San Salvador (apro) – Año 1981, tiempo convulso en El Salvador Una guerra de guerrillas, que se había localizado hasta entonces en las ciudades a través de comandos urbanos, se comienza a trasladar a las áreas semi-rurales y rurales La respuesta de la dictadura militar también cambia, de las represiones violentas de manifestaciones populares pasó a las masacres de las aldeas campesinas Fue la llamada “tierra arrasada” La guerra civil se generalizó
Las invasiones militares contrainsurgentes en las zonas montañosas tenían el propósito de quitarle “el agua al pez”, que en el argot militar quiere decir, restarle a la guerrilla el apoyo de la población Masacres como las del río Sumpul o la de El Mozote, en las que fueron asesinados centenares de campesinos, sin importar sexos ni edades, respondían a las tácticas contrainsurgentes
Al mismo tiempo se ejecutaron otro tipo de acciones, como la desaparición de menores de edad, especialmente durante operativos contrainsurgentes Jon Cortina, sacerdote jesuita de origen español y radicado en El Salvador, fundó una organización humanitaria en 1994 denominada Pro-búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos Cortina afirma que dichas tácticas eran deliberadas con el objetivo de infligir terror en la población
Al cabo de 12 años de haber finalizado el conflicto bélico a través de una negociación política (Enero de 1992), en El Salvador se comienzan a sanar heridas muy profundas heredadas de la guerra Pro-búsqueda es parte de ese proceso
Desde su fundación en 1994 Pro-búsqueda ha registrado 712 solicitudes para localizar menores de edad que desaparecieron durante el periodo de la guerra Muchos de esos niños perdidos fueron arrebatados por soldados a sus madres o familiares antes de ser masacrados Los infantes se convertían en una especie de “trofeos” de las campañas
Otros casos era el robo de infantes de los refugios de damnificados por la guerra; existen testimonios de menores que eran entregados a orfanatos y de los cuales se daban en adopciones, en muchas ocasiones de forma fraudulenta De hecho, Pro-búsqueda inició hace unos dos años una batalla legal para abrir los archivos de la Fuerza Armada y de la Cruz Roja Salvadoreña, con el fin de averiguar muchos de estos casos
Del total de casos solicitados para su búsqueda, 274 han sido resueltos: 38 menores se ha comprobado que fallecieron por múltiples causas; en 157 se han producido reencuentros entre el “desaparecido” y su familia biológica; en 78 casos, aunque están resueltos, no se han producido reencuentros familiares
No obstante, 438 menores, es decir, el 62 por ciento de los casos registrados, no han sido resueltos “No se sabe dónde se encuentran y se siguen buscando”, dice el jesuita Cortina
Banco genético
Pro-Búsqueda también busca implementar los avances más recientes de las ciencias y de la medicina legal para ponerlos al servicio del encuentro de los menores aún perdidos
En este mes de mayo se ha logrado concretar un proyecto de Banco Genético, el que archivará los ADN de los familiares que buscan a sus parientes, y los cuales se confrontarán cuando se crea que ha “aparecido” un individuo
Pro-Búsqueda comenzó a realizar pruebas genéticas de ADN, a través de exámenes de sangre, con la colaboración de un grupo de médicos de Boston, denominados “Médicos por los Derechos Humanos” Las pruebas se realizaban en la Universidad de Washington, en Seattle Sin embargo, en la actualidad este empeño se ha extendido –explica Azucena Mejía, directora de Pro-Búsqueda– al Centro para los derechos humanos de la Universidad de California, en Berkeley y al Laboratorio del Departamento de Justicia del estado de California, en Richmond
“Doce activistas o investigadores de Pro-Búsqueda fuimos capacitados para recoger el ADN de los familiares de personas que buscan a sus parientes Es un proceso sencillo a través de muestras de saliva Se busca recoger ésta de los parientes más cercanos, como madre, padre y hermanos Si éstos no están vivos, entonces se buscan a los abuelos y tíos”, explicó a Apro la abogada Mercedes de Quintanilla
“Tenemos programados trabajos de campo, en Chalatenango, por ejemplo, donde fue un escenario importante de la guerra Las muestras se guardan y se envían (los del núcleo familiar de cada caso) por DHL a Estados Unidos Nosotros registramos en nuestras computadoras los datos de los familiares, así como sus fotografías De Estados Unidos nos envían por internet los resultados del ADN y así se conforma el Banco Genético”, agregó Quintanilla
Recobrar la identidad
Mercedes de Quintanilla se puso nerviosa cuando se le consultó quién era el más reciente familiar que habían localizado “Es un caso dramático y difícil No puedo darle el nombre del joven localizado, pero puedo ilustrarlo”, dijo
“Se trata de un niño que se perdió cuando tenía 2 años de edad El residía en una zona conflictiva en el norte de El Salvador El ejército llegó, en 1981, en un operativo en el que murió su padre y tres de sus tíos Los abuelos paternos y este mismo niño fueron llevados a un refugio en San Salvador Luego, los abuelos fueron intimidados por un hombre que tenía poder y les quitó al niño Nunca más lo volvieron a ver”, narró Mercedes
“Pero en 2001 una tía sobreviviente de la masacre, que actualmente reside en Estados Unidos, viajó a El Salvador y se entrevistó con Pro-búsqueda para solicitar que se buscara a su sobrino De la madre del joven sólo se sabía que lo había dejado en aquel entonces al cuidado de sus suegros; ella había emigrado en busca de trabajo”, continuó la explicación de Quintanilla, quien abrió el nuevo expediente
“Un día llegó a la oficina de Pro-búsqueda, un joven de unos 25 años de edad Era muy tímido Yo lo atendí y me contó que su padre le había confesado que no era su padre biológico, había sido en un acto violento, en ataque de furia del señor Este la había dicho desde hace tiempo que su madre había muerto, e incluso lo llevaba a un cementerio y le enseñó una tumba en la que estaría sepultada su madre”, añadió
El joven sabía del trabajo que había tenido su “padre” en los refugios de desplazados por la guerra y dio todos los datos que conocía, y llevó una fotografía que conservaba de cuando era pequeño
“La tía localizó a la madre biológica del joven y la llevó a Pro-Búsqueda Es una señora muy pobre y, además, creía que su hijo había muerto junto a su esposo en aquel operativo contrainsurgente El caso que se les tomaron (por separado) las muestras de sangre, los presuntos madre e hijo, se hicieron las pruebas de ADN, se confrontaron y dieron positivos en un 99 por ciento El caso fue resuelto Habrá un reencuentro sin publicidad, sin la presencia de la prensa El joven no quiere problemas con su padre adoptivo”, finalizó Quintanilla
Julieta González es la jefa de tratamientos sicológicos de Pro-búsqueda Durante la guerra, desde la Universidad Centroamericana (UCA), administrada por sacerdotes jesuitas, trabajó con comunidades desplazadas por el conflicto Luego, ha dado terapias a desmovilizados y a lisiados de guerra
“De casos de niños desaparecidos he atendido a unos 30 La generalidad de ellos tiene problemas con su identidad Hay que recordar que la mayor parte de sus vidas han sido unas personas con un nombre, con una familia, etcétera, pero de pronto se dan cuenta que en realidad son otros Eso les crea un conflicto grande, algunos son agresivos y tienen tendencias al suicidio”, explica la sicóloga
Con los padres biológicos y los adoptivos también se trabaja Los adoptivos creen por lo general que van a perder a su hijo y los biológicos en ocasiones se crean muchas expectativas:
La sicóloga González argumentó: “Los reencuentros de los niños desaparecidos con sus familiares biológicos, se convierten en ese bálsamo que les cura la herida, la cicatriza Quizás no desaparece esa huella, pero se cura El reencuentro es la sanación Lo he comprobado en los casos que he atendido Los ahora jóvenes se vuelven más responsables y tranquilos y recuperan su identidad, su vida, su verdadera vida”








