Poder real

Cuando a fines de enero último se anunció el matrimonio de María Asunción Aramburuzabala y Tony Garza, muchos miembros de sus respectivas élites alzaron la ceja No daban crédito al enlace de la multimillonaria mexicana y el embajador estadunidense, profesionista de orígenes modestos y que, hasta hoy, ha vivido de su salario, expone Proceso en su edición de este domingo 20 de febrero
El estupor se explica por varias razones, entre ellas, la celeridad con la que se consuma un romance que comenzó hace apenas cuatro meses, aunque la pareja se conoció hace dos años y, sobre todo, por la enorme disparidad de las fortunas, los intereses y las personalidades de ambos: él, con fama de sensible, discreto, aficionado al arte; ella, una ejecutiva implacable, protagónica, parrandera
Pero la boda, que se celebrará en abril en Ixtapa, Guerrero, no sólo asombra, sino que despierta una serie de dudas que nada tienen que ver con el enamoramiento que ostenta la pareja La unión es vista como un matrimonio de conveniencia… para ambos
Lo más obvio es que los intereses económicos de ella y los políticos de él convergen, por lo pronto, en Texas El horizonte económico se ensancha para ambos, dice el reportaje que publica Proceso en su edición de este domingo 20 de febrero