Barrio, la pifia como costumbre

México, D F(apro)- Hace unos días el secretario de la Contraloría, Francisco Barrio, parecía un hombre arrepentido de haber abierto la boca, cuando se refirió, en términos muy generales, a los jerarcas religiosos –no especificó religión– que habían intercedido ante él para beneficiar a algunos “pillines” y señaló que en su partido, Acción Nacional, también ha permeado la corrupción, porque algunos se quieren “servir con la cuchara grande”
Entonces Barrio participaba –el 14 de diciembre– en el primer foro nacional del Colegio de Servidores Públicos Panistas Y la reacción no se hizo esperar: jerarcas religiosos y ciertos medios de comunicación se le fueron a la yugular al contralor Unos días después, de visita en Saltillo, Coahuila, el “zar anticorrupción” le bajó el tono a sus comentarios, incluso, tuvo que agachar la cabeza al decir que no quería entrar en polémicas con la Iglesia católica –es un fiel feligrés–, que fue aun más visible ante un envalentonado obispo de Ecatepec, Onésimo Zepeda
Aunque es bien seguro que más de uno de los jerarcas que se pusieron el saco o los que defendieron al que se lo puso, se debieron haber mordido la lengua, porque es poco creíble que sean los santos que dicen ser
Ahora bien, con relación a la corrupción en las filas del PAN, quizá no le falte razón a Barrio y, muy seguramente, lo dice con información en la mano
En abono del funcionario, se debe aclarar que, contrario a los discursos, los panistas no son los tocados de Dios que dicen ser y ejemplos hay suficientes: los alcaldes del Estado de México, las cercanas ligas de altos funcionarios del anterior gobierno de Jalisco con el narcotráfico o algunos casos que rebasan los límites de la moral, como los diputados que sin rubor alguno exigen bonos extras de un millón de pesos
En el fondo, lo que llama la atención es que Barrio haya abierto este frente de conflicto de manera innecesaria, cuando en la Secodam se había dado la instrucción a su área de Comunicación Social para que los funcionarios no declararan, porque una declaración de la dependencia responsable de perseguir la corrupción podía complicar la aprobación del Presupuesto 2003 Y el primero en abrir la boca fue el mismo titular
Esa actitud no es nueva en Barrio, quien tiende a tirar la pedrada y luego negarse a aclarar, como sucedió en este caso: ¿Cuáles jerarcas protegen pillos? ¿Cuáles panistas son corruptos? ¿Cuál es el castigo específico a esos actos de corrupción, penalizados por una ley que el mismo Barrio está facultado para aplicar y cumplir?
Insisto, no es la única pifia de Barrio Apenas en el arranque de su administración estatal en Chihuahua, en diciembre de 1992, cuando los medios de comunicación daban una especie de tiempo de gracia en lo que tomaba las riendas, fue él quien tiró la primera piedra
La cosa empezó en Satevó, Chihuahua –su lugar de origen–, cuando declaró que “las redes de narcotraficantes son muy complejas” y que “en la sierra están coludidos con los narcos alcaldes, jefes policiacos, comisarios ejidales, personajes influyentes de la región y gente de la que sería difícil sospechar”
Los periódicos publicaron declaraciones de miembros de los partidos de oposición, quienes pidieron que precisara qué alcaldes y qué comisarios ejidales estaban coludidos con el narco, porque al emitir un pronunciamiento tan general, sembraba la sospecha contra todos los presidentes municipales, incluso aquellos que nada tenían que ver en ese negocio
Aún más, un legislador le preguntó al mandatario si ya se había procedido penalmente contra esos alcaldes corruptos, porque su vinculación con ese delito era criminal No hubo respuesta, y en corto su equipo mostró su inconformidad contra los medios y los opositores que los hostigaban
Días después, Barrio lanzó otra piedra Esta vez en contra de “líderes y periodistas”, a los cuales acusó de cobrar en la caja chica de Gobernación durante el gobierno del priista Fernando Baeza
El Diario de Juárez y el Diario de Chihuahua publicaron un editorial, el 10 de diciembre del 92, titulado “Barrio y la prensa: ligereza e intolerancia”
Entre otras cosas, el texto decía: “(…) no obstante la responsabilidad moral de aportar nombres, datos y pruebas de su dicho, amén a la obligación legal de proceder conforme a derecho En vez de ello, sin embargo, el gobernador ha preferido lanzar esa afirmación en términos abstractos, imprecisos y genéricos, ‘para no exacerbar los ánimos…’, dijo, ‘ni provocar un ambiente de conflicto ni de confrontación’”
Frente a la pretensión de Barrio de hacer aparecer a los medios de comunicación como agentes de una conjura contra su gobierno, el citado periódico señaló: “Así pues, en la óptica de esta deplorable inmadurez política, todo aquel que se atreva a pensar distinto es necesariamente un enemigo (…) dedicado a inventar problemas gratuitos para desestabilizar al bando de los buenos y los inefables”
Aunque el remate era contundente Decía: “Toca al Gobierno del estado demostrar la consistencia de sus acusaciones y rectificar este lamentable episodio de ligereza e irresponsabilidad (…) En aras de la impredecible transparencia que debe campear en las relaciones prensa–gobierno, es de exigirse que el titular del Ejecutivo estatal dé a conocer esa presunta lista de periodistas venales, y que actúe conforme su ineludible compromiso de cumplir y hacer cumplir la ley En todo caso sería ilícito que se conservara en el anonimato los nombres de unos cuantos corruptos, suponiendo que en verdad los haya, cuando lo que está del otro lado de la balanza es la persecución del delito supuestamente perpetrado en perjuicio de los dineros públicos”
A pesar del tiempo, las palabras cobran vigencia