BUZÓN DE APÓCRIFOS: Clientelismo

México, D F, 28 de junio (apro)- ¡P’a su mecha, queridos congéneres, qué problema es el socorrer a los pobres!
Vean si no En el mundo que vivimos, según estadísticas de prestigiadas instituciones, que van de la Organización de Naciones Unidas a las que son gerentes y administradores del capital, que hoy rige a la Gran Aldea en que se ha convertido el mundo, como son el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y sus subsidiarias regionales, los ricos, que son los menos, son cada vez más ricos y los más, los pobres, son cada vez más pobres
Esta realidad ha llevado a avisados observadores de lo social a advertir que tal situación está desprestigiando a la democracia, ya establecida firmemente en los barrios residenciales y que tan penosamente va penetrando en los periféricos de la Gran Aldea Es más, dicen que de persistir esta condición y más si se agrava, corre el peligro de que se desestabilice el régimen de aldeana democracia que actualmente disfrutamos Pregunta malintencionada, lo confieso: ¿Quién la disfruta?
Mas pasemos a otra cosa
Ante la dramática urgencia de ayuda que demandan los pobres para aliviar sus carencias, pienso que es una fregadera que, en muchos ámbitos, los intentos por administrársela sean vistos y descalificados despectivamente con los términos de populismo y clientelismo Sería de risa loca, si no fuese trágico y para llorar, el ver que si esa decisión de ayuda viene de parte de algún partido o de un político en particular, con cargo al presupuesto nacional, no falten y más bien sobren voces que los tachen, en el mejor de los casos, de nostálgicos del inoperante y ya fenecido “Estado de bienestar”, de atrasados soñadores de utopías y en el peor, de emboscados comunistas que, con el clientelismo, intentan resucitar al monstruoso “frankenstein” de su ideología Admirable, sí, su sesuda erudición cuando, para demostrar que los individuos a los que se ayuda, generalmente, se vuelven dependientes, comodinos, atenidos e irresponsables y proclives a bailar, como el perro del refrán, al son que toca el que administra la ayuda, ponen de ejemplo el clientelismo de la vieja Roma, en la que un jefe de aventureros, Rómulo, su fundador, se hizo de un pueblo dispensando favores, según dicen, a diestra y siniestra a vagabundos y ladrones; cuando señalan que, más tarde, la clientela de patricios y plebeyos enriquecidos, jugó importante papel, por intereses, en las luchas políticas y sociales de la gloriosa urbe; admirable sí, su sesuda erudición al señalar que las capas inferiores de la ciudad, sobre todo en el imperio, por vivir de las dádivas –convites gratuitos, circo, reparto de dinero y pan— que les administraban el Estado y algunos ricos, perdieron por completo la afición al trabajo, se hicieron holgazanas y la Asamblea Popular, que estaba compuesta por esa misma masa desmoralizada, se dejaba sobornar fácilmente ¡Bien!
Pero esa no es toda la verdad, pues no hay que olvidar que los honorables y privilegiados senadores, por intereses personales o de grupo, igualmente fueron vulnerables al soborno Pero esa es otra historia… que también se repite, ¿O no?
Más no es eso lo que me interesa ahora Lo que me deja perplejo es que los enemigos del gasto social a cuenta del erario, todos ellos acérrimos partidarios de que el Estado intervenga lo menos posible en la economía, entusiastas adeptos del libre mercado y ferviente seguidores de la privatización de todo, piensen y sostengan que la solución de las dramáticas carencias que sufren los pobres está en el altruismo administrado por la iniciativa privada, argumentando que la misma reencuentra a salvo de la inevitable corrupción que se da en la administrada oficialmente ¡por contar con los preservativos que se llaman libre competencia y ley de la oferta y la demanda!
¿Es chiste o qué? ¿Qué la libre competencia y la ley de la oferta y la demanda son condones, digo, preservativos? ¿Y qué pasa con las estadísticas que mencioné al principio de la presente?, pregunto nada más
Hablando en serio Considero que toda ayuda que se administre a los pobres, si no sirve para que dejen de serlo de una buena vez, valdrá tanto como la “sopa boba” de los conventos del medioevo, que los dejaba igual
Y ojo con ello, recuerden lo que han dicho al respecto los avisados observadores de lo social
Por todo lo expuesto y como malicioso que soy, considero que en muchos casos la asistencia que se da a los pobres, mucho obedece al propósito de que no se desmande la caballada, como vulgarmente dicen, y sospecho que la que se ejerce con exhibicionismo, mucho tiene que ver con la intención de hacer clientela
Sí, ya sé que todo es cuestión de cómo se vean las cosas
Yo así las veo, ¿y ustedes?
Con respeto y consideración
JUAN MALMIRA