* Centenario de Pablo Neruda
México D F, 21 de julio (apro)- El 11 de diciembre de 1945, en la Academia sueca, en Estocolmo, la poetisa Gabriela Mistral hablaba por vez primera ante la Fundación Nobel a nombre de América Latina
Se refirió a una cuestión no estrictamente literaria, a pesar de la solemnidad y el protocolo de su discurso de recepción del Nobel de Literatura Dijo la maestra rural, orgullosa:
“Como hija de la democracia chilena estoy profundamente conmovida de ver ante mí tan espléndida demostración de las tradiciones democráticas de Suecia, cuya originalidad consiste en rejuvenecer las más antiguas creaciones sociales en la aceptación del presente y la anticipación del futuro, que sostiene a Suecia y que son una honra para la Europa y significan un hermoso ejemplo para el Continente Americano”
El breve discurso de Gabriela no contiene otra referencia política; en cambio, los que sustentaron por los mismos días de 1967, 1971 y 1982 respectivamente otros escritores de lengua castellana laureados con el Nobel, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, el chileno Pablo Neruda y el colombiano Gabriel García Márquez, abundan en la reflexión de una América Latina acosada por la explotación y la injusticia, reflejadas en la novela y en la poesía sin que sus autores olvidaran el arte de la expresión más genuina
Asturias: homenaje a los indios
Un largo texto de siete cuartillas a renglón cerrado leyó el autor de Leyendas de Guatemala en 1967 El discurso resultó más bien una conferencia, que el escritor hubiera deseado diálogo, y que tituló “La novela latinoamericana, testimonio de una época”, publicado en el Diario de Centroamérica el 26 de diciembre de ese año
Luego del reconocimiento a la raza indígena, de su forma de contar las historias, de celebrar la característica de que “entre los americanos la historia tiene más de novela que de historia”, Asturias apuntó una singularidad de nuestras letras, que después Gabriel García Márquez habría de resaltar al inicio de su discurso en Suecia: el hecho de que La verdadera historia de los sucesos de la Conquista de la Nueva España, del capitán español, Bernal Díaz del Castillo, es la primera novela americana La historia como ficción y la ficción como historia, que hace preguntarse y contestarse a Asturias:
“¿Será atrevimiento llamar ‘novela’ a lo que aquel soldado llamó no historia sino ‘verdadera’ historia? ¡Cuántas veces las novelas son la verdadera historia!”
“Y es que nosotros, novelistas del hoy americano, dentro de la tradición constante de compromiso con nuestros pueblos, en que se han desarrollado nuestra gran literatura, nuestra sustentadora poesía, también tenemos tierras que reclamar para nuestros desposeídos, minas que exigir para nuestros explotados y reivindicaciones que hacer en favor de las masas humanas que perecen en los verbatales, que se queman en las plantaciones de banano, que se tornan bagazo humano en los ingenios azucareros, y por eso para mí, la auténtica novela es el reclamo de todas estas cosas, es el grito que viene del fondo de los siglos y que se reparte en miles de páginas Novela auténticamente nuestra que está en pie en sus páginas leales al espíritu, a los puños de nuestros obreros, al sudor de nuestros campesinos, al dolor por nuestros niños mal nutridos reclamando por que la sangre y la savia de nuestras vastas tierras corran otra vez hacia los mares para enriquecer nuestras metrópolis”
A los millones de americanos asolados por la miseria, Asturias dedicaba este párrafo:
“Nuestras novelas buscan movilizar en el mundo las fuerzas morales que han de servirnos para defender a esos hombres”
Neruda: la realidad y los sueños
Al día siguiente de que Pablo Neruda (a la sazón embajador de Chile en París) leyó su texto en la Academia Sueca, fue publicado en Excélsior
El Poeta de América lo dividió en dos: en la primera parte narró una extensa travesía llena de dificultades para huir de su patria hacia Argentina; en la segunda intentó explicar su oficio, si visión de la poesía:
“Pienso que la poesía –dijo en su discurso– es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza Y pienso con no menor fe que todo está sostenido –el hombre y su sombra, el hombre y su actitud, el hombre y su poesía– en una comunidad cada vez más extensa, en un ejercicio que integra para siempre en nosotros la realidad y los sueños, porque de tal manera la poesía los une y los confunde”
La sensibilidad social de Neruda lo hizo decir:
“De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los demás ignorados y explotados de sus contemporáneos, y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras”
Apareció entonces América Latina:
“¿Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar al mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea para entender que muchos escritores se nieguen a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos”
Como 22 años después lo haría Gabriel García Márquez, que tituló su discurso en Estocolmo “La soledad de América Latina”, Pablo Neruda habló de ella Dijo el poeta de “La canción desesperada”:
“De todo ello, amigos, surge una enseñanza que el poeta debe aprender de los demás hombres: no hay soledad inexpugnable Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los demás antiguos ritos de la conciencia; de la conciencia de ser hombres y creer en un destino común”
“Gabo” en Suecia
En diciembre de 1982, Gabriel García Márquez hizo referencia al poeta Pablo Neruda, citando sin nombrar lo sucedido en Chile con el golpe pinochetista y dijo, ante la Academia de Suecia:
“La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia El general Antonio López de Santa Anna, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles El general Gabriel García Morena gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota Teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir la epidemia de la escarlatina El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en Londres en un depósito de esculturas usadas
“Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda No hemos tenido desde entonces un instante de sosiego Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos y sospechosos y nunca esclarecidos cegaron la vida de otro corazón generoso y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de Estado y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo
“Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir los dos años, que son más de cuantos han nacido en la Europa Occidental desde 1970 Los desaparecidos por motivos de represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala Numerosas mujeres arrestadas, encintas, dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignoran el paradero y la identidad de sus hijos que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de cien mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central: Nicaragua, El Salvador y Guatemala Si esto fuera en Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años
“De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el diez por ciento de su población El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada veinte minutos El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega
“Me atrevo a pensar que es esta una realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un material de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra señalada por la suerte Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”








