvo todo”.

Relata que en 1988, cuando llegó a Chiapas, “la dura realidad de la opresión hacia los indígenas me impactó y marcó mi vida. Y fue don Samuel, de quien ya había escuchado hablar y sabía que era un importante precursor de la Teología de la Liberación, quien me recibió aquel año”.

Como a todos los nuevos agentes de pastoral que llegaban a la diócesis que él encabezaba, me recibió con la frase: “Bienvenido al conflicto”. Y así inició su relación con don Samuel. “Había mucha vida y un dinamismo al interior de la diócesis”, recuerda Gómez Sánchez.

–¿A qué se refería cuando decía “conflicto”? –se le pregunta.

–Nos decía que el conflicto consistía en comprometernos a luchar por los ideales, por el Evangelio liberador, frente a una realidad opresora.

–¿Cuál fue su primera tarea al llegar a Chiapas?

–Llegué a Salto de Agua, un municipio cercano a Palenque. Mi primera encomienda fue organizar los talleres de canto religioso en el idioma chol, con el apoyo de religiosas que lo dominaban. Don Samuel nos decía que debíamos situarnos en la realidad para conocerla y después actuar sobre ella.

El sacerdote relata que don Samuel también sabía utilizar la radio banda civil. “En 1990, siendo diácono, me tocó recibirlo en Salto de Agua. Vino en su camioneta y traía su casco de obrero. Lo primero que sacó fue un paquete en el cual traía su radio… y en menos de lo que te estoy platicando, ya estaba en la azotea colocando la antena para empezar a transmitir. Y lo hacía incluso a nivel latinoamericano.

Gómez sostiene que Tatic fue un “hombre de Iglesia. Siempre discreto, se tragaba el dolor que le causaba el silencio; o peor aún, le dolía sobremanera el linchamiento de sus hermanos obispos de Chiapas y de otras diócesis del centro y occidente del país”, dice.

El sacerdote recuerda una anécdota que describe a don Samuel. Cuando Raúl Vera era el obispo coadjutor en la Diócesis de San Cristóbal, y se comenzó a hablar del “comandante Samuel”, yo le dije: 

–¿Por qué no te defiendes, don Samuel? ¿Por qué no les respondes?

–No vamos a perder la oportunidad de evangelizar a todos estos hermanos… obispos – me contestó.

Otro de sus legados fue la ordenación de diáconos indígenas casados, que comenzó a principios de 1970, a escasos años de que lo nombraran obispo:

“Para hacerle justicia a don Samuel, debo decir que él fue uno de los últimos padres conciliares vivos en México. Estuvo en todas las sesiones del Concilio Vaticano II. Era, sin duda, un erudito en las Sagradas Escrituras y un conocedor de la historia de la Iglesia católica. Esos años debió describir su misión”, señala el entrevistado.

Una vez que lo aprobó el Concilio Vaticano II, don Samuel Ruiz puso en práctica el diaconado casado. “No fue un invento suyo”, insiste.

Luego de la ordenación de los últimos diáconos, el 18 de enero de 2000, vinieron las calumnias. Algunos obispos se quejaron y afirmaron que se había ordenado también a diaconisas, lo que fue un pretexto para que el Vaticano cancelara este proceso”, recuerda el sacerdote.

Y aun cuando Felipe Arizmendi, el sucesor del obispo Samuel Ruiz en la Diócesis de San Cristóbal, siguió ordenando a diáconos, el Vaticano optó por suspender el proceso por tiempo indefinido.

 

Un ejemplo a seguir

 

Alberto Gómez Sánchez dice con vehemencia: “El Tatic siempre será un referente en mi vida. Puedo repetir lo que él decía: ‘Lo que soy se lo debo a la diócesis; sin la diócesis no sería lo que soy’”.

Y reitera que trata de seguir sus enseñanzas. Cuenta que a través de la Coalición Ciudadana de Palenque se logró que trataran con dignidad a la etnia chol en el Hospital Regional de esa ciudad, donde las muertes por negligencia médica eran la constante.

Gómez también impulsó la creación de un albergue para migrantes en el municipio, pero ante las amenazas del grupo de Los Zetas tuvo que cancelar el proyecto.

–¿Tuvo don Samuel una participación política activa?

–Claro que sí. Producto del análisis de la realidad, la diócesis veía las raíces políticas, sociales y económicas de la desigualdad. Claro que buscaba incidir en la estructura que excluye a las mayorías, sobre todo a los indígenas.

“Fe y política van juntos. Una traducción de la fe en los hechos es trasladarlo a la situación que vivimos. No hay otro camino. No puede haber medias tintas. En aquel entonces, y que hoy sigue vigente, nos definimos frente a la realidad que destroza la dignidad. Es una opción política.”

Don Samuel mostró, desde 1974, su lado profético. Para conmemorar los 500 años de Bartolomé de las Casas, el gobierno del estado impulsó un magno festejo. Pensaban las autoridades estatales que sería un asunto folclórico. 

En ese Congreso Indígena realizado en San Cristóbal de Las Casas, dice el entrevistado, el Tatic dio la palabra a cada pueblo indígena: a choles, tzeltales, tzotziles, tojolabales, y los hizo copartícipes de esa conmemoración pionera.

“Por primera vez los pueblos indígenas tan distantes convivieron y se dieron cuenta de que compartían el mismo sufrimiento, que sus historias de humillación eran similares. Las ejecuciones de indígenas por parte de los hacendados y grandes finqueros era una práctica común e impune.”

En aquel congreso los indios se quejaron de la falta de tierra, salud, educación, vivienda, y exigieron justicia. Sus reclamos eran muy similares a los que, 20 años después, enarboló el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Y todo fue gracias a las gestiones del Tatic, insiste Gómez Sánchez.

Como fruto de aquel encuentro, los pueblos indígenas comenzaron a organizarse. Se creó la Asociación Rural de Interés Colectivo, Unión de Uniones, de donde salieron algunos dirigentes del EZLN, así como innumerables cooperativas de consumo para combatir la pobreza.

“A la diócesis de San Cristóbal nunca pudieron doblegarla. Fue y sigue siendo una voz profética del pueblo”, remata Gómez Sánchez. l