A Jorge Wilmot, el artista regiomontano avecindado en Tonalá, se le considera un precursor de la cerámica local. Y así lo explicó en la pasada edición de la FIL el historiador de arte Gutierre Aceves Piña, al inaugurar la exposición Artes y oficios en la obra de Jorge Wilmot, que él mismo curó y montó. Además de elogiar su trabajo, dijo que el ceramista supo crear un nuevo mestizaje mediante “la fusión de la tradición oriental y la tradición local, que inició a finales de los cincuenta”. Reacio a las entrevistas, el homenajeado asegura que, lejos de considerarse innovador, lo suyo es sólo trabajo de diseño y dirección.
Minutos antes de la presentación del catálogo de la exposición del ceramista regiomontano Jorge Wilmot como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro, el director de la Casa ITESO-Clavigero, Gutierre Aceves Piña, conversaba con su colega del Museo de Arte Popular (MAP), Walther Boelsterly. Estaban nerviosos porque el homenajeado no aparecía y ante el temor de que no llegara ambos intentaban hacer tiempo para aplacar la inquietud de la gente reunida en un salón de Expo Guadalajara.
Editado por el MAP, el catálogo reúne la mayor parte de las piezas del artista regiomontano avecindado desde hace décadas en Tonalá. Algunas se exhibieron ya en las instalaciones del MAP en la Ciudad de México entre agosto y noviembre de 2009; otras se montaron en el Museo Regional de Guadalajara de abril a junio de 2010.
Historiador de arte y curador de la exposición Artes y oficios en la obra de Jorge Wilmot, Aceves Piña explicaba que la muestra incluyó 360 piezas de cerámica, algunos dibujos, así como fotografías de infancia y retratos que algunos colegas hicieron de Wilmot, considerado precursor de la cerámica de alta temperatura en Tonalá.
“En lo que llega Jorge, voy a hacer algunos comentarios acerca de quien me enseñó a apreciar la cerámica”, dijo Aceves a los asistentes. Y siguió: “Jorge no es un artesano convencional, esto es lo que a veces cuesta trabajo entender. Por eso, cuando alguien ve las piezas de Jorge se pregunta: ‘¿Eso es de aquí? ¿Esto es mexicano? ¿Qué es?’.
“Jorge es alguien que se mantiene al filo de la navaja entre la tradición –en concreto dos: la tradición del barro bruñido, que hunde sus raíces en el mundo prehispánico, y la cerámica oriental. Él logra armonizarlas en su obra– y la innovación.”
Aceves apuntó que existen otras influencias en Wilmot sin las cuales no se podría entender su trabajo: “Su pasión por el diseño y la lectura, por ejemplo, y sus experiencias de viaje. Ese tipo de cosas que no están (evidentes), son las que hacen que tenga una visión propia del mundo que se ve reflejada en sus obras”.
Relató que Wilmot no aprendió el oficio de la cerámica directamente de su padre, lo más usual en una tradición, sino de otra manera, “pero es capaz de descubrirla, de verla y de aprovecharla”; aclaró, eso sí, que el regiomontano aprendió de su padre, que era comerciante, el gusto por la cacería y la pesca, “pero sobre todo aprendió a anteponer los deseos a las obligaciones, a pesar de que su madre pretendía que aprendiera lo contrario”.
Según Aceves, el ceramista “ha sido y es un hombre que antepone los deseos a las obligaciones, por eso no fue el gran comerciante y no tuvo un trabajo sistemático. Yo creo que solamente una gente que antepone el deseo a la obligación es capaz de lograr una obsesión como la que él tenía: lograr un azul, lograr una luminosidad, lograr una cerámica que era del gusto de los emperadores”.
Y recalcó: “Solamente una gente con un deseo claro es capaz de lograr ese azul Yun Yao y esa luminosidad que él tiene en su cerámica de alta temperatura; en concreto la de tipo oriental”.
El curador de la exposición reconoció incluso que fue Jorge quien le enseñó a reconocer, por medio de la tersura en la superficie de una pieza, cuándo el molido es perfecto y el bruñido excelente. “Él me enseñó a apreciar y disfrutar la espontaneidad de la pincelada de los artesanos de Tonalá, que él tanto valoró. Eso hizo que se quedara a vivir ahí e iniciara su aventura de la cerámica” en esa población, expuso Aceves.
En opinión del investigador, Jorge Wilmot no solamente logró apreciar los valores formales de la cerámica y las habilidades de los artesanos locales, sino que se dio cuenta de los aspectos simbólicos de la cerámica bruñida. Dijo también: “Él tenía muy claro que la cerámica tonalteca es nuestra cerámica mestiza por excelencia; que es la única cerámica que ha tenido una historia de continuidad desde el mundo prehispánico al día de hoy; es algo vivo”.
A esta historia de continuidad –prosiguió–, de la que Wilmot forma parte, hay que agregar la historia de adaptabilidad de la cerámica. “En el encuentro con el mundo español se conserva la técnica y la manera de hacer, pero cambian las formas. Hacia el siglo XIX, la cerámica de Tonalá se adapta a los gustos europeos y vemos piezas que reproducen porcelana francesa, por ejemplo. En el XX, la cerámica sobrevive y se adapta al Art Déco”.
Aceves consideró que la última etapa de adaptabilidad de la cerámica tonalteca de debe, precisamente, a Jorge Wilmot. Él fue quien introdujo una nueva técnica; es decir, llevó a cabo un nuevo mestizaje mediante “la fusión de la tradición oriental y la tradición local, que es la que él inició a finales de los cincuenta, y la adaptabilidad a los nuevos diseños que él pone en juego en ese momento. Ese es el gran valor de Jorge”.
Según el investigador, el ceramista regiomontano se ha preocupado porque las piezas sean excelentes en todos sus aspectos. Para sus diseños, dijo, aprovechó la habilidad manufacturera de los artesanos tonaltecas; esa misma preocupación la extendió a otras técnicas, como la hojalatería, el vidrio y la joyería, con la idea de que sus diseños beneficiaran económicamente a los trabajadores.
También resaltó que la gran lección de Jorge Wilmot durante su etapa productiva fue la de lograr la excelencia en un producto. A esas alturas Aceves daba por hecho que el artista homenajeado no llegaría y cedió la palabra a su colega Walther Boelsterly.
Para el director del MAP, Wilmot “es un provocador. Lo es consigo mismo, con el medio, con oficio y con el dinero. Creo que cuando saca todas sus piezas logra lo que pocos artistas y artesanos han hecho: de repente vemos una pieza suya y decimos. ‘Esto es de México’. Pero no es de México, ni es de Jorge Wilmot, pero ya trae un sello detrás”.
Según Boelsterly, es evidente que Wilmot “mamó un oficio”. Dice que conoció una técnica, llevó a cabo un diseño que estaba integrado con una flora y una fauna alrededor de lo que él estaba viviendo. Logró esta perfecta conjunción entre geografía, medio ambiente y biodiversidad; y la traducción de todos estos lenguajes es lo que hace todo artista o artesano, como él”.
Unos toquidos en la entrada interrumpieron la alocución de Boelsterly. Hubo un momento de silencio, el necesario para que personal del salón abriera la puerta. Y ahí estaba el octogenario Wilmot, en su silla de ruedas. Los asistentes lo recibieron con un aplauso prolongado. Y le pidieron que hablara.
–¿Sobre qué? –dijo el ceramista
–Sobre ti, sobre tu obra, sobre lo que estás leyendo, sobre México… –le dijo Boelsterly.
–Bueno, México ha sido y seguirá siendo por mucho tiempo, creo yo, un país muy complejo; con tantas facetas, que será difícil pescar sus esencias. Tiene demasiadas influencias dispersas. Esto ha sido para mí una sorpresa, y me gusta la idea… Ojalá y poco a poco se vaya distribuyendo. Eso es todo.
Luego vivieron las preguntas. Wilmot las contestó como pudo. Algunas las eludió, otras las respondió de manera confusa y, sin que viniera a cuento, comentó que la presencia de Elba Esther Gordillo en el país era una calamidad.
Arte moderno y antiguo
Los primeros acercamientos de Jorge Wilmot a la cerámica fueron empíricos. A los 20 años comenzó sus estudios de artes plásticas en la Academia de San Carlos. En 1953 viajó a Europa, donde se matriculó en el Instituto Franco-Italiano de París, donde tuvo como maestro al ceramista Geo Coluchi.
De ahí se desplazó a la Selva Negra, en Alemania, donde aprendió el manejo de la cerámica de alta temperatura con Richard Bampi. En 1954 cursó artes gráficas y diseño en la Escuela de Oficios de Basilea, Suiza.
De regreso en México, Wilmot descubrió unos jarritos policromados de Tonalá en el Museo de Artes e Industrias Populares. “Eran como las piezas que yo había visto en La Haya”, le comentó alguna vez a Gutierre Aceves. Eso lo motivó a trasladarse a Tonalá, donde lo recibió y hospedó Isabel Marín de Paalen.
Una vez instalado ahí, fundó la cooperativa Talleres Tonalá, que llegó a tener 100 trabajadores. Wilmot percibió el potencial de los artesanos locales, a quienes sólo les faltaba dirección e impulso creador.
Reacio a considerarse innovador o “artista”, Wilmot –amigo de Jorge Ibargüengoitia y de Manuel Felguérez– le confesó a Gutierre: “Yo me he desarrollado dentro de un contexto que no es individualista. Lo mío fue un trabajo de diseño y dirección, que si bien hice piezas no fue, como se dice ahora, buscando un lenguaje propio. Mi afán no era enfatizar mi personalidad, sino lo que ya existía en Tonalá, pero dirigido. Para mí eso es un problema en México, la falta de dirección y de diseño”.
En marzo pasado, Jorge Wilmot escribió: “De las artes (la cerámica es) una de las más antiguas y a su vez de las más modernas. Desde el cacharro más humilde hasta la altiva porcelana, la cerámica hermana la química, la geología y la magia transformadora del fuego y el vacío. Presente en las fiestas de la vida y las ceremonias de la muerte… de su esencia aún no revela todos sus secretos”.








